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¿Dónde está el Gallego Soto?

Escribe: Carlos Verucchi.


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Había nacido en Ferrol (Galicia) en 1897. A los trece años, huérfano ya, desembarcó en Buenos Aires. Casi no pudo ir al colegio. Empezó a trabajar siendo un niño, pasando privaciones de todo tipo.

En 1919 se embarca en una compañía de teatro que recorría la Patagonia. Cuando pasan por Trelew estalla una huelga de empleados de comercio. Sin tener nada que ver, su instinto de agitador lo empuja a salir a la calle a arengar a los huelguistas. Lo detienen y expulsan de la provincia de Chubut, el nombre de Antonio Soto queda identificado por la policía como un elemento peligroso.

Huyendo llega a Río Gallegos. Allí encuentra el clima ideal para sus aspiraciones. Trabaja como estibador en una estancia de la zona y pocos meses después ya es Secretario General de la Sociedad Obrera de Gallegos. Le imprime al sindicato sus ideales anarquistas, lidera las primeras huelgas patagónicas que Yrigoyen pacifica a través de su enviado, el Teniente Coronel Héctor Benigno Varela.

Pero será recién en la segunda huelga, en 1921, es decir hace exactamente cien años, cuando el Gallego Soto se vestirá de héroe. El levantamiento ahora es general y se extiende hacia toda la región. Ya no es una huelga común y silvestre sino un enfrentamiento armado con las tropas de Varela. Los obreros están organizados en dos columnas, la de Soto y la de Facón Grande, un gaucho corajudo que había nacido en Ente Ríos y se desempeñaba como peón de estancia en Puerto Deseado.

En septiembre de 1921 la situación se vuelve insostenible. Es derrota para los huelguistas. Facón Grande se entrega con sus doscientos hombres ante la promesa de que respetarían sus vidas. Son fusilados en masa unos pocos días después.

A Soto no lo van a embaucar tan fácilmente. Sabe que su cabeza es la más preciada por Varela. Hay una escena memorable en la película La Patagonia Rebelde, de Héctor Olivera, en la que Varela (Héctor Alterio) recorre la fila de peones que han sido tomados prisioneros al grito de ¿Dónde está Antonio Soto, carajo?

Nadie lo delata, nadie sabe nada, aunque esa negación sea la sentencia de muerte. Varela levanta la mano derecha en dirección a su tropa con el pulgar escondido. Sus soldados entienden, cuatro tiros quiere decir, cuatro tiros a cada uno que no quiera hablar. A Soto (Luis Brandoni en el film) nunca lo van a encontrar. A esa altura ya está cruzando la cordillera y escapando a Punta Arenas.

Durante cinco años fue perseguido por la policía argentina y por los carabineros de Chile. Sus compañeros anarquistas lo fueron escondiendo en distintos lugares. Siempre moviéndose como clandestino llegó Iquique y consiguió trabajo en las salitreras. Al tiempo volvió a Punta Arenas, trabajó de lo que pudo.

Al poco tiempo inspiró y alentó la primera huelga estudiantil en Punta Arenas por el aumento del salario de los docentes, evidentemente no podía con su genio. Se casó y tuvo una hija. Envejeció alejándose de a poco de la militancia anarquista. Nunca renunció a sus ideales.

Murió en 1963, a los 65 años. Sus restos permanecen en el cementerio Municipal de Punta Arenas. En Ferrol una calle lleva su nombre. En la Coruña hay un monumento que lo recuerda.

Varela nunca obtuvo el ascenso a Coronel que le habían prometido. Yrigoyen lo mandó al frente como el gran responsable de la masacre y de la bochornosa complicidad con los terratenientes ingleses dueños de las estancias afectadas por las huelgas.

Un año después, cuando sale de su casa en el barrio porteño de Palermo, otro anarquista, Kurt Wilckens, le sale al paso. Le arroja una bomba de fabricación propia y escasa eficacia. Varela queda en el suelo. Después lo ultima con cuatro tiros de pistola.

No hace falta hacer el gesto de la mano levantada con el pulgar escondido para que se entienda la metáfora.

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