La sabiduría de los hombres del Lejano Oeste

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

Hace casi cincuenta años los norteamericanos ganaban una batalla importante en su guerra contra el comunismo: lograban que un hombre llegara a la Luna y, de ese modo, demostraban la superioridad científica y tecnológica del sistema capitalista.

Antes de la misión, los tripulantes de la nave Apolo 11, Neil Armstrong, Adwin Aldrin y Michael Collins, realizaron ejercicios de adiestramiento en una región del oeste de los Estados Unidos cuyo suelo presenta características similares a la superficie lunar. Una tarde fueron sorprendidos por sobrevivientes de una tribu originaria del lugar. En un muy rudimentario inglés, los autóctonos preguntaron a los astronautas cuál era la razón de su presencia en aquel desierto. Armstrong, entonces, tomó la palabra y les explicó que hacían ejercicios de preparación para una misión muy importante que estaban por emprender: dentro de algunos días se propondrían llegar a la Luna.

Quien parecía el jefe de la pequeña tribu se vio sorprendido. Consultó con sus acompañantes y al cabo de una breve deliberación explicó a los astronautas que su tribu, desde tiempos inmemoriales, sabía que la Luna estaba habitada por espíritus y que esos espíritus eran sus amigos. Inmediatamente después preguntó a Armstrong, quien evidentemente, se mostraba como el líder de los astronautas, si era posible que en su viaje a la Luna les transmitieran cierto mensaje a sus amigos.

Armstrong consultó con la mirada a sus compañeros sin poder evitar una leve sonrisa. Claro que sí, fue la respuesta. El líder de la tribu, entonces, pidió que memorizaran el mensaje y comenzó a hablar en su lenguaje tribal. Los astronautas se vieron sorprendidos. Los espíritus de la Luna solo entenderán si les hablamos en nuestra lengua, aclaró el jefe de la tribu.

Repitió la frase varias veces y se las hizo repetir a cada uno de los astronautas, palabra por palabra. Después se aseguró de que los astronautas hubieran memorizado el mensaje y fueran capaces de repetirlo sin errores. Ante la consulta respecto a su significado, el jefe se limitó a responder que se trataba de un simple saludo amistoso.

Invadidos por la curiosidad, los astronautas no descansaron hasta encontrar a un intérprete que pudiera descifrar el mensaje que llevarían en su viaje. Cuando lo hallaron, repitieron ansiosos la frase que habían memorizado y esperaron por su significado.

El intérprete los miró con gesto de ironía. Después hizo su trabajo y repitió en inglés algo así como: “no crean una sola palabra de lo que digan estos tipos, vienen a robarles todo”.

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