De la burguesía a la hamburguesa

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias

¿Alguna vez se preguntaron qué tienen en común la burguesía y una hamburguesa?

Mucho más de lo que parece. Aunque para descubrirlo tenemos que viajar unos mil años hacia atrás, hasta la Europa medieval. En aquellos tiempos, un “burgo” era un asentamiento fortificado, generalmente protegido por murallas. Muchos de esos lugares fueron creciendo hasta convertirse en ciudades donde florecieron el comercio, los talleres artesanales y los mercados.

Sus habitantes eran los “burgueses”. La palabra no tenía entonces el significado que adquiriría siglos después. Un burgués no era necesariamente un empresario rico ni un propietario de fábricas. Era, ante todo, alguien vinculado a la vida urbana y, en determinados casos, a los derechos particulares de esas comunidades.

Con el crecimiento del comercio y la acumulación de capital, algunos sectores urbanos adquirieron una influencia económica cada vez mayor. Así fue tomando forma la burguesía que, siglos después, Marx y Engels identificarían como una de las grandes protagonistas del capitalismo moderno.

Pero nuestra historia tiene otro camino. La antigua raíz germánica relacionada con los lugares fortificados también quedó grabada en nombres de ciudades: Estrasburgo, Friburgo, Edimburgo y, por supuesto, Hamburgo.

Y aquí aparece nuestra protagonista gastronómica. La palabra “hamburguesa” procede del inglés “hamburger”, originalmente asociado a Hamburgo, la ciudad alemana. Los inmigrantes alemanes contribuyeron a popularizar en Estados Unidos preparaciones de carne picada vinculadas con esa tradición culinaria. Con el tiempo, aquella carne terminó servida entre dos panes y se convirtió en uno de los alimentos más reconocibles del mundo.

De modo que una hamburguesa y un burgués tienen algo en común: ambos conservan, en sus nombres, una huella de aquellas antiguas ciudades fortificadas.

La historia de las palabras tiene estas sorpresas. A veces, para comprender el nombre de lo que comemos, terminamos recorriendo buena parte de la historia económica de Occidente.

¿Y pensar que todo comenzó con una muralla?

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