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Cristo Rey

(*) Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

Con la Solemnidad de Cristo Rey, la Iglesia Católica concluye el Año Litúrgico, fue instituida por el Papa Pío XI en 1925. Celebramos a Cristo, Rey bondadoso y sencillo, que como pastor guía a la Iglesia peregrina hacia su destino final: el Reino de Dios. Él nos convoca a instaurar este, su Reino en la tierra, haciendo que el mundo se vaya transformando según el Plan divino de amor: “Cristo Rey “no viene para dominar, sino para servir”. Cristo “no llega con los signos de poder, sino con el poder de los signos”.
No se ha revestido de insignias valiosas, sino que está desnudo en la cruz. Y es precisamente en la inscripción puesta en la cruz que Jesús es definido como ‘rey’. ¡Su realeza está realmente más allá de los parámetros humanos! Podríamos decir que no es rey como los otros, sino que es Rey para los otros”. (Papa Francisco).


Celebrar la fiesta de Cristo Rey implica un compromiso: trabajar con todo empeño para que la voluntad de Dios se manifieste en todas las cosas. Dejar que Él reine en primer lugar en nuestra inteligencia, por el conocimiento de sus enseñanzas y la recepción amorosa de esas verdades reveladas; en nuestra voluntad, por la obediencia e identificación cada vez más plena con la voluntad divina y, sobre todo que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se anteponga al amor de Dios; y en nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo; en nuestro trabajo, en nuestro camino de santidad en el diario vivir y así, poder
colaborar con la extensión del reinado de Jesús haciendo más humano y más cristiano el pequeño mundo que nos rodea.


Cuando rezamos el Padrenuestro, decimos “venga a nosotros tú Reino”: es el clamor por la más efinitiva de las realidades cristianas. E inmediatamente, proclamamos la manera para ayudar a que el Reino venga: “hágase tu voluntad…” El Reino es la voluntad de Dios que debe ordenar todas las cosas, penetrándolo todo (como el fermento en la masa). Y la voluntad de Dios se llama Amor Misericordioso. Este es el Reino de Cristo: a él estamos llamados a participar, y nuestra misión es extenderlo a nuestro alrededor con un apostolado fecundo. Cristo ya es el Rey de todo el universo. Pero este reino será absolutamente pleno y definitivo tras el juicio universal. Ese día, en que el Hijo del hombre vendrá lleno de poder y de gloria sobre las nubes del cielo, será el día de los cielos nuevos y de la tierra nueva; día del triunfo definitivo sobre el demonio, el pecado, el dolor y la muerte. Esta fiesta de hoy es como un adelanto y un impulso ante la segunda venida de Cristo en poder y majestad: la venida gloriosa que llenará los corazones, y secará para siempre toda lágrima de infelicidad. ¡Ven, Señor Jesús!

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