Psicología en tiempos de Inteligencia Artificial


Joaquin Crespo (*) – Colaborador Agencia Comunica

La Inteligencia Artificial es un hecho que nos habita, nos rodea y es muy difícil abstraerse de ella. Entonces, alrededor de los avances tecnológicos surgen ciertas preguntas. ¿Las prácticas que hoy conocemos podrían ser modificadas totalmente por las Inteligencia Artificial? ¿Cómo se adaptará la psicoterapia a estos cambios? ¿Es necesario indagar en el tema y adaptarse a las nuevas tecnologías?
Para comenzar, vale aclarar de qué se trata la Inteligencia Artificial (IA). Santiago Bilinkis es un emprendedor, tecnólogo y autor argentino abocado al tema de IA. Él comenta que hay en principio dos tipos de IA: la inteligencia artificial simple, y la inteligencia artificial general.

La simple busca que una computadora haga una tarea igual que una persona, por ejemplo una computadora que juegue al ajedrez, o al tatetí. La general tiene que ver con emular la inteligencia humana.

Tomemos la definición que Bilinkis utiliza para describir la inteligencia: “inteligencia es saber qué hacer, cuando no saber qué hacer” En esa línea, es que la IA se viene desarrollando.

Ahora bien, ¿Cómo afecta o podría afectar este desarrollo en la tarea diaria de los psicólogos? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que la IA se introduzca en nuestro trabajo clínico? ¿Cuánto tardará una computadora en reemplazar la figura del terapeuta, del analista, del psicólogo?

Lo cierto es que de a poco la tecnología se empieza a introducir en el espacio terapéutico. Es así que lo que hasta hace cinco o seis años parecía un disparate, hoy es un método establecido. Por ejemplo, la terapia virtual. Antes de la pandemia de Covid-19, apenas un 3% de las consultas eran realizadas de manera remota. Hoy, después del distanciamiento social, que a su vez aceleró el desarrollo de las tecnologías, no hay un porcentaje exacto de cuántos pacientes  sostienen un tratamiento virtual pero si se puede decir con claridad que es mucho más que un ínfimo 3%. Durante la pandemia el 90% de los tratamientos se realizaron de manera virtual, y luego de conocer las facilidades que ésta modalidad ofrece, fueron muchas las personas que no volvieron a la presencialidad.

Sin darnos cuenta, los psicoanalistas que habrían jurado nunca mover su actividad del consultorio, pues el encuadre psicoanalítico tiene gran peso sobre la clínica, se encuentran hoy atendiendo sujetos por videollamada.

Incluso hay quienes han logrado hacer lo que se denomina “comienzo del análisis” (cuando se pasa de la silla o sillón al diván) de manera remota. Así como antes el psicoanalista indicaba al paciente que debía recostarse en el diván para seguir con su análisis, hoy indica que a partir de la siguiente sesión la terapia será por llamada común y ya no por videollamada.

Hoy existen centros de terapia que solo ofrecen terapias virtuales, y poseen una gran demanda. Es que, ¿no es cómodo realizar la sesión sin salir de la casa? Nadie duda de que, sobre todo en las grandes ciudades, evitar el tráfico, el transporte público y demás cuestiones de tránsito facilita a muchas personas el acceso a la terapia.

En el último tiempo, las plataformas digitales que ofrecen psicoterapia han aumentado notoriamente y eso tiene que ver también con la posibilidad de abrirse al mundo, sin necesidad de realizar muchos trámites administrativos.

Es decir, un psicólogo desde la Capital Federal puede atender un paciente de otra provincia sin necesidad de tener la Matrícula Provincial, ni ser parte del colegio de psicólogos; o bien puede atender a un español sin homologar su título universitario. No viene al caso ahondar en tales cuestiones, pero si es necesario mencionarlas ya que son facilitadores que aportan al crecimiento de la utilización de dispositivos virtuales.

¿Acaso no nos empezaron a reemplazar ya los aparatos? De entrada ya se puede ver que entre el paciente y el terapeuta aparecen computadoras, celulares, tablets y demás. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que una aplicación sea creada con el fin de atender pacientes? Por supuesto que el valor agregado de las personas, con diferencia a las máquinas es la sensibilidad. Por lo que una computadora puede registrar y transmitir todos los conocimientos de Freud y de Lacan en menos de 30 segundos pero no puede, hasta ahora, aplicar esos conocimientos al síntoma particular de un paciente. Digo hasta ahora, porque ya se están desarrollando máquinas que buscan sentir y pensar.

Si la IA busca emular la inteligencia humana, ¿cuánto tiempo pasará hasta que una App que se llame “Psico ya” pueda estar disponible para iOS y Android? Una aplicación que pueda instalarse y desinstalarse según el solicitante considere.

Planteado de tal modo, parece hasta peligroso el panorama de lo que viene, y sin embargo por más bellas que sean las canciones creadas con IA y difundidas en TIkTok, no pueden compararse con la versión original de un cantautor como Spinetta.

Es cierto que en el vínculo con una App no hay sitio para la transferencia (en términos psicoanalíticos) o para la alianza terapéutica entre paciente y psicólogo. Pero, ¿no es acaso ese vínculo el que por otra parte nos motiva a ir a terapia? Es posible que solo acudamos a terapia para obtener respuestas, pero lo que nos hace sostener el tratamiento depende del vínculo que se de entre terapeuta y paciente. Y por más sensible que sea una aplicación o una máquina, jamás podrá darnos la mano para saludar, o un beso para despedirse.

Santiago Bilinkis en sus charlas cuenta siempre una linda anécdota: le pidió a la IA que embellezca una foto de su familia. La IA, siguiendo estereotipos estéticos modificó facciones y colores, y según los criterios de belleza consensuados y aceptados por todos, sus hijos se veían más “bellos”. Sin embargo, él no quiso guardar esa foto, porque esos no eran sus hijos.

Del mismo modo, y por más caótico que parezca por momentos, la IA podrá modificar nuestra tarea cotidiana, alterar los consultorios, modificar los modos de aplicar conocimiento, afectar la tarea diaria de los terapeutas, pero en el fondo, parece que no podrá reemplazarnos.

Esto no quiere decir que las apps de las que hablamos antes no vayan a crearse, ni que mucha gente no elija a las máquinas por sobre nosotros, los psicólogos. Es probable que eso suceda.

Lo que digo, es que a fin de cuentas, ni la realidad aumentada, ni la IA, ni el avance de la tecnología podrán reemplazar el consultorio. Simplemente, porque cuando un paciente entra por la puerta, deja el abrigo, apoya su celular boca abajo y se dispone a hablar, lo que hace efectivo el proceso, es que del otro lado hay alguien al que le importa esa vida y ese discurso que está empezando a desplegarse allí.

* Psicólogo graduado en la UBA

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