Opinión| ¡Jubilados argentinos, uníos!


Por Carlos Paladino

En 1848, Marx y Engels, publicaron el “Manifiesto del Partido Comunista”, y cerraban el texto con la famosa frase “¡Proletarios del mundo, uníos!”. Llegaban a la conclusión de que más allá de lo que significaba la fuerza bruta del trabajo, la persona trabajadora no le interesaba a nadie.  Ni al Estado, ni al empresariado, ni a los sectores políticos, ni a la religión. Eran un engranaje del proceso productivo sin asignación de importancia. Es un análisis simplón del pensamiento de tan gravitantes filósofos para las relaciones de las futuras leyes laborales, pero, creemos que nos hacemos entender. Lanzaron un grito desafiante y perentorio que buscaba despertar a los trabajadores del sopor en que estaban inmersos. En la evolución del progreso tenían que saber que sus trabajos constituían una parte trascendente del armado de una producción que aparentaba ser indefinida.

Después, la situación laboral del proletariado de los países cambió para mejor y esa mejoría también se reflejó en sus jubilaciones. 

Hoy, ningún sector social postergado, como el de los jubilados y pensionados argentinos, es tan tenido en consideración a la hora de los discursos proselitistas, insistimos; tenido en consideración. Porque, hasta ahí llegó mi amor.  Al igual que los proletarios de antaño, no son la prioridad de nadie. Podríamos inferir que romper con las falsas promesas, sería quebrantar una costumbre que pasa de generación en generación. Es más, las buenas tradiciones reclaman ser mantenidas. Los jubilados vienen siendo el último “orejón del tarro” en el presupuesto de las altas prioridades. Se promete, pero, por desgracia, siempre aparecen como de la nada, otras prioridades. Por ejemplo, gastos superfluos estatales, organizaciones partidarias, el Cuerpo Colegiado Privilegiado  Muy tibiamente se hacen oír los sindicatos, los partidos políticos, los congresistas opositores y el mutismo de  los oficialistas. Seguro que de algunos otros con cara de circunstancia nos olvidamos. Así, mes tras mes, los haberes jubilatorios caen, sin guardar una regulación que garantice su estabilidad de consumo; y cuando el gobierno decide un ridículo e irritable aumento, lo muestra más como un beneficio de puro bueno que es, que algo que les corresponde por ley y bien ganado.

Miren si la dirigencia no ha sentido desazón por los viejos.

En mayo de este 2020, el gobierno nacional anunció que las jubilaciones y pensiones serían incrementadas un 6,12%; ahora el haber mínimo pasaría a ser de $ 16.864.=. (estaba en $15.891.=. 

La magnitud de la medida, mereció ser anunciada en conferencia de prensa desde la Casa Rosada. Pasó que desde diciembre el Congreso había suspendido la fórmula de movilidad jubilatoria, establecida por el gobierno anterior y, el Presidente, por decreto, iría anunciando trimestralmente los aumentos. Al decir de la Casa de Gobierno, los aumentos, de aplicarse  a fórmula previa “son impagables”. Estaban en lo cierto, con estos números se podían caer “los haberes pagables”. Como la plata de los que aportaron toda una vida no alcanza, se les hizo una quita a los que no cobran la mínima. Las voces disidentes no hicieron el ruido que merecía la arbitrariedad. Los jubilados ricos hicieron un injusto sacrificio en favor de los sueldos “pagables”. El Presidente, en diciembre,  y alusivo a la Ley de Emergencia Nacional, puso énfasis al decir: “Lo único que hacees pedirle a los que tienen privilegios que aporten un poco más”. ¿Entonces, los jubilados que no cobren la mínima son privilegiados?…¿Por lo visto…?. El presidente se hizo fuerte en las palabras de Su Santidad El Papa. “Algunos miserables olvidan a quienes trabajan para ellos y en la crisis los despiden. A esos miserables – aseveró – les habló el Papa Francisco”

La mención del papa nos da pie para observar el tratamiento que a este problema social, injustificado y piadoso, le dan los Ministros de la Iglesia. Avisaron que lanzarán una advertencia sobre el ajuste que prepara el gobierno nacional (un centenar de obispos argentinos). El equipo Pastoral Social de la Diócesis de Córdoba vió los números que arroja el nuevo cálculo para reformular los haberes jubilatorios y expresó que llaman a la reflexión a diputados y senadores nacionales,”…para que eviten poner sobre las espaldas de los adultos mayores el peso del ajuste…, son personas no descartables y añade que, a veces parecemos un país ensañado” , con ellos. Llaman a observar que; “desde hace décadas los ajustes siempre recaen, de una u otra forma, sobre los jubilados y pensionados…”. 

Esperemos el documento definitivo de la Iglesia; desconocemos cuál será el apriete que le pueden imprimir al Gobierno. En tanto la Iglesia Católica sea sostenida por el Estado Argentino, “entre bueyes no hay cornadas”.

Pese a la actitud grave de los obispos, hay señales que llaman la atención. Su Santidad Francisco, en una nota respuesta a otra recibida de ex alumnos suyos, les dice que aunque no está enterado “en detalle” de todo lo que ocurre en el país, “algunas cosas me preocupan”. Lo citado nos abre dudas; ¿el Vicario de Dios, argentino por sobre todo, desconoce en detalle los problemas comunes que nos agobian?. Podría comprenderse en un papa de otro continente, ¿pero un Pontífice que hizo toda su carrera sacerdotal en Argentina y abraza la causa de la pobreza, puede ignorar realidades tan evidentes?. No suena sincero. Da la impresión que por ese lado, los jubilados tampoco pueden esperar mucho. O, si, ¡están en manos de Dios!. En Él tienen confianza. 

“Con 19,400 pesos no podés vivir”, se oye de los jubilados y pensionados. Acaso para unos pocos medicamentos y alguna sopita, alcance; si comen mucho les hace mal. No obstante, y a pesar de todo, los gobiernos  – a su turno – de Bona Fide, en algún momento se enternecen con aquellos. Es un consuelo político religioso, que los pobres pasen bien el fin del año; no se lo concibe sin sidra, pan dulce y algún que otro ingrediente navideño. Por eso las autoridades han determinado un suplemento caritativo de 1.500 pesos por jubilado. El resto del año que se jodan, ya veremos; pero, para Fin de Año que tengan la panza llena y el corazón contento. ¡Ah!, y, por si fuera poco, se está trabajando ” con la Cámara de frigoríficos para tener tres cortes parrilleros para las fiestas”; por supuesto, a precios más bajos que los actuales. ¿Qué más quieren?…¡Eh!… ¡¡Ya está!!, terminamos el año con la conciencia en paz.

Son escasas las ilusiones que transmiten las fuerzas que deben preocuparse y salvaguardar la vida de los licenciados de trabajar. No son un factor social que deba ser considerado, ni temido. La historia nos expresa que nunca fueron el quebradero de cabeza de ninguna entidad u organización política alguna; más allá, claro, de la perorata discursiva. Por eso...¡¡ JUBILADOS ARGENTINOS, UNÍOS !!  Están solos.      . 

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