León XIV cargó la cruz en su primer Viernes Santo como Papa
En su primer Viernes Santo como Pontífice, Robert Prevost recorrió las catorce estaciones del Vía Crucis en el Coliseo llevando personalmente la Cruz, en un gesto de profunda fuerza espiritual que evoca el sufrimiento del mundo contemporáneo y la esperanza cristiana.

León XIV presidió, este viernes 3 de abril, en el Anfiteatro Flavio, su primer Vía Crucis (Camino de la Cruz), el rito que recuerda el camino de Jesús hacia el Gólgota, antes de su crucifixión. En su primer Viernes Santo como Pontífice, durante las 14 estaciones, cargó la cruz él mismo, acompañado por dos jóvenes con antorchas que iluminaban el sendero.
Robert Prevost, de este modo, se convirtió en el segundo Pontífice en portar la cruz sobre su cuerpo, tal como lo hizo Juan Pablo II entre 1980 y 1994), precisó la agencia de noticias del Vaticano, Vatican news.
Tal como declaró días antes al salir de Castel Gandolfo, la intención de su gesto fue dar “una señal importante” al mundo, mostrando que lleva los sufrimientos de la humanidad en sus oraciones. En un contexto marcado por guerras, fracturas sociales y creciente incertidumbre, el Papa ofreció una catequesis silenciosa: no se trató solo de representar la Pasión de Cristo, sino de asumir, de manera tangible, el sufrimiento de tantas personas. Estación tras estación, su gesto recogió el dolor disperso de la humanidad y lo elevó al misterio de la redención.
Por su parte, Francesco Patton, fraile menor y excustodio de Tierra Santa, fue el encargado de escribir las meditaciones sobre el camino de Jesús hacia el Gólgota. Durante el recorrido, se proclamaron pasajes del Evangelio acompañados por las meditaciones de Patton, que invitaban a encarnar en la vida diaria las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, incluso en un mundo lleno de ruido, distracciones y, a veces, indiferencia.
Las reflexiones también ofrecieron una mirada lúcida sobre las dinámicas de poder y la fragilidad humana, recordando que el camino de la Cruz revela tanto nuestra debilidad como la fuerza transformadora del amor que se entrega.
“El Vía Crucis no es el camino de quien vive en un mundo de devoción abstracta, sino el ejercicio del que sabe que la fe, la esperanza y la caridad deben encarnarse en la vida real, donde el creyente es continuamente desafiado y constantemente debe hacer suyo el modo de proceder de Jesús», escribió Patton.
«Haz que te sintamos cercano, precisamente y sobre todo cuando caemos, tan cercano en modo tal que nos demos cuenta de que eres tú el que nos levanta y nos vuelve a poner en el camino. Y haz que también nosotros aprendamos a confiar en la tierra, como el grano de trigo, sabiendo que la muerte, gracias a ti, es el seno de la vida eterna», pronunció.
Al final de cada estación, los fieles rezaron el Padre Nuestro y entonaron estrofas del Stabat Mater, antiguo himno que contempla a la Virgen María de pie junto a la Cruz, unida al sufrimiento de su Hijo.