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Juntando el rebaño

Escribe: Carlos Paladino.


Por Carlos Paladino.

Creer que la reacción del sector ganadero pudo haber preocupado al gobierno de Cristina Kirchner, es imaginar que los hechos la puedan haber asustado, intimidado. Deducir que, al menos, haya reflexionado, es otro error. Estuvo buena la intentona de plantársele de frente. Pero, hasta ahí llegamos. La cúpula mandante no se inmutó, no varió su decisión por las restricciones aplicadas al sector. Si no le causan desvelos los dólares perdidos por la falta de exportación de carnes, muy poco le importarán los enojos de un grupo de hacendados que lo único que hacen, es producir vacas. En todo caso no dejan de ser una agrupación productiva de divisas que, como otras, rinde cuenta de sus actos al Estado. Hay contradicción entre la pobreza existente y los recursos palpables de provocar ingresos para combatirla. El gobierno, gobierna, y los demás obedecen; así están las cosas, guste o no guste. Las vacas son importantes; pero, juntar el rebaño lo, es más. Las ovejas se reconocen por ser animales domésticos y fáciles de guiar. La mansedumbre de la manada es lo que asume vital importancia en los objetivos del kirchnerismo. Claro, que no es el rebaño de la concepción bíblica cuyo pastor es el Señor. En esto, las Santas Escrituras brillan por su ausencia. Mal nos pese y, así llevemos las de perder, a la señora Kirchner muchos la colocan en un pedestal divinizado, lista para conducir a todo el pueblo argentino, sin excepciones.  Tal vez, un modo de sintetizar lo antedicho, pase por resignarse a que, tanto las vacas como las ovejas, deben a ser guiadas por la pastora Cristina. Las quejas y reacciones de la oligarquía vacuna no le importan un pito. Aunque, a decir verdad, tampoco la conmueven las insatisfacciones de nadie que no pertenecezca al blindado que tiene como premisa dejarla impune de las cargas judiciales que caen sobre su humanidad.  La incertidumbre y la angustia que despierta este engorroso tramado ocupa tanto lugar, que resta espacio para pensar en las urgencias del país; por ejemplo; la pandemia.

No es por falta de respeto a la investidura del señor presidente Alberto Fernández, pero, los hechos mostrados, lo van postergando del uso del poder. Día a día su imagen se deteriora, obnubilada por la de la señora vicepresidente. Y, la pregunta surge de inmediato. ¿Qué clase de pacto político hizo con Cristina como para soportar tal oprobio? Deshonra el significado que observa el rango de presidente para la democracia y es un mal antecedente para los gobiernos por venir. Antecedente que se suma al descrédito de Cristina Kirchner a la Corte Suprema, considerando un “golpe a la democracia”, el fallo que no la favoreció. Sin embargo, soslaya los problemas, apremiada por las circunstancias y el tiempo que dispone por delante, para dejar limpio su historial. Ella avanza en su determinación y no para de ganar terreno. Conoce como nadie la opinión de su ministro Daniel Arroyo que comunica: “La situación social es muy crítica y la pobreza sube por el aumento de los precios de los alimentos”. Es un pedido de auxilio. No obstante; ella acrecienta su poderío con la promesa de entregar 4.600 vacunas al gremio de Hugo Moyano. Un sindicalista “ejemplar” que privilegia a sus afiliados sobre los demás trabajadores. Tener de su parte a un sindicato tan poderoso es un elogio para la mandamás que, rápidamente, se olvidó de que Moyano y su familia fueron de los primeros en tener acceso a las vacunas Sputnik y, aún así, le perdonó la férrea pelea mantenida contra su marido, el presidente Néstor Kirchner. Del mismo modo, se esfumaron los trastornos provocados por el sindicalista. Vaya uno a saber el efecto que producen los sortilegios de Cristina Kirchner, para hechizar a propios y ajenos. El matrimonio presidencial desde 2013 lanzó sobre Jorge Bergoglio una suerte de graves acusaciones, viene a nuestra memoria la sentencia de Néstor sobre el religioso: “Jefe espiritual de la oposición política”. Cuando el Cardenal ascendió a Papa, entre milagro y sortilegio, la larga y tenaz confrontación habida entre los dos, se diluyó; nunca pasó. Francisco y Cristina, un solo corazón. La Iglesia de Francisco en Buenos Aires, se manifestó dolida por no ser considerada “esencial” y también se sumó a las solicitudes realizadas al gobierno, para llevar a cabo misas con mayor cantidad de acólitos presentes, a lo estipulado. Antes, la jerarquía católica mandaba, exigía, ahora piden permiso al gobierno de Cristina para preservar la espiritualidad de los feligreses. La Iglesia concluye, en que, si desea formar parte de los agraciados del gobierno, debe agregarse al rebaño. La manada, entonces, va en aumento. No mencionaremos a las facciones políticas que le cubren la espalda en toda ocasión y lugar; no sabemos si es por amor, o porque sin ella van a tener que trabajar en las labores comunes de la gente ordinaria. La política opositora ha dado muestras de que, ante la mínima sospecha de perder una votación, pueden enamorarse repentinamente de Cristina, y saltar el paredón hacia la casa kirchnerista. Sobran antecedentes que sostienen nuestra presunción. Un amigo fallecido, decía sobre huidas y traiciones de la clase política; “El único que no saltó el paredón fue Juan Moreira”. Tenía razón. Para mostrar que, desde la altura del poderío absoluto, abusan de él y hacen lo que quieren, cuando quieren; tenemos el caso de Carlos Zannini, funcionario que no se arrepiente de ser un vacunado VIP, por estar en condiciones legales de hacerlo. Dentro de esos parámetros había cantidad de esenciales sin vacunar. Pero, la esencialidad se reserva distintas interpretaciones. Zannini, interpreta; “Me tendría que haber sacado una foto”, Por si fuera poco; a su amigo, Horacio Verbitsky, otro esencial VIP, recuerda haberle manifestado: “No tenés que actuar con culpa porque vos tenés derecho a eso, sos una personalidad que necesita ser protegido por la sociedad”. ¡Lambete que estás de huevo! Para eso, Zannini es un íntimo de Néstor y de Cristina; además, un maoísta con bolsillo capitalista, y junto a Verbitsky, fueron cuadros significativos de la guerrilla argentina.

A la señora Cristina Kirchner no la amínala ni las protestas del campo, ni los reclamos de los más desprotegidos, ni las penurias de los jubilados, ni la vacunación, ni nada; por el contrario, esos síntomas de debilidad la potencian en grado sumo. Hasta hace poco, falseaba sus intenciones políticas. Ya no. En compañía de los secuaces del “setentismo”, tomó partido en favor de los palestinos, contradiciendo la postura inicial del gobierno y, dio marcha atrás, en la demanda presentada por el Grupo de Lima a Venezuela, por violaciones a los DDHH. Ocupar un espacio en el mundo democrático-republicano, son ideas que no integran el listado de prioridades en un futuro gobierno suyo. Es decir, el rumbo político que señala la señora Cristina, es el mismo que tomará el rebano que maneja a gusto y discreción. Y, todo, para salvaguardar su buena salud. Nosotros, muy bien, gracias; tranquilos y esperando que aclare.

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