El Gato Barbery y las lecciones del Dakar para enfrentar la vida cotidiana

El motociclista olavarriense Juan José “Gato” Barbery compartió sus experiencias en el rally Dakar y las vinculó con los desafíos de la vida cotidiana. En una charla en la Facultad de Ingeniería de Olavarría, ante estudiantes universitarios, reflexionó sobre la incertidumbre, la toma de decisiones, la capacidad de improvisar y la necesidad de aprender de los fracasos.
Tres veces participante del Dakar, una de las competencias más exigentes del mundo del motociclismo, Barbery llevó sus vivencias deportivas al terreno de las decisiones personales. La actividad se realizó en un auditorio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (FIO-UNICEN), con la participación de la decana María Peralta y el docente Marcos Lavandera, quienes estuvieron a cargo de su presentación.
A lo largo del encuentro, el Gato repasó la historia de una competencia marcada por la superación y los desafíos extremos. Pero el eje de su exposición estuvo en las coincidencias entre el rally y la vida: la incertidumbre, los errores, los obstáculos inesperados y la necesidad de encontrar respuestas cuando no existe un camino claro.
Apasionado por las motos desde siempre, Barbery planteó que la preparación para afrontar esos desafíos no es solamente física. También requiere fortaleza mental y espiritual, aunque dejó una definición que atravesó toda la charla: “El que manda es el corazón”.
Perderse, decidir y volver a empezar

En el Dakar, perder el rumbo es una posibilidad constante. Para Barbery, esos momentos obligan a detenerse, pensar y resolver, una secuencia que también puede trasladarse a las situaciones cotidianas.
“Ahí espero, pienso y resuelvo. Siempre es difícil saber qué dirección tomar. Tenemos que fortalecer esa sensibilidad, esa brújula interna para confiar en nuestras decisiones. Y volver sobre nuestros errores para no volver a cometerlos”.
La reflexión puso el foco en la capacidad de reconocer los errores y aprender de ellos, sin perder de vista que muchas veces las decisiones deben tomarse en escenarios de incertidumbre.
En ese contexto, el motociclista recuperó una expresión habitual entre los participantes de la competencia: “Esto es Dakar”. La frase aparece cuando las circunstancias obligan a aceptar que las cosas no salieron como se esperaba y que es necesario adaptarse.
“Hay que hacerse cargo de las decisiones”, sostuvo Barbery. Y describió esas situaciones como “el ejercicio de encontrarnos con nosotros mismos en un terreno hostil, donde no siempre tenemos ayuda inmediata, donde tenemos que improvisar, y seguir adelante”.
El valor de aprender, incluso sin saber para qué

Durante la charla, Barbery también compartió con los jóvenes algunas de las dificultades que enfrentó en las carreras: problemas mecánicos, situaciones de supervivencia, la cercanía de la muerte y la posibilidad de abandonar.
A partir de esas experiencias, destacó la importancia de la formación y el conocimiento, incluso cuando no resulta evidente de qué manera podrán utilizarse en el futuro.
“Los puntos se atan hacia atrás”, explicó. Y agregó: “Hay cosas que deben aprender, estudiar, aún sin saber si les van a servir. Porque les aseguro que ese conocimiento está latente y en algún momento lo usan para resolver alguna situación”.
El mensaje vinculó la experiencia deportiva con la formación universitaria: muchas herramientas se adquieren antes de saber cuándo serán necesarias, pero pueden resultar decisivas cuando aparecen problemas que exigen respuestas rápidas.
Aprender a perder también es parte del camino

Hacia el final del encuentro, Barbery abordó una cuestión que excede al deporte: la dificultad de aceptar las derrotas y los planes que no salen como se esperaba.
“Tenemos que aprender a perder. Es algo que no nos enseñan. Los mejores deportistas admiten que el éxito es una sumatoria de fracasos. Tenemos que aprender que la victoria también es el proceso, el camino”.
La idea sintetizó la mirada del motociclista sobre una competencia en la que llegar a destino implica atravesar etapas difíciles, superar imprevistos y aceptar que no siempre es posible controlar las circunstancias.
La comparación con la vida cotidiana apareció entonces como el hilo conductor de toda la exposición. No se trata de evitar cada dificultad ni de contar siempre con un plan perfecto, sino de encontrar la manera de avanzar cuando las condiciones cambian.
“Todos los días empieza una nueva etapa”, insistió Barbery. “Y nadie garantiza que el camino esté despejado. A veces hay que aceptar que las cosas salieron mal, que el plan perfecto no salió, y que la única opción es avanzar”.
Y dejó una última reflexión que resume el sentido de su mensaje: “Y no hace falta subirse a una moto ni cruzar las dunas infinitas de un desierto para entender el código”.
En el Dakar y en la vida cotidiana, la incertidumbre forma parte del recorrido. La diferencia no siempre está en evitar los obstáculos, sino en aprender a enfrentarlos, improvisar con los recursos disponibles y seguir adelante.