Cuando la mentira es la verdad
Escribe: Carlos Verucchi
Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

“Algunas noticias falsas duran para siempre”, afirma Yuval Noah Harari en su ensayo “21 lecciones para el siglo XXI”. El grupo de rock “Divididos” lo había dicho antes y de manera más poética y contundente en la letra de una de sus canciones.
Después del éxito de Harari con su obra prima “De animales a dioses”, (éxito en términos de ventas y críticas favorables), publicó hace unos pocos años un nuevo ensayo que recopila artículos aparecidos originalmente en otros medios.
La obra se divide en varias secciones en las que se abordan los desafíos más importantes que, de acuerdo con la mirada del autor, debe afrontar la humanidad en este siglo. ¿Cómo manejar el avance tecnológico para que redunde en un mayor bienestar general?, ¿qué hacer con los movimientos nacionalistas, con religiones beligerantes, con el totalitarismo que aún persiste?, son apenas algunos de los interrogantes que el autor se plantea.
Algunas de las provocaciones más interesantes del ensayo proponen revisar conceptos que de tan arraigados nadie pone en duda: ¿está la justicia con la que nos manejamos los humanos realmente a la altura de estos tiempos que corres? “El mandamiento de no robar…” ―afirma Harari― “…se formuló en los días en que robar significaba tomar físicamente con nuestra propia mano algo que no nos pertenecía. Pero hoy en día, los argumentos en verdad importantes acerca del robo se refieren a situaciones de todo punto diferentes. Supongamos que invierto 10.000 dólares en acciones de una gran empresa petroquímica, que me proporciona unos intereses anuales del 5 por ciento. La empresa obtiene muchos beneficios porque no paga por las externalidades. Vierte residuos tóxicos en un río cercano sin preocuparse por el daño que causa al sistema de abastecimiento de agua, a la salud pública o a la fauna local. Emplea sus riquezas para contratar a una legión de abogados que la protegen contra cualquier demanda. También mantiene a grupos de presión que bloquean todo intento de promulgar normativas ambientales más estrictas”. En este caso, ¿podemos acusar a la empresa de “robar un río”? Lejos de pretender agotar el tema, el autor se limita a correr el foco del análisis y obligar al lector a revisar su postura en temas de esta índole.
Otra tesis interesante postula que los habitantes actuales del planeta poseemos un nivel de ignorancia mucho más importante que el que creemos: “…la mayoría de las decisiones humanas se basan en reacciones emocionales y atajos heurísticos más que en análisis racionales”, afirma. El problema es que los mecanismos con los se modelaron esas habilidades heurísticas se adaptaban con facilidad a la edad de piedra, pero resultan por lo tanto completamente inadecuados para el mundo de hoy.
Pero es todavía más audaz el autor cuando propone que, contra el convencimiento generalizado, los humanos tenemos un cerebro desarrollado para la acción tribal, para la vida en comunidad, para perseguir el desarrollo a través de acciones colectivas. Por el contrario, entonces, los modernos postulados sobre la condición natural que supuestamente tendríamos para el desarrollo de la individualidad y para la vida en sociedades cada vez más liberales en términos políticos quedarían relegados.
Pero el punto de mayor interés tal vez sea el dedicado a estudiar ese fenómeno tan remanido en la actualidad: la posverdad. No hay nada nuevo bajo el sol, parece decirnos el autor, y esa tan novedosa manipulación de las personas para inducirnos a pensar de una manera determinada, no es sino la nueva versión de una práctica milenaria. Toda la mitología antigua, las religiones, pasando por la publicidad de la Coca Cola o el aparato propagandístico del nazismo no solo sino manifestaciones (incluso mejor elaboradas y más efectivas) de esta posverdad que algunos adjudican al surgimiento de plataformas como Facebook.
“21 lecciones para el siglo XXI” puede pecar de ambicioso en virtud de la variedad de temas que propone, jactancioso en su pretensión de aleccionador, a pesar de eso igualmente resulta muy recomendable su lectura.
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