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Corpus Christi: gesto supremo de amor

Escribe: Angélica  Diez, Misionera  de la  Inmaculada  Padre  Kolbe, Olavarría.


La fiesta del Corpus Christi, la Última Cena fue, el último encuentro de Jesús con sus discípulos. (Marcos 14,22-26).      “Hagan esto en memoria mía” (Lucas 22, 9); dirige estas palabras a toda la Iglesia instituyendo el sacerdocio, depositando en los apóstoles y sus sucesores la acción de transformar el pan en su cuerpo y el vino en su sangre, acción con la que Él se manifiesta como Sacerdote y Víctima a la vez. Esta acción –   cada  misa -tendrá que realizarse en su memoria, no como un recuerdo de aquella noche lejana, sino como un memorial. Cada vez que se celebre la Eucaristía,en todo tiempo y rincón del  mundo, la obra realizada por Cristo, allí, de modo incruento, se hará presente el sacrificio cruento del Calvario y estará presente Cristo mismo, Redentor del mundo. Él hace aquello por lo que siempre oró: dar su vida a fin de que sus amigos pudiesen vivir. Este es el sentido profundo de la Eucaristía: aprender de Jesús a distribuirse, a darse, sin miedo de las fuerzas que amenazan la vida. Aprender a celebrar la memoria de Jesús que da su vida por nosotros, a fin de que nos sea posible vivir en Dios y tener acceso al Padre.

            Cuando participamos   de  la  misa;  cuando comulgamos, Él nos revela todo su amor en su presencia misteriosa en la Eucaristía, nos une a Él y a su Iglesia, une a los cristianos entre sí, alimenta nuestra alma, aumenta en nosotros la vida de la gracia y la amistad con Dios, perdona los pecados veniales, nos fortalece para resistir la tentación y no cometer pecado mortal. Necesitamos la fuerza divina de Jesús. Esto solo será posible con la Eucaristía. Así como nuestro cuerpo necesita comer para vivir, nuestra alma necesita comulgar para estar en  gracia: «El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”. (Juan 6:56-71).

            Esa  Presencia real  de  Jesús  está  en  el  Sagrario y  espera  nuestra  visita: Señor Jesús: nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la Última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra fe”. (San  Juan  Pablo II).

“Señor; tenemos necesidad de Vos ¡y mucha! ¡Ven a poblar nuestra soledad con tu Presencia para que los otros sean algo nuestro y nosotros de ellos porque Tú nos unes y te quedas! ¡Ven al vacío de nuestra obscuridad y que tu luz al invadirnos nos colme de alegría y tengamos deseos de estrecharnos!”. (Angélica Diez)¡Quédate  con  nosotros  Jesús Sacramentado  y enciende  nuestros  corazones  para  estar con  Vos!
            (*)  Angélica  Diez, Misionera  de la  Inmaculada  Padre  Kolbe, Olavarría.

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