Tecnología médica: La delgada línea entre inversión y pérdida

Escobar

El bioingeniero Pedro Escobar opinó de cómo mantener la “salud hospitalaria”.


Tres patas, todas igual de importantes para mantener el equilibrio, y con la necesidad de recursos formados. De una tríada depende el éxito o el fracaso de la tecnología de los centros de salud, según el bioingeniero Pedro Escobar, docente de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN. El actual paradigma de la gestión sanitaria plantea que toda acción debe ser contemplada equitativamente por el área de tecnología médica, encargada de controlar que los equipos funcionen o deban reponerse; la dirección administrativa, que evalúa las posibilidades económicas y la dirección médica, que establece prioridades.

 

 

“Las tres patas deben estar apoyadas para tomar una decisión”, sostiene Escobar. Desde su coordinación de las carreras Tecnicatura Universitaria en Electromedicina y Licenciatura en Tecnología Médica, brinda desde hace años asesoramiento a centros de salud, como el Hospital Santamarina de Tandil, y está en tratativas para realizar tareas conjuntas con el nosocomio local. “Ese es el paradigma central de trabajo. Incluso para hacer reformas. La arquitectura hospitalaria ha penetrado muchísimo y todo lo que tenga que ver con rediseñar algún servicio necesitas las tres patas”, remarcó el docente.

 

 

La Facultad de Ingeniería es una de las pocas instituciones universitarias que ofrece en el país una oferta académica destinada a la reparación, mantenimiento y gestión de áreas de tecnología médica. Los egresados de la TUE están formados para llevar adelante un plan de mantenimiento y gestión, aspecto que se profundiza en la licenciatura. “Los profesionales tienen que conocer la dinámica del mercado, sobre todo en contextos inciertos como es la economía de Latinoamérica básicamente”, consideró el especialista.

 

 

Planificación a futuro

 

 

Actualmente, los graduados de la Tecnicatura (la Licenciatura está atravesando su segundo año), están capacitados para hacer una reparación eficiente de ciertos equipos de baja, mediana y alta complejidad con las herramientas adecuadas. Pero en cuanto a estos últimos, como por ejemplo resonadores, tomógrafos o respiradores complejos “hay que acudir sí o sí a empresas de fabricantes o services oficiales. Dada su gran complejidad intentar repararlos puede dar lugar a que generes un daño más grande, por no tener el software ni las herramientas específicas o el conocimiento del circuito interno, porque es tecnología compuesta por múltiples plaquetas. Lo más inteligente que tiene que hacer uno es proteger esa alta complejidad pero a través de algún convenio o contrato para que esas empresas puedan hacer los correctivos o preventivos”, sugirió Escobar.

 

 

El problema es que muchas de estas empresas no producen en el país, lo que ocasiona varios inconvenientes, en donde los ciudadanos son los primeros afectados. ”Lo que no se hace acá se importa, y en general son aparatos de áreas críticas y laboratorios. Eso te genera doble inconveniente: que los distribuidores locales no tienen repuestos, entonces lleva tiempo conseguirlo, pero además como no se puede reparar el equipo para dar el servicio, te genera lucro cesante, es decir, pagarle a otro centro para que lo haga en tu lugar. Ni hablar si la empresa discontinua el aparato y deja de fabricar repuestos”, opinó Escobar.

 

 

Situaciones de este estilo son materia de todos los días en los centros de salud públicos y privados. Entonces, ¿cómo hacerles frente? “Los profesionales que se desempeñan en áreas de tecnología médica no pueden ser un simple reparador, sino ser alguien que sea un procurador de la tecnología. Ser proactivo, sugerir mejoras. En un hospital público el recurso siempre es escaso y lo mejor que se puede hacer es comprar tecnología que funcione a un costo eficiente, ahí es donde se pone en juego los conocimientos. Creemos que lo estamos formando de la mejor manera para ello”, aseguró el bioingeniero.

 

 

Lo primero que hay que saber es qué hay instalado y en qué estado. “Creo que la mayoría de los hospitales tienen equipos sobrepasados de vida útil que se los sigue manteniendo sin notar que eso genera un costo superior a adquirir uno nuevo”. Hay que llevar el inventario al día, registrar, documentar y una vez que existe un orden de prioridad para el recambio armar una planificación presupuestaria con el área administrativa. Así el administrador puede planificar el gasto del año siguiente, por ejemplo. “Esa es la interacción natural que se debe hacer”, agregó el docente de la FIO.

 

 

Cambios de paradigma

 

Respecto a la evolución tecnológica, Pedro Escobar consideró que “donde empiecen a prosperar ciertas tecnologías que todavía no han llegado masivamente como es la nanotecnología o los microbots o ese tipo de cosas, básicamente la medicina tal como la conocemos va a desaparecer. Se va a basar más en la tecnología que en el conocimiento médico, vamos a necesitar tecnologías que ataquen enfermedades degenerativas, enfermedades infecciones. La dependencia tecnológica va a ir en aumento en los próximos diez años”, vaticinó.

 

 

En este sentido, el valor agregado de los profesionales que forma la Facultad de Ingeniería es la visión de gestión, “que se pueda desempeñar al frente de una de las tres patas, la de tecnología médica”, dijo Escobar y agregó: “Pero además estamos formando un licenciado cuyo título se enmarca en la Ley de Tecnología Médica del año 2013 que contempla que sólo personas con título habilitante puedan ocupar espacios de gestión en los departamentos de tecnología médica de hospitales e instituciones privadas”.

 

 

Estamos muy orgullosos porque tenemos un plantel con los mejores profesionales del país transmitiendo algo que no está en los libros –expresó- y es su experiencia cotidiana de trabajo. Los docentes de la nueva carrera está compuesto por profesionales del Hospital Alemán, el Hospital Italiano, la UBA, la Universidad Nacional del Litoral, la Asociación Argentina de Anestesistas, referentes de las normas Iram y empresas, entre otras instituciones. “Estamos formando a personas para realidades que van a llegar en 5 o 10 años en el país”, concluyó.

 

 

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