Delincuencia + drogas + ausencia del estado= muerte

© UNICEF/Giacomo Pirozzi
 
El uso de drogas fuertes por los adolescentes es un grave problema de salud mundial.
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En estos últimos días fuimos testigos, una vez más, de cómo la ausencia del estado abordando la problemática del consumo de sustancias termina en un asesinato de una nena de 11 años.
Para empezar, tenemos que tener en cuenta el daño que provoca el consumo de paco en el cerebro de un adolescente:


El crecimiento del consumo de “paco” es cada vez mayor desde su aparición y afecta principalmente a los adolescentes. Esta droga genera numerosos daños físicos, psicológicos y amplifica la vulnerabilidad social en los adictos crónicos. Los consumidores pertenecen a un grupo poblacional que carece de los servicios de atención primaria y a familias disfuncionales. Se encuentran mayormente en situación de calle, desocupados o con empleos precarios, y presentan un bajo nivel de escolaridad. Mediante el consumo de “paco”, los adictos profundizan su situación de exclusión social debido a los efectos producidos por la droga. A su vez, los tratamientos de la adicción al “paco” requieren un seguimiento y acompañamiento integral de los consumidores para resolver problemáticas como la obtención de vivienda, trabajo y
asesoramiento legal. Para poder enfrentar a este grave flagelo resultan fundamentales la tarea de grupos multidisciplinarios y una política de estado activa, eficiente y accesible a todos los usuarios.


En cuanto a los daños que produce el consumo de PBC/Paco, existen efectos físico corporales (delgadez extrema y rápida, problemas de vista, heridas en los labios producidas por la pipa), orgánicos (problemas pulmonares como dificultad para respirar y daños neurológicos), psicológicos (pérdida de proyectos y de sentidos, desmotivación, despersonalización, miedo, paranoia) y sociales (pérdida de redes sociales familiares, escolares, laborales, etc.). El Paco y los inhalantes son las drogas que se consumen a más temprana edad entre los adolescentes escolarizados; resultando la media de edad de inicio en los 12 años para ambas sustancias. El promedio de edad de inicio en el consumo de otras drogas se verifica mucho más tardíamente (marihuana, cocaína y éxtasis, 14 años).


“Consumo Paco y me pongo re-loco, no pienso en nada y no tengo más miedo” (niño de 12 años)” Delincuencia + drogas + ausencia del estado= muerte
Cabe destacar también que muchos de estos niños crecen en ambientes donde se ejercen todas las formas de maltrato infantil: sexual, físico (“Me peleo con mi mamá porque mi padrastro le pega…, quiere que yo vaya a vivir a la casa, pero yo no me lo banco”; “Mi mamá me pega a mí y a mis hermanas porque se emborracha. No la extraño. Cuando sueño con ella, sueño que la mato”) y psicológico (“No se llevan bien conmigo, discuten porque no quieren que esté ahí con ellos”; “Hace como 4 años que me fui, a
veces vuelvo a casa para ver a mis hermanos… no hay buen clima cuando voy, no les gusta…”).


La delincuencia surge en el adicto como la manera rápida de procurarse el consumo, cuando el adicto se queda sin consumo comienza la abstinencia y el craving (deseo o necesidad imperiosa de seguir consumiendo). En el circuito de comercialización de drogas, la manera rápida del adicto de procurarse consumo es cambiar el celular por droga. Normalmente entregan su propio celular a cambio de consumo, luego ante la ausencia del mismo, delinquiendo, consiguen más celulares para cambiarlos por más dosis.
Esta problemática debe ser abordada desde diferentes ángulos, nada se soluciona bajando la edad de imputabilidad si no se encara este flagelo con una estrategia basada en la prevención y asistencia.
El Estado debe procurar los medios necesarios para prevenir el consumo problemático de sustancias, como así también la asistencia a aquellos que se encuentran en consumo.


La cárcel, o los institutos de menores no cuentan con un sistema de rehabilitación y reinserción social. Con esto no estoy diciendo que aquella persona que delinque no deba ser privado de su libertad, lo que estoy diciendo es que no es suficiente.


Hasta que no se implementen políticas integrales que abarquen la lucha contra el narcotráfico, la prevención y asistencia de las víctimas del mismo, seguiremos sufriendo este flagelo.


Guillermo Fernández
Operador Socio Terapéutico especializado en adicciones

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