Natividad de la Virgen María


(*) Samanta Peralta

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                 “Canten hoy pues nacéis vos / los ángeles, gran Señora / y ensáyense desde ahora / para cuando nazca Dios”. Así escribía  López de Vega celebrando con la Iglesia el día del nacimiento de la Virgen María cada 8 de setiembre.

            Dios no ha dejado nada librado a la suerte al trazar este gran plan de Amor que lo une eternamente a la humanidad. Podemos transitar las Sagradas Escrituras, por diferentes lugares, junto a diferentes protagonistas, elegidos, en los que Dios, en su misericordia infinita no se cansa de confiar. En este día tan especial, celebramos la llegada de la más grande de todas las Elegidas, María. Ella trae consigo la esperanza, nuestra Isha Bethel: Mujer Casa de Dios.

            Como dice el Papa Francisco: “María Madre, María Mujer, María Discípula pero fundamentalmente MADRE”. “Ella puede convertir una cueva de  animales en casa de Jesús con unos trapos y una montaña de ternura, hacer saltar un niño en el seno de su madre como escuchamos en el Evangelio pues Ella es capaz de darnos la alegría de Jesús”.  “Ella se convierte en la primer custodia de este Dios vivo hecho hombre que supo caminar entre nosotros, del cielo a sus brazos, de sus brazos a la humanidad, eligiendo como preferidos a los más sencillos”.

            El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María. La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor.

             En este día tan especial nos  podríamos  preguntar: ¿hemos acogido a María en nuestra casa como nuestra madre?, ¿hemos elegido la humildad para escuchar lo que tiene para decirnos? Que Ella nos ayude a encontrar el camino de la paz, la misericordia, la esperanza, de la solidaridad, porque todos hemos sido llamados a formar parte de este gran plan de amor que Dios ha creado y nos regala, día a día.

                                                                        (*) Consagrada a la Virgen, Tandil.

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