Patria potestad y fútbol formativo: el caso del juvenil de River que emigraría a Italia sin dejar resarcimiento


La posible salida de Lucas Scarlato, juvenil de River Plate categoría 2009, reabre un debate recurrente en el fútbol argentino: los límites legales de los clubes formadores frente a la patria potestad y la ausencia de contratos profesionales en jugadores menores de edad.

Scarlato, volante ofensivo de la séptima división, estaría próximo a continuar su carrera en el fútbol italiano, más precisamente en el Parma, en condición de jugador libre.

La operación no dejaría ningún tipo de ingreso económico al club de Núñez, una situación que, aunque genera malestar institucional, se encuentra amparada por el marco jurídico vigente.

El sustento legal de la salida

Desde el punto de vista jurídico, el caso se encuadra en una situación clara:

  • El jugador es menor de edad
  • No posee contrato profesional
  • La decisión se adopta en ejercicio de la patria potestad, a cargo de sus padres o representantes legales

En estas condiciones, River no puede reclamar indemnización ni compensación alguna, ya que no existe vínculo laboral ni obligación contractual que habilite un resarcimiento. Tampoco se activa automáticamente el derecho de formación, que depende de futuras firmas contractuales y de supuestos específicos previstos por la normativa internacional.

Las negociaciones frustradas

Desde la Comisión Directiva del club aseguran que se le ofrecieron distintas alternativas contractuales al futbolista para formalizar su primer vínculo profesional. Sin embargo, dichas propuestas habrían sido rechazadas por su representante, Martín Giastadisegno, quien tendría avanzada desde hace tiempo la salida del juvenil hacia Europa.

Si bien en un primer momento trascendió la posibilidad de un arribo al Inter, finalmente sería el Parma el destino elegido para el mediocampista, que se marcharía sin dejar ingresos para la institución que lo formó.

Normativa internacional y transferencias de menores

El traspaso de menores al exterior se encuentra regulado por la normativa FIFA, que prohíbe en principio las transferencias internacionales de jugadores menores de 18 años, salvo excepciones específicas. Una de ellas es el traslado del grupo familiar por razones no exclusivamente deportivas, supuesto bajo el cual suelen encuadrarse este tipo de operaciones.

En ese marco, la salida no resulta ilegal, aunque sí vuelve a poner en discusión la debilidad estructural de los clubes argentinos frente al mercado europeo.

Un patrón que se repite

El caso Scarlato no es aislado. Giastadisegno ya estuvo involucrado en situaciones similares, como la de Matías Soulé, quien dejó Vélez con apenas 15 años para incorporarse a la Juventus, y la de Joaquín Panichelli, que emigró desde River hacia Europa. Más recientemente, en Boca Juniors, el delantero Milton Pereyra dejó el club para sumarse al Napoli bajo una modalidad comparable.

Formación, inversión y vacío legal

Scarlato fue una de las promesas destacadas del semillero millonario: convocatorias a selecciones juveniles, participación en River Camp y un título con la Sub 16 en la Copa UC de Chile respaldan su proyección. Sin embargo, la inversión deportiva realizada por el club no encuentra protección jurídica efectiva cuando no existe contrato profesional previo.

El escenario vuelve a instalar una discusión de fondo: cómo equilibrar el derecho de los menores y sus familias a decidir su futuro con la necesidad de proteger a los clubes formadores, pilares históricos del fútbol argentino.

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