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Alabemos a la vaca sagrada

Escribe: Carlos Paladino.


Escribe: Carlos Paladino

En cuanto al concepto de fertilidad y fecundidad reverenciada por los hindúes a la «vaca sagrada»; diríamos que es similar al que le profesan los argentinos. O, mejor, al que le profesan los gobernantes argentinos. La ciudadanía se puede arreglar sin carne; pero, los mandamás, no. La vaca argentina pone en evidencia; por un lado, que de su fecundidad depende; y por el otro, el estancamiento y retroceso que la Argentina manifiesta en materia económica-productiva. esto, más allá del repliegue institucional, a ojos visto.

En términos de tiempo; los años, las décadas pasadas se convirtieron en futuro, estado que no se expresa en cuestiones de adelanto y progreso. Basta regresar la mirada y podremos constatar aproximaciones a nuestra ponencia. Por lo visto, el péndulo de la prosperidad sigue radicando en la vaca. En aquellas primeras vacas dejadas en la pampa por el Adelantado don Pedro de Mendoza. De ahí en adelante, la vaca ha sido inspiración de peleas, de conflictos, de poder económico, de sobornos externos e internos, de procesos industriales y, abarca hasta la poética épica culta.

La época colonial y el virreinato estuvieron marcadas por el resplandor de la vaca como fuente de ingresos del monopolio español. Por el puerto de Buenos Aires, salieron en cantidad asombrosa, los cueros de las vacas y otros animales. Política económica que será principalísima hasta finales del siglo XVIII (se puede hablar largo y tendido sobre el tema). Las invasiones inglesas buscaban – entre otras – la apertura a la libertad de comercio, sabiendo de los beneficios derivados de la vaca argentina. La enfiteusis de Rivadavia, se llenó de vacunos cuyos cueros abarrotaron el puerto para irse lejos a ser industrializados. De a poco, aparecieron los saladeros, en manos de las familias más acomodadas, que se sumaron a la exportación de los cueros.

Las políticas llevada a cabo por el avance de la civilización contra la barbarie, puso en función el «negocio pacífico con los indios» operatoria que consistía en acuerdos para que los indios dejaran de maloquear y de robar las haciendas de las estancias, a cambio de regalos, vituallas y demás, provistos por el gobierno. El gobernador Juan Manuel de Rosas fue un maestro en la materia. La venta de charque y/o tasajo, resultaron ser un negocio redituable mientras duró la Guerra de Secesión de los Estados Unidos y, también, para alimentar a los esclavos transportados en los barcos y luego vendidos. El negocio saladeril fue un rubro fundamental para ingresar recursos genuinos al país durante casi todo el siglo. Más tarde surgieron los frigoríficos que comercializaron la exportación de carnes a su satisfacción. Una consecuencia de esas políticas viciosas que beneficiaba a los exportadores; recordamos, por ejemplo, la muerte de Enzo Bordabehere en el Senado de la Nación.

Ya a cargo de la presidencia Juan D. Perón, la vaca asumirá una relevancia sustancial para la economía nacional, con agregados ideológicos acordes a las particularidades de la doctrina social del General. El gremio de la carne, de real importancia entre las agremiaciones sindicales, fue de los primeros en adherir al discurso del movimiento de masas de Perón. La carne como herramienta económica y política no sería desaprovechada. Durante su primer gobierno, representaciones del campo, como la CAP, debieron transigir su conducción a las pretensiones del gobierno. Y, desde ese momento y, salvo algunas intermitencias, la vaca ya no pertenece únicamente al dueño que la cría, la engorda y la vende; sino que, todo ese proceso está condicionado a su asociado: el gobierno. La vaca, – ante el estancamiento económico que padece el país -, es sagrada como medio rápido y constante de ingresos al país. Es imposible desligar del gobierno, el sentido ideológico, que señala una animadversión inclaudicable a los sectores del campo. A los oligarcas del campo.

La política emprendida por el gobierno kirchnerista concerniente a la producción agropecuaria ha dejado resultados irreparables. Los hizo trascender la secretaría a cargo del señor Guillermo Moreno, que a su vez influía en los registros y conclusiones del INDEC. Se lo recuerda intimidando (una manera de decirlo) desde el Mercado de Liniers, interfiriendo directamente, en la comercialización del producto. Según datos recogidos el saldo fue la pérdida de 12 millones de cabezas de ganado, las cuales no han sido recuperadas en su totalidad. Los países vecinos aprovecharon la oportunidad para concretar operaciones exportadoras muy lucrativas. Los tercos insisten en instalar políticas agresivas a la carne, el trigo y demás salidos de la tierra.. Para congraciarse con los pobres, pensaron que se merecían comprar un pan dulce, una sidra y hacer un churrasco a fin de año del año pasado.

Para eso comenzaron. desde la Secretaría respectiva, una lucha denodada por lograr cortes especiales de carne a un precio reducido. Confunden tanto la situación, que ven en un pedazo de carne, el consuelo a las miserias cotidianas. A un jubilado le da lo mismo encontrar un poquito de rebaja en la carnicería; igual no le alcanza para sobrevivir. No deja de ser otra muestra de la psicosis que les despierta la vaca de los estancieros. Días atrás iniciaron otra patriada para controlar el consumo de la carne. Exportar es dañino para el país. Saben de antemano, que las medidas no le sirven a nadie; pero, no se trata de una cuestión de divisas; en un momento como el que atraviesa el gobierno, es bueno recordarles a los dueños de las vacas, que hacen lo que quieren con la carne de sus vacas. Tauras con plata ajena, en el vocabulario lunfardo. Empero, algo de cierto tienen los gobernantes; no hay muchos rubros de donde sacar guita. Hay que estrujar donde queda jugo. Nuestros emprendedores encuentran escollos por todos lados a la hora de intentar desarrollarse. El gobierno no dispone de créditos para desarrollar los sectores productivos, invierte en los sueldos políticos, en la burocracia numerosa, ociosa e indolente; en preservar activos los cuadros que responden a la señora de Kirchner; en cuanta cosa improductiva sirva para sostenerla airosa en el centro del poder. Todo eso junto, es carísimo.
No obstante, reincidir en esa política, más que buscar réditos, es una obsesión por repetir axiomas ideológicos de un peronismo antiguo, con el que ni el General Perón estaría coincidiendo. Sobre la razón, predomina una idea insurrecta, una manera sediciosa de conducción que, con con pesar decimos, ya la experimentamos. Resultó pavorosa. Mientras no se deje de malgastar en esos servilismo, en las erogaciones políticas inútiles que tienen por meta el favoritismo eterno de los mandantes; la vaca seguirá siendo sacralizada.

Había una esperanza, remota, pero esperanza, al fin, en liberar la economía, Se asentaba en el presidente Alberto Fernández, de quien decían sus amigos, no estaba en la sintonía de la señora Cristina. Hemos escuchado del presidente, discursos alentando a la gente del campo a exportar, reconociendo en sus quehaceres una de las escasas fuentes de recursos de que disponen las arcas nacionales. Alberto Fernández, en cambio, se dejó arrastrar a la trampa kirchnerista, a tal extremo, que hoy responde a Cristina, Máximo y Kicillof. El presidente argentino volvió de la gira emprendida por razones de la deuda externa que, por la resonancia que escuchamos, no tuvo el éxito y la satisfacción esperada. Ni bien volvió al país, debió asumir una postura de enfrentamiento contra el sector ganadero que, seguramente, no lo hizo feliz. Íntimamente, creemos que tomó una decisión encomendada por terceros que no integran el círculo de amigos que lo rodea.. Puso de por medio su investidura a riesgo de lesionar su prestigio. Lo debimos advertir, El Alberto que en el 2015 decía; «Yo no tengo nada que ver con Cristina Kirchner, no coincidimos en nada, pero nada»; en el año 2019, terminó expresando «Cristina Kirchner y yo somos lo mismo» Pobre de nosotros.
Si a los gobiernos argentinos les sacan las vacas «no saben pa’ donde rumbiar» Sigamos, entonces, bendiciendo a las vacas, como los hindúes.

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