Micromenipeas: Poeta de Facebook

Como cada sábado el escritor Guillermo Del Zotto recrea un antiguo género satírico en versión microficción. Hoy: la velocidad de los mensajes.


El problema del poeta de Facebook es que conoce a sus lectores inmediatamente. Demasiado rápido. Alguien lo tiene que decir: los comentarios son insufribles. Sobre todos los elogiosos.

Dentro de los misterios de la literatura y de la poesía quizás el mas atractivo sea el lector. Ese no saber qué le pasa al que lee lo que uno escribe cuando sabe que le pasa algo.

“Escribo para que me quieran, pero de lejos” decía Roland Barthes reforzando la necesaria neurosis que hace falta en la relación con un lector.

Muchos coinciden en que es mejor no conocer personalmente a los escritores que nos gustan porque defraudan. ¿Y qué hay de los lectores? Conocerlos, para un autor, puede ser terrible. No sólo porque defraudan, sino porque pueden hacer sentir la propia defraudación.

Las botellas al mar tenían eso: el destino era el mar. El misterio era ése. Podía ser encontrando el mensaje o no. Si lo encontraba alguien, simplemente se reproducía el misterio. Se clonaba una sensación.

Que mensaje y receptor se conozcan demasiado rápido, como dijimos al principio, no es todo el problema. Italo Calvino, en “Seis propuestas para el próximo milenio” habla justamente de la rapidez como valor literario del futuro. Luego de aclarar que ese valor ya existía en la época medieval, agrega: “El caballo como emblema de la velocidad, incluso mental, marca toda la historia de la literatura, preanunciando toda la problemática propia de nuestro horizonte tecnológico. La era de la velocidad, tanto en los transportes como en la información, comienza con uno de los más bellos ensayos de la literatura inglesa, El coche correo inglés (The English Mail-Coach) de Thomas de Quincey, que ya en 1849 había entendido todo lo que hoy sabemos del mundo motorizado y de las autopistas, incluidos los choques mortales a gran velocidad”.

Calvino entrevió en la década del ochenta cómo nos comunicaríamos hoy: “en una época en que triunfan otros media velocísimos y de amplísimo alcance, y en que corremos el riesgo de achatar toda comunicación convirtiéndola en una costra uniforme y homogénea, la función de la literatura es la de establecer una comunicación entre lo que es diferente en tanto es diferente, sin atenuar la diferencia sino exaltándola, según la vocación propia del lenguaje escrito”.

A la idea de construcción del mensaje mediante la velocidad de la concisión, el poeta de Facebook debe agregarle la “velocidad de choque” que tendrá el lector que viene en sentido opuesto.  Es cuando la idea tendría que seguir a caballo. O a pie. Para no correr el riesgo de que el mensaje no solo se haga indescifrable, sino innecesario.

La menipea es un género seriocómico, derivado de los diálogos socráticos y con inicios en la obra de Antisfeno aunque  debe su nombre a uno de sus exponentes: Menipo de Gadara.

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