Fátima, manos maternales


El 13 de mayo de 1917 la Virgen María hizo su primera aparición, de 6 en total, en el pueblo de Cova de Iría, Fátima, Portugal. Se hizo presente a 3 niños, Lucía, Jacinta y Francisco. Como varios niños en su terruño eran pastores, poca educación escolástica pero gran educación en amor y fe, se apareció cuando ellos fueron a cubrirse de la lluvia que los sorprendió.  Vieron una luz blanca entre los árboles y se acercaron, y ante ellos apareció una bella mujer vestida de blanco, más brillante que el sol. Luego del impacto inicial, la Madre de Jesús les dijo que venía del Cielo y les pidió que volvieran a aquel lugar, el día 13 de cada mes a la misma hora, por seis meses seguidos. La Madre de Dios les preguntó: “¿quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviar como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?”. Respondieron que sí, por lo que la Virgen, con amor de Madre, les advirtió que sufrirían mucho porque los pecados de los hombres eran grandes, pero que la gracia de Dios les daría fortaleza siempre. Una fuerte luz los cubrió cuando María abrió sus manos; cayeron de rodillas. María les dijo: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Luego se elevó.

            El 13 de mayo de 1981, una mano maternal desvió la trayectoria de aquella bala que iba dirigía a matar a Juan Pablo II; esas mismas manos maternales nos cuidan, nos abrazan hoy día. ¿Cómo responder a una presencia maternal que perdura a través del tiempo? Nos lo dice el papa Francisco:” Les recuerdo el pedido de Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos: ‘Recen el rosario cada día, por la paz en el mundo y fin de la guerra’. Yo también se lo pido a ustedes: recen el rosario por la paz”. (…) “Los invito a conocer más profundamente a María, a entrar en intimidad con ella, para acogerla como madre espiritual y modelo de fidelidad a Cristo. A Ella, Madre del Consuelo y Reina de la Paz, encomiendo la población mártir de Ucrania”.

            Celebrando a María, Nuestra Señora de Fátima, estamos invitados a ponernos en escucha como los Pastorcitos renovando nuestra confianza en Ella que tiene como tarea acercarnos a Dios, ayudándonos a recuperar y acrecentar nuestra identidad de hermanos y de hijos ya que todos somos: “… llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”. (Exhortación apostólica sobre el llamado a la santidad, punto 14, Papa Francisco).

         (*)  Abel   Galzerano,  consagrado  a  la  Virgen,  Banfield.

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