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Producción y vacunas, una patriada a concretar

Escribe Carlos Paladino.

Foto: Ilustracion

Escribe: Carlos Paladino

Imposible negar la realidad si es palpable. Lo dicho se constata en el maltrato que el gobierno le asigna al trabajo encarnado en los cuentapropistas, en los emprendedores y en otros productores de trabajo, bienes y empleos. Los síntomas son percibidos por la actividad del sector privado. Dado la vieja data de la cuestión, casi que nos atrevemos a decir que es un problema connatural del país. El partido gobernante acuña antecedentes que pueden ser observados. Juan Domingo Perón, integrante del GOU (Grupo de Oficiales Unidos, logia de carácter nacionalista fundada en los cuadros internos del Ejército Argentino; actor del derrocamiento del Presidente Ramón Ortiz, en1943) convenían en que los enemigos a combatir eran; los judíos, los masones y la sinarquía internacional. Aunque estos conceptos perdieron su rigidez, sirven para el análisis. Combatir el poder económico de la sinarquía era indispensable para la libertad de las naciones. El Estado, entonces, debía controlar e intervenir en la economía vernácula. Este proceder fue tomando la forma de costumbre argentina.

Si un Estado regula en exceso la actividad económica, deja de ser regulador para convertirse en un instrumento invasivo que coarta la libre gestión, la inventiva empresarial. Si, encima, lo agrede con gravámenes abusivos, el mercado nacional a corto plazo va a acusar sus efectos y sus defectos absorbidos por la población. El gobierno cataloga y trata por igual a todo el capitalismo; como a un neoliberalismo que conducirá a un «darwinismo social» con una irreversible caída libre en la «supervivencia del más apto». Son argumentaciones falaces que pretenden aplaudir las políticas intervencionistas desaforadas del estado sobre el trabajo del sector privado y la libertad del mercado. Políticas concebidas para los regímenes autocráticos que lo único que han logrado es una sobredimensión estatal que consume más que la suma de los ingresos genuinos le permite. Hay capitalismos con sentido social (ya no se los menciona con ese nombre), democráticos, que no necesitan del exterminio social; ni de las fuentes productivas, ni del mercado, ni de la dignidad humana. Supeditados a este sistema se desarrollaron muchas naciones. Lejos de eso, fomentan con créditos a las Pymes (pequeñas y medianas) y no manifiestan tirria obsesiva, ni ven como un diablo al acecho a las grandes empresas. Se regulan con el consenso democrático de las partes involucradas. Asimismo, entra en la consideración de los gobiernos dictatoriales, el egoísmo y los celos que brotan, al comprobar que la ciudadanía no precisa de la dádiva gubernamental para sobrevivir, sino que, por medio de su personal esfuerzo logra vivir y desarrollarse con las oportunidades que le otorga su país. El progreso en libertad, se distingue de la injusticia social que esconde la autocracia.

El régimen autocrático, para conservar su predominio, recurre a los favores (no gratuitos) de otras organizaciones de similar calaña, que harán oídos sordos a la medios razonables con tal de mantener el poder político. Los sindicatos de trabajadores, por mencionar algo. Por lo general, la violencia no ha estado ausente a la hora de elegir a sus representantes. Y, una vez elegidas sus autoridades, las acciones violentas siempre estarán presentes como elemento coercitivo a emplear en las negociaciones. Si se cuenta con el favor del gobierno; es fácil.

Vayan ejemplos concretos. Modelos que se encuentran «a rolete» en el centro, en los barrios, en las localidades vecinas, de cualquier ciudad o pueblo del país. El movimiento económico que se origina a través de: supermercados; farmacias; talleres; almacenes; tiendas; farmacias; panaderías, bares, etc., propiedad de personas de avanzada edad que, premeditadamente, se responsabilizan por los riesgos que implica; es de padre y muy señor mío. Gente que debería estar bajo el amparo y la seguridad del estado con el que tanto ha contribuido. Sin embargo, sin ningún miramiento, están sujetos al arbitrio de los distintos estamentos oficiales. De acuerdo a la necesidad e intereses, es el apriete de los organismos recaudadores como: AFIP, ARBA, servicios, tasas, otros gravámenes y demás etc., etc.; creados por un Estado que de Benefactor.no tiene nada. Si tiene empleados, el sindicalismo, se encargará de cobrarle en nombre de los asalariados; en nombre del bienestar sindical; en nombre de otras cosas poco claras, como las inversiones particulares y, como al descuido, también adicionales para contribuir en las futuras campañas políticas. Por supuesto que en apoyo al poder central que le da piedra libre para enfrentar a quien intente pisar la raya.

En el siguiente ejemplo, figuramos a la cantidad de negociantes en igual situación. Un reconocido comercio de nuestra ciudad, sigue estando atendido por su dueño, un hombre de más de 80 años que comenzó a limpiar zapatos cuando era un niño, pequeños ingresos que contribuyeron a pasar el mal momento por el que atravesaba la familia. Otros chicos, hacían la lógica, jugaban. Así le tocó en suerte y así enfrentó la vida. ¿A quién podía quejarse? A puro pulmón pasó esa etapa y fue ascendiendo en el rango social, hasta transformarse en un ciudadano reconocido por su gestión. El esfuerzo personal, la contracción al laburo y la conducta, eran las herramienta usadas para superar etapas y progresar. En esos tiempos no se le echaban las culpas al gobierno. Para ganarle a la penuria económica, sólo se pedían oportunidades de trabajo, lo demás quedaba en manos del interesado. La jubilación por largos años de trabajo, asciende a 20 mil y pico de pesos mensuales; determinante para que, y a pesar de los achaques, siga trabajando, manteniendo al personal a su cargo. Cualquier advenedizo que ocupe un rato algún cargo político tendrá, seguramente, mejor remuneración. El estado argentino ve en él, una óptima ocasión de extraerle parte del dinero necesario para mantener activo al engranaje libertino, ineficaz y dadivoso que sirva a sus fines políticos. No olvidemos la presión tributaria que soporta de parte del estamento recaudador tributario. Insistimos, esta situación particular es un modelo de los muchos casos que se repiten en el territorio nacional. Trabajan todos los días y bajo cualquier circunstancia; con pandemia y sin pandemia. Grupos productivos menospreciados y relegado a la hora de vacunar; sus dosis fueron a parar al sacrosanto Vacunatorio Vip, entre los que se hallan los preferidos del régimen gobernante; por caso, la rozagante juventud; «los soldados de Cristina», como algunos se auto titulan o, los otros que «juran por la jefa». Está bien. hay que salvar, primero, a «la reserva moral» del justicialismo, (¿o del Cristinismo?).

Queremos abreviar; que se joroben por creer que apostando a su espíritu independiente estaban contribuyendo con el crecimiento del país. Pero, claro, es inentendible para una generación enquistada en la supremacía política.
Por más que la corriente filosófica del gobernante contradiga el libre mercado, no puede ser tan obtuso e ignorar una fuente tan importante de recursos económicos

En cuanto a la crisis pandémica; tendremos que dotarnos de templanza, paciencia y cuidarnos mucho. Donde recaen las culpas, ahora no vienen al caso; las dosis entran a cuenta gotas y la solidaridad nos enseña la responsabilidad que nos cabe, En nuestra América Latina, la pobreza y la indigencia desborda por todos los costados. Ciertos países registran mayor contagios en niños y jóvenes que en personas adultas. Y, a los chicos los debemos salvar entre todos y a toda costa; sin egoísmo. La gravedad la explica muy bien el Ministro de Desarrollo, señor Daniel Arroyo; «Ser un chico pobre hoy en la Argentina es ser un chico sin oportunidades, mal alimentado y que va a reproducir las condiciones previas de vida, esto es la pobreza intergeneracional» Bien por un funcionario que reconoce la realidad. Los dichos del ministro son sustentados por Unicef Argentina. Las provincias mayor subsidiadas por el gobierno central pasan por momentos críticos. Hay que vacunar pronto y en mayor escala. El achique del Estado es fundamental si queremos aumentar las disponibilidades y comprar vacunas. ¿La casta privilegiada encabezará la patriada ética que todos esperamos?

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