Panorama político bonaerense: Historias del callado y el renacido

 Por Andrés Lavaselli, de DIB.

“Hermetismo” y “horizontalidad”. Esas dos palabras bastan para sintetizar la conversación política actual a ambos de la grieta bonaerense. La primera se aplica al Frente de Todos, donde Axel Kicillof provoca inquietud en intendentes y gremialistas, no solo por la composición del gabinete. Y la segunda a Cambiemos, donde Jorge Macri y María Eugenia Vidal quizás no sean los únicos actores que haya que mirar.

La anécdota ocurrió en la semana. Un gremialista importante de la provincia, hombre podría decirse que moderado y acostumbrado a negociar con administraciones de todo pelaje, quiso ver al gobernador electo. No lo animaba un temperamento combativo ni mucho menos: en la previa hizo saber que comprendía el escaso margen para obtener un aumento salarial que supere a la inflación. Pero ni así logró su objetivo: apenas llegó a ver a un secretario.

Sus colegas de otras organizaciones sindicales, más combativos ellos o, si se quiere, menos identificables con la administración saliente, no tuvieron mejor suerte. “Queremos saber cómo se va a cerrar el año, si va a haber un bono compensación”, se preguntan, acaso sugieren, en esa otra central. Esa última sospecha, dicen, surge del dato de que la paritaria estatal está frenada por un pedido que recibió Vidal de Kicillof, al que intuyen preparando un anuncio que desconocen.

Los docentes también están algo perplejos. Tienen señales claras de parte del presidente electo, Alberto Fernández: Es bastante probable que les devuelvan la paritaria nacional que eliminó el gobierno de Mauricio Macri. En la provincia tienen que cobrar un ajuste del 2% vía “cláusula gatillo”. Pero saben poco más que eso, que además ya sabían antes de las elecciones. Tal vez por eso, Roberto Baradel deslizó en público que deberán comenzar a negociar aumentos “anticipadamente”.

A diferencia de las anteriores, otra escena clave no ocurrió en pasillos ni antedespachos. Se desarrolló en Ensenada, tierra del leal kirchnerista Mario Secco, donde se juntaron un grupo de intendentes peronistas, con mayoría de kirchneristas “paladar negro”. Obvio que  no hubo reproches, pero el mutismo que la rodeó es en sí mismo un mensaje, buscado, de cierta inquietud. “Nos peleamos cuatro años con Vidal, el triunfo también es nuestro”, resumió uno de ellos.

Es más: Al parecer no solo quisieron dejar claro que les gustaría –o que pretenden- “influir” en el diseño del gabinete, lo que no necesariamente quiere decir que uno de ellos tenga que asumir un cargo. También es una manera de expresar una preocupación de gestión: cómo transitar un fin de año que asoma estrecho en lo financiero, con un aguinaldo que algunos ven difícil de pagar. No es una preocupación que concierna solo a alcaldes del nuevo oficialismo. En absoluto. 

Está claro que ninguna de estas incógnitas y ansiedades supone tirantez de quienes las protagonizan y padecen en su relación con Kicillof. Pero también es verdad que a muchos de ellos, que esforzadamente tratan de amoldarse al estilo del nuevo gobernador, les sorprende cierta dificultad que perciben –y que esas escenas delatarían- para aceitar la interlocución específicamente política. “Hay pocos canales, se dice muy poco”, es una observación repetida.

A eso hay que sumar alguna advertencia que dejó caer el propio Kicillof, respecto de la poca injerencia que tendrán las “tribus” del oficialismo en tanto tales en el armado de su gobierno, algo que los nombres que trascendieron hasta ahora –ninguno confirmado- parece confirmar. Lo central es que la excepción a ese principio es Cristina Fernández: ella aprueba y hasta en algún caso (parece ser el de la estratégica área de medios) digita. Se configura así un mapa del poder bonaerense.

El renacido

Mientras Kicillof escribe (él mismo, con revisión de su esposa, Soledad Quereilhac, doctora en letras de la UBA) un discurso de asunción que tendrá una profusa descripción de la “herencia” recibida –una suerte de “estado del Estado”, Vidal planea una bienvenida áspera. Será una especie de primer contragolpe que tendrá su escenario en la cámara de Senadores, a unos metros de dónde el gobernador hablará ante la Asamblea Legislativa.

La gobernadora ya se lo habría dicho a los suyos: quiere una postura dura respecto a los proyectos de emergencia que, supone, presentará Kicillof para varias áreas. Pero tal vez no sea una postura monolítica: hay quien dice que la vicepresidencia de la cámara Alta podría ser el precio del deshielo. Por lo pronto, Vidal anotó una derrota poco visible pero anticipada: debió aceptar integrar una mesa política provincial en la que aparece a la par de Jorge Macri.

“El liderazgo es de María Eugenia, lo que no hay más es jefatura”, es la ambigua fórmula con la describen al situación cerca del alcalde de Vicente López. Pero tal vez a esa mesa la falte una pata ¿Emilio Monzó reactivará su viejo plan para ser gobernador? Dicen que así lo decidió, tras rechazar una oferta tentadora de Alberto Fernández. En esa carrera podría, además, tener un aliado interno insospechado. (DIB) 

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