Presentación de Jesús en el Templo

Escriben Misioneras de la Inmaculada, Padre Kolbe.


            Cuarenta días después del nacimiento de Cristo, María cumplió con el precepto de la Ley de Moisés, se sometió al rito de purificación, cumplió también la ley de los primogénitos con la ofrenda de los pobres: dos pichones de paloma.  En este ofrecimiento de Cristo en el templo está incluido el ofrecimiento de María. Se confirma nuevamente su sí incondicional de la Anunciación: “he aquí la esclava del Señor”.

            En la Presentación de Jesús en el Templo se aprecia el modelo de acogida y de donación de la vida de María y José y de Simeón y Ana quienes, en palabras del Papa Francisco,  “no eran iguales, eran distintos, pero todos buscaban a Dios y se dejaban guiar por el Señor, muestran una actitud de “movimiento” y de “asombro”: movimiento, porque “nos muestran que la vida cristiana requiere dinamismo y exige voluntad de caminar, dejándose guiar por el Espíritu Santo. El inmovilismo no es adecuado para el testimonio cristiano y la misión de la Iglesia. El mundo necesita cristianos que se dejen mover, que nunca se cansen de caminar por las calles de la vida, para llevar a todos la consoladora palabra de Jesús”. En cuanto a la actitud del asombro, el Papa destacó que: “María y José estaban asombrados por las cosas que se decían sobre Jesús”. (… ) La capacidad de asombrarnos por las cosas que nos rodean favorece la experiencia religiosa y hace que el encuentro con el Señor sea fructífero. Por el contrario, la incapacidad de sorprendernos nos hace indiferentes y amplía las distancias entre el camino de la fe y la vida cotidiana”  “siempre en movimiento y dejándonos abiertos al asombro” “que la Virgen María nos ayude a contemplar todos los días en Jesús el don de Dios para nosotros, y que nos deje envolver por Él en el movimiento del don, con gozoso asombro, para que toda nuestra vida se convierta en una alabanza a Dios al servicio de nuestros hermanos”.

            A esta Fiesta también se la conoce como Fiesta de la Candelaria, la fiesta de la Luz. Decía el papa San Juan Pablo II: “Es la fiesta de la Luz: Cristo que ilumina en profundidad el misterio del hombre, es un día para recordar nuestro Bautismo. Demos gracias hoy por la Luz que está en medio de nosotros. Este día es la fiesta de Jesucristo y es también la fiesta de María su madre. Ella lleva al Niño en sus brazos. También en sus manos Él es la luz de nuestras almas, la luz que ilumina las tinieblas de la conciencia y de la existencia humana, del entendimiento y del corazón”.

            En esta fecha  se  celebra la XXV Jornada de la Vida Consagrada que lleva por lema «La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido».   “… una fecha que nos impulsa a emprender un nuevo tramo del camino, sabiendo que seguimos llevando las candelas del Resucitado; lámparas de fuego capaces de alumbrar cualquier oscuridad, cualquier incertidumbre”. (Papa Francisco).

Colaboración de las Misioneras de la Inmaculada, Padre Kolbe.

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