Los Sauces-Hotesur: Cristina y Máximo Kirchner escucharon la dura acusación en su contra
El proceso es por presunto lavado de dinero. Hoy se procedió a la lectura de los hechos de corrupción que la fiscalía les atribuye a los acusados. El trámite se realizó vía zoom y la transmisión oficial mostró a la expresidenta y a su hijo solo por unos minutos.

Con Cristina y Máximo Kirchner conectados de manera virtual, este viernes comenzó el juicio oral por las causas Hotesur y Los Sauces, en el que la Justicia buscará determinar si los fondos públicos que recibieron empresarios beneficiados por el kirchnerismo retornaron al patrimonio de la familia Kirchner a través de sus negocios hoteleros e inmobiliarios.
La audiencia inicial duró poco menos de tres horas, durante las cuales la expresidenta, su hijo, los empresarios Cristóbal López y Lázaro Báez y el resto de los imputados escucharon parte de la acusación fiscal correspondiente a Los Sauces, una de las dos causas que integran el juicio.
El texto fue una dura y detallada descripción de cómo la familia Kirchner habría montado un negocio hotelero e inmobiliario para utilizarlo luego como una plataforma de lavado, para incorporar a su patrimonio dinero que empresarios cercanos al gobierno cobraban del Estado.
“Empresa criminal”, “reciclaje de fondos públicos”, “operaciones simuladas” y “ropaje de legitimidad” son algunas de las expresiones de los fiscales que marcaron la lectura.
El juicio empezó a las 10.10, pero todavía no estaban conectados todos los acusados. “Falta Lázaro Báez”, anunció el secretario del tribunal. Báez, ya condenado por corrupción, siguió el proceso desde la cárcel. Es uno de los engranajes clave de la presunta maniobra: los fiscales le achacan participación desde la etapa más temprana del proceso, con préstamos, y luego con alquileres y construcciones.
En la sala no estuvo la expresidenta, pero sí sus abogados, Carlos Alberto Beraldi y Ary Llernovoy, que también defienden en su primer juicio oral a su hijo Máximo.
La exmandataria y el diputado deberán estar conectados durante todo el tiempo que lleve la lectura de la acusación, que demandará varias jornadas y, por lo pronto, continuará el lunes que viene. Hoy, en la transmisión oficial, se los vio solo unos minutos, al igual que a los otros acusados. Ella escuchaba y leía papeles; él, cuando empezó la audiencia, fumaba un cigarrillo.
En la sala de los tribunales de Comodoro Py sí estaba el excontador de los Kirchner Víctor Manzanares, que a diferencia de la mayoría de los acusados eligió asistir. Lo acompañó su defensor, Roberto Herrera.
Esta jornada inicial estuvo dedicada casi de principio a fin a la lectura del requerimiento de elevación de Los Sauces. El tribunal tenía previsto iniciar con este caso y el año que viene, en otro juicio, poner en marcha el de Hotesur, pero la Cámara de Casación reunificó los procesos en uno solo -como estaba previsto-, trastocó la agenda del juicio y empujó al tribunal a realizar modificaciones a pocos días del inicio.
La próxima audiencia, según se anunció hoy, no será el sábado, como estaba contemplado, sino el lunes próximo y la siguiente, el viernes 30.
“Los empresarios, junto con los exmandatarios [por Cristina y Néstor Kirchner] y otros miembros de la organización, elaboraron un sistema destinado a transferir y disimular parte de las ganancias que se encontraban en poder de los empresarios a los propios expresidentes y su núcleo familiar […], tal como se investiga en estas actuaciones y en la causa 11352, públicamente conocida como Hotesur”, leyó el secretario del TOF 5.
La intervención de Máximo Kirchner en la maniobra, según los fiscales, se dio a través de su participación en operaciones inmobiliarias, en la administración del patrimonio familiar y en las decisiones de Hotesur, donde aprobó balances y ratificó la contratación de Valle Mitre, una de las empresas de Báez.
“Máximo Kirchner, junto con Néstor y Cristina Kirchner, y luego Florencia Kirchner, utilizaron a la firma Los Sauces como un mecanismo permanente para el reciclaje de fondos ilícitos”, se leyó. Florencia Kirchner también integró el directorio tras el fallecimiento de Néstor Kirchner, pero una decisión de la Cámara de Casación la sacó del juicio oral. El argumento principal fue la edad de ella cuando se inició el esquema juzgado (12 años).
La virtualidad marcó el clima de esta primera cita. La ausencia de la expresidenta en la sala le quitó a la jornada buena parte de la tensión que rodea en sus inicios a los juicios de corrupción. El contraste con algunas audiencias presenciales del caso de los cuadernos de las coimas, que comenzó hace casi un año, fue notorio. Hoy en los alrededores de la Sala AMIA hubo poco movimiento; predominó un ambiente de cordialidad, con intercambios entre los abogados, los fiscales y los funcionarios judiciales que se acercaron al tribunal.
El juicio que se puso en marcha este viernes es clave porque podría cerrar un gran círculo de corrupción: guarda relación con otros expedientes sensibles y ocupa un lugar central en el mapa judicial del kirchnerismo.
“El presente sumario no se despliega en soledad, sino que forma parte de un grupo de investigaciones englobadas”, leyó el secretario del tribunal durante la audiencia e hizo referencia a las causas Hotesur, Vialidad y Oil Combustibles, entre otras.
Mientras que en la causa por Vialidad la expresidenta fue condenada a seis años de prisión luego de que se acreditara el direccionamiento de la obra pública en favor del empresario Lázaro Báez en Santa Cruz, en Hotesur-Los Sauces la Justicia buscará determinar si parte de los fondos obtenidos por Báez reingresaron al patrimonio de la familia Kirchner mediante el alquiler de hoteles y propiedades.
La conexión entre ambas causas quedó reflejada en la sentencia dictada en 2022. Los jueces que condenaron a la expresidenta hicieron expresa referencia a sus vínculos comerciales con Báez y marcaron que la suerte del empresario con la obra pública no podía serle indiferente.
Según consta en la documentación del juicio que se inicia hoy, de las empresas de Lázaro Báez, en concepto de alquileres de hoteles, los Kirchner recibieron, directamente en sus cuentas personales o en las de la sociedad que controlaban, más de 40 millones de pesos entre 2008 y 2013.
Pero Hotesur-Los Sauces va más allá de Báez y los desmanejos de la obra pública de Santa Cruz. Bajo la lupa judicial también figuran los negocios inmobiliarios que los Kirchner mantuvieron con Cristóbal López y Fabián de Sousa, dueños del Grupo Indalo.
Por parte de López y De Sousa, la familia Kirchner recibió más de 19 millones de pesos, mayormente por el alquiler de departamentos en Puerto Madero.
En este caso, el beneficio recibido por los empresarios no provino de la obra pública, sino de una supuesta retención indebida de impuestos. Oil Combustibles, la empresa petrolera del grupo Indalo, se habría hecho con más de 8 mil millones de pesos al cobrar el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y no ingresarlo a la AFIP.
Esta parte de la maniobra también tuvo un capítulo judicial previo: la causa por Oil Combustibles, que lleva más de diez años de recorrido. El exdirector de la AFIP Ricardo Echegaray fue condenado, pero los empresarios López y De Sousa fueron absueltos, y está pendiente una resolución definitiva de la Corte Suprema.
Ninguno de estos vínculos comerciales está controvertido: llegan al juicio oral acreditados desde la instrucción, con documentación y peritajes contables. De hecho, uno de los argumentos utilizados por las defensas es que los pagos están bancarizados, motivo por el cual, aseguran, no hubo ningún intento de ocultamiento.
La discusión central del juicio no será, entonces, si existieron esos vínculos comerciales, sino si las operaciones fueron utilizadas para lavar dinero, como sostiene la acusación, o si se trató de negocios legítimos, como argumentan las defensas.
En Hotesur-Los Sauces, serán juzgados por lavado y otros delitos Cristina y Máximo Kirchner, los empresarios y el resto de los imputados, que son profesionales, mediadores o personas que ocuparon alguna dirección en las sociedades implicadas, como Romina Mercado.
Los fiscales que instruyeron el caso, Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques, consideran a Vialidad como el delito precedente en el caso de Báez y a Oil Combustibles como el delito precedente para López y De Sousa. En el juicio, esto será sostenido por el fiscal Diego Velasco.
El juicio está a cargo del Tribunal Oral Federal Nº 5, integrado por José Michilini, Fernando Machado Pelloni y Adriana Palliotti. Se desarrollará a un ritmo de tres audiencias semanales y se transmitirá por YouTube, indicaron fuentes judiciales.
La audiencia de este viernes se realiza en la sala AMIA de los tribunales de Comodoro Py y estuvo destinada a una lectura resumida de las acusaciones. Los imputados podrán participar de manera virtual durante esta etapa inicial, aunque deberán asistir luego a las indagatorias. Los abogados defensores sí deberán estar presentes en la sala.
Según la acusación, la génesis de la maniobra comenzó en 2008, con la compra de Hotesur. Néstor Kirchner pagó casi 5 millones de dólares por la totalidad de las acciones de la sociedad, propietaria del hotel Alto Calafate, y utilizó a un hombre de su confianza, Osvaldo Sanfelice, para concretar la operación.
Ese día, Sanfelice llevó más de 3 millones de dólares en efectivo a una sucursal del Banco Santander Río, ubicada en la calle 25 de Mayo 140, en la ciudad de Buenos Aires. Los 1.632.000 dólares restantes fueron transferidos desde el Banco de Santa Cruz.
Kirchner ya había adquirido por 700.000 dólares la hostería Las Dunas, también en El Calafate. En aquella operación intervino su hijo Máximo, quien lo representó ante el escribano.
Luego vendría la compra de La Aldea, en abril de 2009, a través de la sociedad Los Sauces.
¿De dónde provino el dinero inicial para comprar los hoteles? Los fiscales identificaron tres grandes fuentes de financiamiento: los negocios inmobiliarios y préstamos con empresas del propio Lázaro Báez; la compraventa de tierras fiscales en Santa Cruz, adquiridas a precios reducidos y revendidas con ganancias extraordinarias; y los créditos concedidos por el Banco de Santa Cruz, de los Eskenazi.
Días antes de la compra de Hotesur, en 2008, el banco le concedió préstamos que sumaron más de 10 millones de pesos, que, según los fiscales, fueron otorgados a la misma tasa que la entidad pagaba a la familia por sus depósitos a plazo fijo.
Adquiridos los hoteles, los Kirchner entregaron su administración y explotación a Valle Mitre, del empresario Báez.