Opinión | Tecnología y educación técnica: prioridades y desafíos post 2020


Por Federico Del Giorgio Solfa

La educación técnica en América Latina ha resistido intensas transformaciones, producto de cambiantes políticas económicas y educativas. Afortunadamente, las escuelas de educación técnica aún están presentes y conservan su potencial en la mayoría de nuestros países.

Quienes transitamos desde estudiantes y participamos como docentes en instituciones técnicas educativas, tenemos el compromiso de mejorar y adaptar la educación técnica a los nuevos desafíos globales, que determinan las características tecnológicas de la industria y el trabajo.

Este desafío, requiere centrarse en el diseño, emprendedorismo e innovación tecnológica, claves esenciales para el desarrollo industrial local, entendido éste como objetivo que debe organizar las acciones productivas de una sociedad, creando empresas e industrias y garantizando un adecuado nivel de bienestar para su población.

Para avanzar hacia ese bienestar, como comunidad, debemos incorporar metodologías y prácticas para cuidar el territorio, abordando la complejidad multidimensional que se requiere e incluyendo sistemáticamente el cuidado ambiental.

La dimensión ambiental junto a los enfoques clave descriptos, deben integrarse adecuadamente en la enseñanza técnica de cada nivel de formación.

Desde la dimensión pedagógica, rescatamos aquellas prácticas técnicas del taller tradicional como método; en las cuales, las prácticas proyectuales bajo un enfoque emprendedor y tecnológico, apunten al desarrollo económico local y puedan incorporarse paulatinamente en el proceso formativo.

Desde esta perspectiva, se concibe el modelo de “escuela industrial”, donde la comunidad educativa pueda ejercitar integralmente las prácticas tecnológicas e industriales, necesarias para formar técnicos emprendedores con compromiso social y ambientalmente responsables.

Por esta razón, estos criterios deben conformar el objetivo educativo para desarrollar modelos, establecimientos y metodologías, coherente al tipo de país, región o entorno local. En otras palabras, educar para el futuro proyectado.

Los debates en torno a la educación técnica, sus metodologías y finalidad, generalizados después de la segunda guerra mundial, derivaron en el surgimiento de diversos roles en los procesos de desarrollo económico y productivo de los países. En este contexto, la formación técnica ha tenido un papel clave en la implementación de políticas de desarrollo tecnológico.

Cuando se analiza la evolución de la educación secundaria técnica y cómo fue influenciada por los diversos modelos productivos, desde el fordismo hasta el desarrollo local en la globalización, encontramos una constante: mucha tecnología y poca industria.

Al examinar estos debates y profundizar en casos representativos de países latinoamericanos, éstos reflejan abordajes particulares para cada territorio. Muchos enfocados a necesidades de sectores marginados de la población, concibiendo que la formación para el trabajo en la instancia de educación secundaria es quizás la última oportunidad de capacitación para muchos sectores, pero generalmente las soluciones educativas evidenciadas conllevan un carácter técnico artesanal.

Este tipo de enfoque, que es socialmente sensible y propone soluciones para la comunidad en base a los recursos locales, encuentra un alto nivel de fracaso en el mercado, ante el contraste de los productos industriales.

Basándonos en la lógica de anticipación que hemos verificado en la historia de los sistemas técnicos educativos, advertimos que las actuales configuraciones no se ajustan a los desafíos productivos, dominados por competencias de mercado, en muchos casos sustentadas por innovaciones tecnológicas, reciclado de materiales y cuidado ambiental.

Entendiendo esto, consideramos que deberían sumarse al esquema, competencias técnicas y profesionales en innovación conceptual y tecnológica, para responder a las necesidades productivas e industriales que -en un futuro inmediato- se presentarán como indispensables para alcanzar un grado aceptable de competitividad en el mercado nacional, regional e internacional.

Las prácticas deberían desarrollarse, aplicarse y ejercitarse para cada uno de los sectores industriales, para que junto a herramientas creativas y socio-colaborativas, permitan obtener mejoras en procesos y productos que impacten en las diversas escalas productivas: emprendedorismo, pequeñas y medianas industrias.

Asimismo, el acento debería estar en los espacios curriculares en los que se forma a los alumnos para el desarrollo de emprendimientos, desde el descubrimiento de la necesidad hasta la ejecución final del proyecto. Específicamente, formar a los futuros técnicos industriales en la detección de potenciales nichos productivos y su capitalización para el futuro laboral, como clave para contribuir al desarrollo local-territorial.

En este marco, la educación deberá desarrollar competencias y contribuir a la generación de iniciativas empresariales, basadas en habilidades de negociación, liderazgo, desarrollo de nuevos productos, pensamiento creativo e innovación tecnológica, siempre, contemplando las diferentes escalas productivas.

En particular, los contenidos relacionados con el diseño de productos y el emprendedorismo, permiten el paso experimental por una amplia variedad temática, que abarcan desde el microemprendimiento hasta el desarrollo local, comprendiendo todas las instancias productivas en diversos sectores industriales; desde la búsqueda de ideas y diseño de productos (pasando por la producción) hasta la comercialización. El estudio de temáticas inherentes a la industria y las prácticas en el medio productivo (en la industria o en la escuela), pueden mejorar significativamente la inserción laboral de los egresados.

Como corolario, el desafío es evolucionar de la educación técnica a la industrial, será entonces menester incorporar en la teoría y práctica, los procesos de mediana y alta serie, donde se involucre una amplia diversidad de materiales y tecnologías de producción, contemplando los distintos sectores industriales (alimenticio, plástico, metalmecánico, automotriz). De esta manera, podremos transformar el perfil de “artesano técnico” a “emprendedor tecnológico”.


Federico Del Giorgio Solfa

Técnico Mecánico Nacional, Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET).Diseñador Industrial, Profesor en Diseño Industrial, Magister en Marketing Internacional, Profesor Titular Ordinario en la Cátedra de Gestión de Proyectos y Profesor Estable de la Maestría en Diseño y Marketing, de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Especialista en Gestión Pública, Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Master in Diritto, Economia e Política dell’Unione Europea, Università degli Studi di Padova (UNIPD). Profesor Titular de posgrado en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Profesor Invitado en el Doctorado de Diseño, Universidad de Palermo. Investigador Adjunto sin Director y Miembro de la Comisión Asesora Honoraria en Ingeniería, Arquitectura y Tecnología (INART), de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA). Miembro del Comité de Pares en Ciencias Aplicadas de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Autor y ensayista internacional, entre sus libros se destacan: Introducción a los materiales y tecnologías de producción (2009), Benchmarking en el sector público: aportes y propuestas de implementación para la provincia de Buenos Aires (2012), y como coautor: Pursuing Competition and Regulatory Reforms for Achieving Sustainable Development Goals (2016) y Educación, diseño e innovación en Latinoamérica (2018).

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