Llegar a la meta


     (*)  Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

En la Iglesia Católica el mes de noviembre, está iluminado de modo particular por el misterio de la comunión de los santos que se refiere a la unión y la ayuda mutua que podemos prestarnos los cristianos: quienes aún estamos en la tierra, los que ya seguros del cielo se purifican antes de presentarse ante Dios de los vestigios de pecado en el purgatorio y quienes interceden por nosotros delante de la Trinidad Santísima donde gozan ya para siempre. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha (Catecismo de la Iglesia Católica, 1024).

            Cada 1 de noviembre se celebra la Solemnidad de Todos los Santos y, al mismo tiempo, la Jornada de Oración por la Santificación del Pueblo argentino y la glorificación de sus Siervos. ¿Qué dice la Iglesia católica de los santos?  Los santos en el cielo son nuestros hermanos mayores que nos ayudan con su ejemplo e intercesión hasta llegar a reunirnos con ellos.  Pero: ¿cómo se alcanza la santidad?, ¿cómo se  llega  a  la  meta? “La santidad no está hecha de actos heroicos sino de mucho amor cotidiano  las  vidas  de  los  santos fueron un reflejo de Dios en la historia, vocaciones abrazadas con entusiasmo y gastadas dándose generosamente a todos. La clave está en las bienaventuranzas: En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas”.  (Papa  Francisco Gaudete et exsultate).

            San  José Escrivá  de  Balaguer en  su  libro  Amigos escribe: “Ser santo es participar de la santidad de Dios. (…) Todos fuimos creados por Dios para ser santos, en la tierra y después plenamente en la eternidad en el cielo. Perdimos la vida de gracia por el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de la cruz. Por el bautismo recibimos los méritos de Cristo y somos liberados del pecado e injertados en Cristo para ser hijos de Dios y participar de su santidad. (…) Dios quiere que todos se salven (1 Tim 2, 4), pero no todos se abren a la gracia que santifica. Para salvarse es necesario renunciar al pecado y seguir a Cristo con fe”.

                Cada  2  de noviembre la Iglesia celebra una fiesta solemne por todos los difuntos Se  trata de una conmemoración, un recuerdo que  se hace en favor de todos los que han muerto en este mundo (fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados. . ¿Qué  es  el purgatorio? Es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.  En  su libro   Camino, 571,  San  José Escrivá  de  Balaguer dice: “El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con Él”.

            Llegar  a  la  meta  es nuestro  objetivo para ello  nos   anima  el  papa  Francisco: “Alimentemos nuestra espera del cielo, ejercitemos el deseo del cielo y por  aquellos  que  murieron ofrezcamos  nuestra oración intercesora .Miremos hacia arriba,  nuestra  meta, porque estamos en camino a la cima. (…) “Estamos en la sala de espera del mundo para entrar en el cielo, para participar en ese ‘banquete para todos los pueblos’  que  nos prepara  el Señor”. “La  mejor  manera de prepararnos para el día del juicio es: “Amar gratis y sin reembolsos, sin esperar nada a cambio”. “Preguntémonos: ¿Vivo lo que digo en el Credo, espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero’?      

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