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La FIO diseñó un software “a medida” para la fabricación textil

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La Farolera es una empresa mayorista que confecciona ropa para bebés prematuros y de hasta 36 meses. Llevan 10 años en el mercado y solo hacen ventas online, una ventaja comparativa que en pandemia disparó la producción. Para atender esa demanda, la Facultad ideó un programa que ayudó a organizar y potenciar ese sistema de producción con sello olavarriense.


No hay dudas de que las agujas, tijeras, papel de molde, cinta métrica, telas multicolores y máquinas de coser pueden ingresar al mundo de la ingeniería y retroalimentarse. La Farolera Kids, una fábrica de ropa para bebés prematuros y hasta los 36 meses, lo confirma: lograron vincular con la FIO y desde la Facultad realizaron un software “hecho a medida” que optimizó los tiempos de producción y mejoró la atención de las demandas que se multiplicaron durante la pandemia.


La empresa surgió hace 10 años, se caracteriza por la innovación y calidad de sus prendas, muy coloridas y con variedad de estampas. El proyecto está impulsado por Georgina Mac Gaw, que es Licenciada en Administración de Empresas y se ocupa de cuentas de clientes, ventas y marketing; y por Emilia Merlos que, como diseñadora de Indumentaria, es responsable del diseño y producción de todos los productos.


Juntas emprendieron en 2012 el sueño de llegar a todo el país con su trabajo desde esta fábrica que está en Olavarría. Su comercialización se apoya en la venta online y durante el Covid-19 tuvo un despegue impensado.

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Las socias de La Farolera Kids destacan el apoyo del ingeniero Franco Chiodi y de la FIO.


Eso generó expectativas pero también nuevas exigencias de producción, que es cuando entra en juego la Facultad de Ingeniería con un asesoramiento que se desprendió del Programa Clínica Tecnológica de la provincia de Buenos Aires, en busca de generar oportunidades para pequeñas y medianas empresas industriales.


El ingeniero Franco Chiodi, docente e investigador de la FIO, fue el nexo, por ser uno de los especialistas que realiza diagnósticos tecnoproductivos en dicho programa, con el fin de identificar demandas, proponer mejoras y establecer vínculos con instituciones científicas y tecnológicas así como con proveedores de soluciones.

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En el caso de La Farolera Kids se detectaron diversas necesidades y nuevos desafíos, que la FIO ayudó a resolver.

El despegue de la pandemia

En el horizonte de La Farolera siempre estuvo claro que el mercado sería mayorista y que la estrategia era enlazar a través de las redes sociales. “Hicimos foco en los prematuros porque habían nacido los mellizos de mi hermano y no se conseguía ropa. Pesaban 1.800 y 800 gramos. Vimos que había una necesidad y además que a esa edad el recambio de ropa es permanente“, argumenta Georgina Mac Gaw que vive en la Ciudad de Buenos Aires y trabaja codo a codo con Emilia, que apuntala ese modelo de negocios desde Olavarría.

“Trabajábamos en una empresa mayorista, con ropa de adultos. Ahí nos conocimos, nos hicimos amigas y cuando me vuelvo a Olavarría dijimos de hacer algo juntas”, plantea con entusiasmo Emilia Merlos, mientras monitorea el nuevo catálogo.

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El software de la FIO sirvió para optimizar la comercialización de la empresa.

Diseño y ventas van de la mano. “No puedo diseñar sin pensar qué se necesita en cada etapa del año. Venía el Mundial, después está la Navidad y luego llega el verano”, aclara la diseñadora.

No tienen colección invierno/verano sino que todas las semanas sorprenden con artículos nuevos o en respuesta a lo que solicitan sus clienta/es. Ahora, por ejemplo, van a reversionar los jardineros que fueron caballito de batalla en la prepandemia, “a pedido de la gente. Escuchamos siempre al cliente. Lo que nos piden es palabra santa”, dicen casi a coro.

Todo pasa por las redes. En el inicio, con Facebook y mail; luego sumaron Instagram y WhatsApp Business. No tienen local de venta al público; su vidriera es la página web. “Se sumó Venus para responder las dos líneas de WhatsApp porque damos respuesta inmediata” a los “más de 100 mensajes que ingresan por día, además de tener dos personas para responder mails y redes sociales”, grafica Emilia Merlos, mientras mira a su flamante empleada, que asiente con el pulgar.

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No están pendientes de lo que hace la competencia sino que fidelizan con su propia clientela, sin perder de vista la rentabilidad empresarial. En ese contexto, los tiempos de entrega son claves: “Tratamos de que una vez que el pedido está pago sale como sea y con eso le ganamos a la competencia, que tarda más”, comenta Georgina Mac Gaw.


El aporte de la Facultad



Van a seguir sumando para ser mejores y más competitivas en todo el país. También han exportado a Chile y Uruguay, pero hoy esas plazas están en pausa por la situación económica argentina.

“Es un vaivén todo el tiempo. A veces no podemos stockearnos. La pandemia fue un tema aparte. Tuvimos un pico de crecimiento porque ya teníamos toda la base online y la página con carrito. Fue una explosión. Ahora hay que sostener”, reconoce Emilia Merlos. Durante la crisis sanitaria también confeccionaron barbijos y camisolines para el Hospital.

Tienen la infraestructura, los recursos, las ideas y las ganas. Pero hace “falta imaginación para ver hacia dónde vamos. Eso es constante”, sostienen ambas socias.

Por eso, el rol de la FIO, a diez años de levantar “la persiana”, resultó determinante. “Nos ayudó muchísimo encontrarlo a Franco Chiodi que vino un día de pandemia y nos entrevistó. Desde entonces mantenemos ese vínculo”, rescata Georgina Mac Gaw.

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“El evaluaba las problemáticas y fortalezas, las debilidades que teníamos. Hizo el análisis y aportó algunas ayudas como el hecho de incluirnos en las pasantías de la facultad; además de ayudarnos a que salgan algunos créditos”, observa Emilia Merlos.

“Uno de los planteos fue la mejora de procesos. Vinculamos con una estudiante de la FIO mediante una beca de investigación para trabajar en la mejora de despacho y definir cuestiones estratégicas como misión, visión, objetivos y valores puestos en la empresa”, agrega el ingeniero Franco Chiodi.

Con ese objetivo, “aplicamos un software de simulación para la mejora en cuanto a distribución del espacio y ese fue un proyecto de final de carrera de Ingeniería Industrial”, señala el profesional.

El sistema operativo se obtuvo a través de la Universidad Federal de Itajubá (Brasil) y permitió realizar “una réplica del proceso productivo para cambiar el funcionamiento. El resultado fue una mejora notable: se pasó de 8-9 pedidos diarios a 12”, precisa el evaluador, con optimismo.

En paralelo, necesitaban “un sistema de costeo sobre el que trabajó una estudiante que, en tres meses, logró configurarlo. Pero la relación es fluida y permanente. Siempre hay proyectos por desarrollar”, apunta Chiodi.

“Vivo mirando el banco y no damos ningún paso en falso”, confiesa Georgina Mac Gaw, del otro lado de la pantalla, tras aseverar que nunca tuvieron miedo pero sí fueron cautelosas. “Siempre nos consultamos todo. Están bien divididos los roles pero estamos vinculadas en todo, decidimos las dos”, enfatiza.

Como todas las pymes del país, necesitarían “más ayuda del Gobierno, en cuanto a créditos, que no está. En la pandemia estábamos detonadas, con exceso de problemática. Vendíamos pero no sabíamos cómo organizarlo. Era momento de parar la pelota. En el medio nos mudamos. Logramos un vínculo fluido con la FIO. Llegaron dos pasantes que ayudaron a organizar la fábrica, a armar el stock y los costos, fue una ida y vuelta. Nos ayudaron y ellas aprendieron. Fue muy positivo”, expone.

Hoy hay siete costureras en diferentes barrios de la ciudad que cosen para La Farolera, además de las cinco empleadas que trabajan en el taller. “Las costureras son jefas de familia y siempre tienen trabajo aunque no tengamos venta. Les damos la tela, el corte con etiqueta, hilo, todo y se hace la terminación acá”, explica Emilia Merlos, rodeada de estantes repletos de ropa menuda.

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“Hay una tendencia a volver a usar lo que se hace a mano, a lo de las abuelas, pero estamos en escala productiva y nos cuesta conseguir costureras. Es importante que se conozca lo que hacemos por ese motivo”, explican ambas socias, que demandan mano de obra calificada.

“Nuestra misión es seguir creciendo, no tenemos techo pero depende mucho de la realidad del país” pronostican sobre el final, tras remarcar que “la ayuda de la FIO ha sido y es invalorable”.

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