Nuestra Señora de Fátima triunfará


AFP PHOTO / PATRICIA DE MELO MOREIRA

Colaboración: Voluntarias el Padre Kolbe

“Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará”. Esa es la promesa que María Santísima hiciera a los pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco (y por medio de ellos, a toda la humanidad), luego de concluidas las visiones en Cova da Iria (Fátima), en 1917.  Pero, más precisamente, ¿de qué victoria se trata? ¿De qué estaba hablando nuestra Madre del cielo al regalarnos aquella frase llena de esperanza? Deja un sabor agridulce en nuestro “paladar” pues denota una relación con la tribulación, padecimiento o sufrimiento, de los que finalmente tendremos -por medio del Inmaculado Corazón de María-, el tan esperado alivio. Ese es el objetivo de aquella frase: llenarnos de esperanza. Y es que la esperanza es una virtud muy preciosa que nos sostiene en medio del sufrimiento, que nos anima a continuar con fe. Casi se puede decir, que, sin esperanza, no hay mañana.

La frase también denota éxito, victoria, triunfo y sabemos que, para obtenerlos, es necesario combatir. Entonces, de aquella frase de María en Fátima podemos inferir, que la tribulación será causada por la batalla espiritual, que tiene consecuencias y repercute en el mundo terrenal, de la que nuestra Madre, la Virgen María, saldrá victoriosa.

Las personas piadosas, sencillas y devotas sienten una profunda necesidad de hacer oración porque han acogido el mensaje de la Virgen de Fátima: hacer oración por la conversión de los pecadores y para que el mundo regrese a Dios. Al vivir de esta manera su fe cristiana, muchos hermanos lo que hacen es cumplir el encargo de la Virgen María.

También, hay otra cualidad que el amor a María Santísima imprime en la vida de los fieles: provoca valor. María Santísima integra bien estos dos aspectos: el fervor con el valor.El amor que sienten por Ella, se trasluce en compromiso y en la entrega en la vida cristiana.

Respecto de la Virgen de Fátima, Mons. Fulton Sheen sostiene que: “La revelación de Fátima nos recuerda que vivimos en un universo moral, que el mal nos autolesiona, y que el bien nos ayuda y conserva; que el problema fundamental del mundo no está en la política ni la economía, sino que se encuentra en nuestros corazones y en nuestras almas, que la regeneración espiritual es la condición indispensable para mejorar socialmente”.

Precisamente la piedad mariana lleva a esta regeneración espiritual en la que es fundamental la fortaleza y la esperanza para reconocer y celebrar el triunfo del bien sobre el mal, pues María es la que aplasta la cabeza de la serpiente. Ella sigue fortaleciendo nuestro camino para no desalentarnos en esta batalla en contra de las fuerzas del mal. No temamos: “Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará”.

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