La tragedia de sepultar un hijo, realidades que pueden evitarse


No hay nada más antinatural que un padre tenga que despedir a su hijo para siempre. No hay nada más doloroso e injusto que la vida se lleve a alguien que apenas comienza a vivir. No hay nada más amargo que sobrevivir con el vacío de una ausencia irreemplazable.

Sin embargo, esta es una realidad que muchos padres tienen que enfrentar cada día en nuestra Argentina. Una realidad que no se puede explicar con la razón o la ciencia, sino con la falta de responsabilidad, de compromiso y de humanidad de quienes tienen el poder de cambiarla.

Estamos hablando del narcotráfico, una de las peores lacras que azota a nuestra comunidad nacional y que se cobra la vida de miles de jóvenes cada año. Jóvenes que caen en las redes de la droga, que se convierten en adictos, que pierden su dignidad, su libertad y su futuro. Jóvenes que terminan siendo víctimas o victimarios de la violencia, el crimen y la corrupción que genera este negocio ilícito.

El narcotráfico no solo mata a nuestros hijos, sino que también mata a la propia Nación. Mata a la democracia, al estado de derecho, a la justicia, a la educación, a la salud, a la cultura, al desarrollo. Mata a la esperanza de un país mejor, más justo, más libre, más seguro, más próspero.

¿Qué podemos hacer para evitar esta tragedia? ¿Cómo protegemos a nuestros hijos y a nuestra patria? ¿Qué podemos hacer para que ningún padre tenga que enterrar a su hijo por culpa del narcotráfico?

La respuesta es clara: podemos hacer mucho. Podemos hacer mucho como padres, como maestros, como abuelos, como vecinos. Podemos enseñarles a nuestros hijos a evitar los peligros que acechan en las calles, en las escuelas, en las redes sociales. Podemos educarlos para que tengan valores, principios, metas, sueños. Podemos transmitirles nuestras experiencias, nuestros consejos, nuestro amor.

Pero, sobre todo, podemos exigirles a nuestros gobernantes que hagan lo que les corresponde: lo que el pueblo les ha elegido para hacer. Lo que la ley les obliga a hacer. Lo que la moral les impone hacer. Que al narcotráfico lo combatan con todas las armas que tienen a su alcance. Con estrategia, con inteligencia, con coordinación, con cooperación. Que lo persigan con firmeza, con rigor, con severidad, con ejemplaridad. Que lo castiguen con todo el peso de la ley, con la mano más dura que la ley permita, con la máxima sanción que la ley contemple. Dentro de la ley todo…

Que nadie se deje intimidar, ni corromper, ni comprar, ni chantajear por los narcos. Que no se hagan los ciegos, ni los sordos, ni los mudos ante el problema. Que no se laven las manos, ni se pasen la pelota, ni se tiren la culpa unos a otros. Que no se escudan en excusas, ni en promesas, ni en discursos vacíos.

Que actúen ya. Que actúen ahora. Que actúen siempre. Porque cada día que pasa, cada hora que transcurre, cada minuto que se pierde, es una oportunidad que se le da al narcotráfico para seguir creciendo, para seguir expandiéndose, para seguir matando.

No podemos permitir que esto siga así. No podemos permitir que el narcotráfico siga robándose el futuro. No podemos permitir que el narcotráfico siga enterrando a nuestros hijos.

Como comunidad tenemos que decir basta. Tenemos que decir no. Tenemos que decir nunca más.

Porque no hay nada más natural que un padre quiera ver a su hijo crecer, prosperar y ser feliz. Porque no hay nada más justo que la vida le dé a cada uno lo que se merece. Porque no hay nada más hermoso que abrazar a un hijo y decirle: te quiero.

Luis Gotte

La pequeña trinchera

Co-autor de «Buenos Ayres Humana, la hora de tu comunidad» Ed Fabro, 2022. Y «Buenos Ayres Humana II, la hora de tus Intendentes» es preparación.

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