Mario Bellomo, del ferrocarril a la Orquesta Nacional: una vida dedicada al tango

La historia de Mario Bellomo con el tango comenzó en su infancia, entre los ensayos de su padre y los bailes a los que lo acompañaba. Con el tiempo, aquella cercanía familiar se convirtió en una vocación que lo llevó a cantar en orquestas de Olavarría y a integrar la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto, mientras desarrollaba su carrera como maquinista ferroviario.
Durante su paso por CoNverSo, el ciclo de entrevistas de En Línea Noticias, Bellomo repasó ese recorrido y reconstruyó los momentos que marcaron su camino como cantor, desde sus primeras presentaciones hasta las experiencias que le permitieron llevar el tango más allá de Olavarría.
Una infancia entre músicos y bailes
El tango formó parte de su vida desde muy temprano. Su padre era cantante y había integrado la orquesta de Adolfo Fernández, mientras que un tío suyo era músico y baterista. Bellomo recordó que, cuando tenía seis o siete años, acompañaba a su padre a los ensayos y también iba con él a los bailes.
Esa presencia cotidiana de la música fue el primer vínculo con un género que, en aquella época, tenía una fuerte popularidad. No se trató de un acercamiento tardío ni de una elección aislada: el tango estaba en su entorno familiar y fue parte de su formación desde chico.
A los 11 años comenzó a cantar en los fogones del Club de Niños Estudiantes. Allí encontró una primera oportunidad para expresarse y empezar a reconocer en el canto un camino propio.
A los 19 años recibió una convocatoria de músicos vinculados a la orquesta en la que había participado su padre. Se sumó entonces a presentaciones y bailes, en una etapa que le permitió dar los primeros pasos como cantor en agrupaciones locales.
El salto a una etapa profesional
En 1986, Octavio Sabatini lo convocó para incorporarse a la Orquesta Estable y Municipal. Bellomo recordó esa experiencia como un momento importante en su carrera: la actividad comenzó a tener una estructura más profesional, con disciplina de trabajo y una remuneración.
La continuidad de ese camino también le permitió actuar fuera de Olavarría. Tras la finalización de la orquesta estable, siguió cantando y encontró nuevas oportunidades para sostener su vínculo con el tango.
Una de ellas llegó a través de una persona que trabajaba en la Secretaría de Cultura de la Nación, quien lo invitó a presenciar ensayos de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto. Bellomo realizó una prueba y quedó seleccionado.
Así pudo actuar con la orquesta nacional y con el Cuarteto Filiberto, en una etapa en la que participaron directores y músicos de trayectoria. Para entonces ya había superado los 30 años y mantenía, al mismo tiempo, su trabajo ferroviario.
Dos vocaciones que convivieron
La música no reemplazó su profesión. Bellomo explicó que eligió ser maquinista porque era algo que siempre había querido hacer, completó la formación correspondiente y se jubiló en ese puesto.
En paralelo, sostuvo su actividad como cantante y encontró en el tango otra vocación que pudo desarrollar dentro de las posibilidades que le dejaban sus obligaciones laborales y personales.
Esa convivencia entre el ferrocarril y los escenarios es una de las claves de su recorrido: una carrera construida sin abandonar el trabajo que había elegido como profesión y con el tango presente a lo largo de distintas etapas de su vida.
Una historia que sigue ligada al tango
En la entrevista, Bellomo también compartió sus apreciaciones sobre la evolución del género, las orquestas, los cantores y los estilos que dejaron una marca en la historia del tango. Habló de la nostalgia que caracteriza a buena parte de esa música y del lugar que ocuparon figuras como Osvaldo Pugliese.
Pero detrás de esas reflexiones aparece una historia personal que comenzó mucho antes de los escenarios nacionales: la de un chico que acompañaba a su padre a los ensayos y que, con los años, transformó esa cercanía en una trayectoria propia.
La vida de Mario Bellomo quedó así atravesada por dos pasiones que avanzaron en paralelo: el ferrocarril, como profesión elegida, y el tango, como una vocación que lo acompañó desde la infancia hasta los escenarios de Olavarría y del país.