Panorama político bonaerense: Dos indicios clave en el arranque del verano

Las señales que mira Kicillof sobre la interna en la Provincia. La confianza en ser candidato único y la estrategia de estirar las definiciones. El radicalismo susurra ya la necesidad de un acuerdo con PRO, con la diferencia de que eso no evitaría la competencia interna.


Por Andrés Lavaselli

Inciertas, provisionales y ciertamente reversibles, dos definiciones electorales comienzan a despuntar en la política bonaerense. En el Frente de Todos, Axel Kicillof confía en que irá a la reelección sin interna aunque cree que, cuanto más tarde se defina eso, mejor. Mientras, en Juntos el radicalismo susurra, con tono de resignación, que la opción de un acuerdo con PRO para secundar formula/s va a ser difícil de evitar.

El Gobernador no pudo convencer a Sergio Massa de que la mejor opción era no pagar el fallo de la Corte sobre coparticipación. Pero ahora diseñaron juntos, en una publicitada reunión en Mar del Plata, un desafío directamente asociado a esa vía de acción: cómo financiar a la Provincia en el año electoral. Son los dos actores clave de la definición del rumbo económico 2023 y de eso, en general, también dialogaron. Si la obsesión del Ministro es la inflación, la de Kicillof es el consumo: prolongar desde marzo –con obras y asistencia- un verano que, desde diciembre y mundial de por medio, viene demostrando ser más positivo de lo que él mismo esperaba.

La arquitectura electoral que se monte sobre esa economía aún no entró en zona de definiciones. Pero es sintomático que cerca de Kicillof digan que nadie planteó, en firme y en la mesa donde se debate la estrategia, la posibilidad de una interna. Es que justo esta semana circularon rumores sobre un lanzamiento de Martín Insaurralde para final de mes, que nadie confirma ni descarta. Una paradoja que es solo aparente: el Gobernador deja entrever que cree que no habrá competencia, pero sostiene que cuánto más tarde se confirme eso, mejor. Tiene que ver con los costos de una renuncia anticipada del lomense a sus aspiraciones.

Sobrevuelan, sobre esas especulaciones, un par de razonamientos. 1) Si bien, por su nivel en las encuestas, Kicillof aparece como quien está en mejor posición relativa para retener la Provincia, los mismos estudios marcan una elección muy ajustada. “No sobra nada”, dicen. 2) Kicillof no asegura un triunfo en un balotaje. De la conjunción de 1) y 2), la conclusión es: ¿para qué arriesgar un territorio que puede ser clave no solo como refugio en una eventual derrota nacional, sino incluso para mejorar la perfomance en el nivel presidencial?

La irrupción de Juan Schiaretti (o Juan Urtubey) como nuevos candidatos opositores es leída, por lo demás, como un dato positivo. Creen que evitaría que PRO llegue a un 70% en Córdoba, lo que minimiza el impacto negativo a nivel  bonaerense de una elección nacional para la cual, sin CFK en la cancha, aún no hay candidatos que aseguren al oficialismo lo que el Gobernador parece asegurar en la Provincia. Hay que tener en cuenta además, en ese escenario, la fragilidad del FdT en distritos como Santa Fe, Entre Ríos o Mendoza. El cordobés, en un punto, reportaría al oficialismo un servicio –involuntario e indirecto-  similar al que le presta Javier Milei: en primera vuelta al menos tiende a dispersar el voto opositor, una clave para Buenos Aires, donde no hay balotaje.

Los mixtos

Diego Santilli prepara, para febrero, una especie de “pre lanzamiento”: sin un acto, formato que juzgan en su trinchera improcedente en tiempos de enojo del ciudadano medio con la política, dará una señal clara, probablemente a través de sus redes, de que encabezará una boleta a la gobernación. El Diputado viene se difundir una foto con Mauricio Macri en Mar del Plata que busca esterilizar versiones de una mala relación. Ese gesto tal vez alimentó una esperanza que cultiva por estos días, basada en algunas encuestas que le dan bien: que se pueda lograr un acuerdo en Juntos por el Cambio.

“Imposible” responden en el otro campamento clave, el de Patricia Bullrich. “Estamos firmes, porque la guerra arriba es total”, describen en su entorno, en referencia a la pelea con Horacio Rodríguez Larreta y al hecho de que Macri no define qué hará. Añaden que “no nos podemos dar el lujo de no pelear en provincia y en municipios porque Patricia necesita retener dirigencia”. En febrero, la exministra estará de vuelta de sus vacaciones y con campaña a pleno. Un pequeño enjambre de dirigentes figura para representarla en Provincia, algunos de los cuáles también son apadrinados por Macri

Con esa disputa por ahora en estado de inevitabilidad, lo que comienza a asomar por detrás es una cierta resignación en el radicalismo: sus candidatos completarán fórmulas mixtas encabezados por nombres de PRO, se dice allí. Nadie, ni por asomo, lo admitirá en público y es lógico: aún falta mucho para definir las listas. Pero es una idea que se fortaleció después de la foto de Gerardo Morales con Martín Lousteau y Larreta, armado al que hizo señales de bienvenida Elisa “Lilita” Carrió.

En la provincia, los candidatos radicales nacionales no miden mucho, por lo que en muchas mesas del poder territorial de la UCR en realidad lo que se está mirando –además de quiénes podrían completar la fórmula a gobernador, lugar para el que se anotan al menos dos mujeres y un varón- cómo evolucionan las pre candidaturas de Larreta, Bullrich, Santilli, Ritondo o Grindetti. El desafío es desentrañar a quién conviene acercarse. (DIB)

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