Opinión | Con herramientas digitales es posible aprender a leer y escribir


Por Oliver Proctor, Director General de St George ´s College North

El futuro del aprendizaje en los colegios tuvo un empujón abrupto sobre los educadores cuando, en marzo de este año, el mundo entró en cuarentena. Los administradores de los colegios lucharon para instrumentar el aprendizaje online reemplazando las clases presenciales. Sin embargo, no todos los líderes de los colegios enfrentaron esto con pánico e incertidumbre; algunos ya se habían preparado para este momento. Los estrategas de la educación con pensamiento en el futuro, hace tiempo que diseñaron un nuevo paradigma del aprendizaje, utilizando la tecnología como una fuerza positiva que permita a los estudiantes ser protagonistas activos de su propio aprendizaje. Ellos sabían que los métodos de enseñanza tradicionales ya no preparaban a los alumnos adecuadamente para el mundo complejo y lleno de matices en el que viven, ni satisfacían la forma en que los estudiantes quieren aprender. De un momento a otro, la teoría y la simulación de los programas de Aprendizaje a Distancia se convirtieron en práctica. La inversión en capacitar a los profesores sobre pedagogías donde el alumno es el centro del aprendizaje y sobre las herramientas tecnológicas en educación, estaba a punto de dar sus frutos.

Este año, el verdadero parámetro de éxito en educación es cómo los colegios han podido comprometer e involucrar a los más pequeños, encarando al objetivo de la adquisición de la lectura y la escritura en aquellos que aún no tienen el dominio de las herramientas que les permiten el aprendizaje independiente. De a poco, los maestros han adaptado y creado nuevos materiales digitales amigables para estos alumnos. La investigación y la asociación con los padres ha sido importantísima. Los maestros se han convertido en “youtubers”: han diseñado actividades y juegos en la plataforma online del colegio y dan sus clases diariamente online. La palabra “diariamente” es de suma importancia en este contexto, ya que mantener la conexión entre el alumno y el maestro ha sido esencial para el aprendizaje de los más chicos.

La perspectiva de una clase invertida –Flippped Classroom– ha ayudado mucho a calmar la ansiedad de los padres y de los alumnos. Los líderes de los colegios más avanzados saben que el bienestar de los alumnos va de la mano con el progreso académico. Los maestros han compartido diferentes materiales en los sitios del colegio con una semana de anticipación para darle a los padres y a los alumnos tiempo para que los trabajen, y desarrollen su propia independencia antes de usarlos en las clases colaborativas online. Las herramientas digitales como Jolly Phonics, han tomado un lugar central en los programas de lectura y escritura tanto en español como en inglés, debido a que todos los días se expone a los alumnos ante un nuevo fonema a través de atractivos jingles e historias. Enseguida los alumnos empezaron a aprender cómo usar las herramientas que les permitían tener más confianza. Empezaron a unir los fonemas para crear palabras simples, que se convirtieron en más complejas, luego en oraciones. Al mismo tiempo, los niños empezaron a escribir conforme a su nivel. Como esto es un proceso dinámico, regularmente los alumnos se agrupan y así tienen la posibilidad de enriquecerse entre ellos a medida que comparten en forma sincrónica y asincrónica. Ya a mitad de año el programa de lectura fluida está en pleno desarrollo. Me imagino que se preguntan: “¿cómo puede ser que se haya desarrollado tan rápido sin ir al colegio?” La respuesta es simple: el aprendizaje activo centrado en el alumno, con la tecnología como un disruptor positivo, es divertido, y cuando disfrutamos del aprendizaje, lo hacemos más rápido y mejor. Todos queremos volver a las aulas, pero las técnicas que se han aplicado este año, de una forma u otra, han venido para quedarse.

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