“Otra vez la sensación de estar solos”: la carta de una hija a un mes del incendio del geriátrico del barrio Isaura


A un mes del incendio ocurrido en un geriátrico de Olavarría, tragedia que dejó siete personas fallecidas, Andrea, la hija de una de las personas asiladas en «La Sabiduría» expresó el profundo dolor que atraviesa su familia y reclamó mayor responsabilidad del Estado en el control de este tipo de establecimientos.

La mujer manifestó que aún persisten el ahogo, la desolación y un dolor que impacta de lleno en la salud mental, y señaló que el paso del tiempo no logró aliviar la angustia provocada por el siniestro.

Asimismo, relató que, como si la tragedia no hubiera sido suficiente, su padre se escapó del hogar donde se encontraba alojado tras el incendio, situación que volvió a despertar el miedo, la angustia y la sensación de abandono, y agregó que junto a sus hermanas volvieron a sentirse solas frente a una realidad que debería ser contenida por el sistema.

En otro tramo de la carta, la mujer se preguntó qué se mira como sociedad ante estas situaciones y afirmó que existe un Estado ausente e indiferente, al tiempo que cuestionó la falta de espacios preparados para cuidar y acompañar a las personas mayores, remarcando que muchos lugares fallan cuando más se los necesita.

No obstante, aclaró que también consideró necesario decir “la verdad completa” y destacó que en la Residencia La Sabiduría siempre se priorizó el amor, el cuidado genuino y la atención humana. En ese sentido, sostuvo que su padre jamás fue descuidado y que siempre fue acompañado con respeto, paciencia y ternura.

Además, subrayó la actitud de Sergio Ruiz, a quien mencionó como un ejemplo de compromiso y humanidad, y explicó que no dudó en salir a buscar a su padre por la ciudad cuando se escapó del hogar, actuando —según expresó— desde el corazón.

Hacia el final, indicó que junto a sus hermanas se encuentran cansadas de sostener situaciones que deberían ser abordadas por el sistema y agotadas de tener que ser fuertes en medio del dolor. Como hijas, pidió por su residencia y por todas las familias que necesitan de estos espacios para poder seguir adelante.

Finalmente, reclamó con respeto pero con firmeza que quienes tienen la responsabilidad de trabajar y controlar este tipo de instituciones lo hagan como corresponde, y concluyó que se trata de personas, de padres, de historias y de vidas que merecen cuidado, dignidad y amor.

La carta completa

“Cuánto queda por aprender…
cuánto vacío todavía existe.
Hay un ahogo que se instala en el pecho, una desolación que no se va,
un dolor profundo que vuelve a poner a la salud mental en juego.

Hoy, 5 de enero, se cumple un mes del incendio.
Y como si no alcanzara, mi papá se escapó del hogar donde estaba.
Otra vez el miedo.
Otra vez la angustia.
Otra vez la sensación de estar solos.

Y una se pregunta:
¿qué miramos como sociedad ante estas situaciones?
Un Estado ausente, indiferente.
Lugares no capacitados ni para cuidar ni para amar a la tercera edad.
Espacios que deberían proteger y sostener, pero que fallan cuando más se los necesita.

Pero también es necesario decir la verdad completa.
Porque en nuestra Residencia de la Sabiduría
siempre se puso en primer lugar el amor.
El cuidado genuino.
La atención constante y humana.

Jamás descuidaron a mi papá.
Siempre lo acompañaron con respeto, con paciencia, con ternura.
Lo amaron como se ama a un padre,
reconociendo su historia, su dignidad, su valor.

Hoy puedo decir que en esta ciudad se necesitan más personas como Sergio Ruiz.
Personas que no miran para los costados.
Que actúan desde el corazón.
Sergio no dudó un segundo: salió a buscar a mi papá por la ciudad,
con humanidad, compromiso y amor verdadero.

Mientras tanto, con mis hermanas,
otra vez nos encontramos atravesando una situación de desamparo y desolación.
Cansadas de sostener lo que debería sostener el sistema.
Agotadas de ser fuertes cuando el dolor aprieta.

Como hijas, pedimos por nuestra Residencia de la Sabiduría
y por todas las familias que necesitan de estos lugares para poder seguir.
Porque muchas veces las decisiones más difíciles
son las que se toman desde el amor.

Con respeto, pero con firmeza,
pido que quienes tienen la responsabilidad de trabajar y controlar este tipo de espacios
lo hagan como corresponde.
Porque hablamos de personas.
De padres.
De historias.
De vidas que merecen cuidado, dignidad y amor.”

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