Luz para el mundo: Padre Pío

Escribe Marisel Merlos  


 “No se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine” (Mt5, 15). Sin duda el  Santo Padre Pio fue una luz que se encendió en San Giovanni Rotondo  para el mundo entero y aun hoy continúa su obra  iluminando y convirtiendo  a los fieles que con devoción se encomiendan a su intersección. Este fiel seguidor de Cristo y de San Francisco vivió una espiritualidad muy profunda y se dio a Dios y los hermanos con total desprendimiento de sí mismo. Su misión era reconciliar a los hombres con Dios y por ello pasaba largas horas en el confesionario pudiendo leer las conciencias, quienes acudían a él, recibían luz, dirección, consejo y consuelo. Recitaba el Santo Rosario varias veces al día, amaba profundamente a la Virgen María y era devotísimo de ella, la llamaba “Mamita, mamita mía”. Solía aconsejar: “Amen a la Virgen y háganla amar…. Reciten siempre el Santo Rosario. Permaneced como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados”. En gran parte de su vida experimentó realidades sobrenaturales,  podía ver  a Jesús, a María y a su Ángel Custodio. Su momento culmine era durante la Santa Misa,  allí experimentaba  el dolor de Jesús en el Monte Calvario;  también en su cuerpo soportó las llagas ó estigmas sangrantes. En una estampa representando la Cruz, el Padre Pio escribió estas palabras: “El madero no los aplastará; si alguna vez vacilan bajo su peso, su poder los volverá a enderezar”. Cuando le preguntaron en un reportaje que se tenía que descubrir en la Santa Misa, el respondió “Todo el calvario” y respecto a la Sagrada Comunión dijo: “es toda una misericordia interior y exterior, todo un abrazo. Pídele a Jesús que se deje sentir sensiblemente. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración”.

            El Padre de Robert, hijo espiritual del Padre Pio dijo: “La consagración nos da el Cuerpo entregado ahora, la Sangre derramada ahora. Es místicamente la crucifixión del Señor, por eso el Padre Pio sufría atrozmente en este momento”. Su mayor  debilidad eran los enfermos, en ellos veía a Cristo,  por ello se comprometió socialmente a aliviar las miserias de tantas familias y fundó el hospital Casa para el Alivio de sufrimientos.A los médicos y enfermeros recomendaba: “Ustedes tienen la misión de curar al enfermo; pero si no llevan amor al lecho de los enfermos, no creo que las medicinas sirvan de mucho. Sean portadores de Dios para los enfermos; eso será más útil que cualquier otro cuidado”.

            Él  animaba  a sus hijos  espirituales infundiéndoles  confianza: Intenta hacerlo siempre mejor: hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy”. Desde  nuestra vida  de  oración de  experimentar ser reconciliados con Dios,  es que llegamos a nuestros hermanos, ofreciendo  e intercediendo por sus necesidades, completamente unidos a la realidad- misterio de fe  y de  amor-  que se vive en los altares durante la Santa Misa:¡Jesús viene hacia nosotros en Cuerpo, Sangre, Alma  y Divinidad!, en Él  y junto  al Padre Pío, en estos tiempos difíciles de pandemia queremos ser y llevar  luz, allí  donde cada uno  se  encuentra.

            (*)  Escribe Marisel Merlos  – Consagrada  a la  Virgen, Grupo de Oración Padre Pio, Olavarría.

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