La cábala no se rompe

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Incapaces de abstraernos del ambiente mundialista, desde esta columna, hemos olvidado por unas semanas nuestros propósitos literarios y nos hemos abocado a seguir a nuestra selección.

La literatura y el fútbol se han llevado en nuestro país bien y mal alternativamente. Autores como Osvaldo Soriano o Sergio Olguín han hecho literatura futbolera o han utilizado el fútbol como metáfora de la realidad. Borges, como todos sabemos, ofrecía conferencias sobre mitología escandinava en el horario en el que la selección argentina jugaba los partidos del mundial 78.

Tal como una periodista de la televisión pública le explicaba a Messi después del partico con Croacia en una entrevista que ha dado la vuelta al mundo, Argentina respira fútbol, se mueve al ritmo de la selección y cuando avanzamos en un mundial literalmente se paraliza el país. No hay nada que ningún argentino tenga que hacer por estos días más que esperar a que llegue el domingo al mediodía.

Volviendo a Borges y para calmar la ansiedad, podríamos consolarnos con aquello de que el destino ya está escrito, el partico con Francia ya se ha jugado y sólo resta esperar a que ese hilo misterioso y sutil que es el tiempo deshaga la madeja y nos permita conocer el resultado.

De todos modos, no sería recomendable dejar de lado las cábalas con las que hemos ido construyendo esta epopeya futbolística. Desde lo más básico, como dónde y con quién miramos el partido, hasta lo más sofisticado como la silla en la que nos sentamos, el mate o la bebida que tomamos, la ropa que usamos… todo, todo tiene que alcanzar una armonía absoluta para que las piezas del universo encajen y permitan el milagro.

Desde un punto de vista más racional, podríamos pensar en tres o cuatro escenarios posibles y sus correspondientes consecuencias. Escenario uno: Argentina gana con comodidad. Esto ocurrirá sólo si Messi es figura y, por lo tanto, a partir del lunes y hasta el fin de nuestras vidas estaremos abocados a dirimir si Maradona o Messi…

El escenario dos sería (dios no lo permita), Francia gana con holgura. En tal caso la salida es sencilla, habrá que aplaudir de pie a los jugadores y al técnico y tratar de disfrutar del subcampeonato inmediatamente después de permanecer dos o tres meses en el primer agujero en el que nos podamos esconder.

El escenario tres es ganar de lástima, vía penales, vía VAR, sufriendo, pidiendo la hora, es decir como sea. En ese caso el festejo será más exultante que el del escenario uno, después de sufrir se goza más del triunfo.

Y el cuarto y último escenario posible sería merecer ganar, como en el 2014 y perder por esas vicisitudes del fútbol que, como la realidad misma, es caótico, imperfecto, injustificado y esquivo. En tal caso, y como en el 2014, no habrá consuelo posible.

Confiando en que el equipo corone una extraordinaria campaña, apostamos por el escenario uno, obviamente. Y hablando de apostar, en las apuestas prácticamente Argentina y Francia no se sacan ventaja, es decir, el mundo duda sobre quién de los dos llega mejor.

Y con este sencillo acto cumplo con la primera parte de la cábala, que es escribir antes del partido, en este caso por cuestiones obvias, dado que esta columna sale los domingos por la mañana.

Un pasito más, uno.

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