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Un gobierno que abusa de la pasividad de su gente

Por Carlos Paladino

Alberto Fernandez

El gobierno actual le ganó las elecciones a un contrincante que obtuvo el 41% de votos de aprobación. La diferencia, no obstante, fue grandiosa e impensable. El resultado manifestaba la disconformidad y el repudio hacia los conductores de una política liberal o neoliberal – según guste – muy diferente a la gobernabilidad de estilo Estatal a la que nos fuimos acostumbrando. Las metas del gobierno de Mauricio Macri no dieron ningún tipo de satisfacción a una ciudadanía negada a esperar y comprender que los cambios que había que realizar requerían de un tiempo más complejo y más largo. De entrada, nomás, se cometieron errores que luego fueron irreparables de subsanar y sin medios ni gente en condiciones de enmendarlos. Al presidente Macri les prestaron un ratito el poder, sabiendo que por bien que hiciera las cosas, el peronismo le marcaría y obstaculizaría cualquier acción de gobierno. Nada de extraño, la oposición cumplió con su sistematizado rol de adversario derrotado. Lo hicieron siempre. La cuantiosa corruptela a manos llenas y a la vista de todos, no son hechos negativos que alteren el ánimo de los argentinos mientras no se les toque el bolsillo. Y, en un pueblo acostumbrado a vivir del Estado, la corrupción política es una ambigüedad que no integra el catálogo de hechos de gobierno punibles. más aún si viene del lado del peronismo-kirchnerista.  Los sufragios pusieron, nuevamente en manos de la facción ganadora, los argumentos convenientes que justificaran la falta de respeto a los preceptos democráticos-republicanos.

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Disponían del favoritismo popular; del tiempo necesario para corregir los errores de Macri y esconder sus chorreos (se habló de un PBI); para enchastrar la administración anterior y esconder la propia con el excremento ajeno. La justicia no presentaba problemas, debía ocultar o disfrazar aquello que fuera delito evidente. Al gobierno le quedaba por resolver, la inflación, el dólar; los jubilados y cuanta cosa saliera a la luz. Pero, como al mundo entero le estaba signado, Argentina cayó bajo los efectos de la pandemia del Coronavirus y los gobiernos del planeta se vieron obligados a alterar sus programas de gobierno para atender a ese visitante inesperado y letal. Como es natural, los países más indefensos lo sintieron con mayor rudeza. La inesperada e indeseada visita no traía una nómina determinada de a quienes debía contagiar, daba igual; políticos, empresarios, trabajadores, pobres, ricos, sanos y enfermos. El bichito se reconoció enemigo de todos y bajo esa condición restaba enfrentarlo. Las fuerzas políticas conscientes del riesgo común, precisaron el imperio de juntarse en un frente conjunto, única manera de confrontarlo. Le hacía mucha falta a la nación una coligación política y, hubo quienes creyeron ver en esto un principio de unión, consenso y armonía, un ejemplo que pudiera enmarcarse dentro de otros asuntos conflictivos a solucionar. Fue una linda, pero corta ilusión; tal cual lo dice el proverbio “Echa afuera el escarnecedor y saldrá la discordia”; el escarnecedor con su mezquindad, con su celo, con su envidia, con su egoísmo, rompió el sinceramiento de los hombres nobles.                                                           

La ciencia respondió con una prontitud inédita. Los países inventaron una serie de vacunas con resultados definitivos inciertos, empero, resultaban una protección y alivio para los contagiados de la COVID-19. El planeta fue testigo de las negociaciones por aprontarse a adquirir las vacunas del mercado. Nosotros nos retrasamos porque estábamos muy ocupados en ver cómo zafábamos a la señora Cristina Kirchner de algunos vaivenes pendientes con la justicia. Las tratativas preliminares del ministro Ginés quedaron en la nebulosa por formar parte de conveniencias particulares. La dirigencia potente de Argentina, no quería saber nada con vacunas originadas en el mundo “capitalista”. Desde el año 2015 la presidente mantenía excelentes relaciones con su par Vladimir Patín, al punto de considerarlo un líder en la lucha contra el terrorismo internacional y otorgarle otras concesiones halagüeñas que lo distinguían de otros líderes. Ambos mantenían una relación que incluía algunas obras hidroeléctricas de mucha importancia. Putin, en oportunidades, se había comportado como un caballero inglés con hermosos presentes a nuestra presidente. La relación entre las naciones era magnífica y convenía acordar con Rusia.  La vacuna rusa Sputnik V – diremos — no gozaba del privilegio de los argentinos (esto dicho en términos generales).; pero, no había para elegir. Queremos suponer que tan fluida relación entre los primeros mandatarios garantizaban una seriedad y abastecimiento normal y habitual, sobre todo, por ser la única marca comprada.

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La Sputnik V acarreó problemas desde el inicio, arrancó agrietando la grieta. El vacunatorio VIP, es decir, los políticos elegidos a dedo con total impunidad para ser inoculados; la administración y el manejo obsceno de las vacunas por parte de La Cámpora; la bravuconada y la desobediencia de atender primero a los jóvenes militantes que a las profesiones esenciales nominadas por las mismas autoridades. El silencio se rompió cuando se supo lo de la familia Duhalde y el escándalo mayor saltó con el Perro Verbitsky y Carlos Zannini. La atención a los viejos, bien gracias que esperen. Pero, seamos sensatos: es comprensible la lógica del plan de vacunación diseñado por el gobierno. Primero es fundamental, para el futuro del país, salvar a los políticos; a los gremialistas; a los periodistas; a los intendentes; exgobernadores y expresidentes, etc. y más etc.; priorizados por su esencialidad; por su honradez; por su demostrada capacidad; por su fidelidad al juramento hecho ante Dios por la Patria. Lo mismo, ocurre con la muchachada militante. ¿Si no son estos probados y experimentados ciudadanos, los que encaucen a la nueva Argentina, en el lecho correcto… quienes podrán ser? Las inyecciones antivirus Sputnik se convirtieron en una vacuna electoral; compra votos. Sin embargo, en las villas y barrios carenciados, las personas vacunadas alcanzaban el número de 40.000 y 5.000 ya poseían las segundas dosis. El 15% de ese vecindario tiene una dosis.                                                                                                             

La segunda dosis rusa, la de los viejos, llega a cuenta gotas. ¡Para qué la quieren, enciérrense y esperen; si no tienen nada que hacer; ¡que joder! Y nos cabe preguntar: ¿y cuáles y cuantos son los otros que tienen algo realmente útil que brindarle a la sociedad? los piqueteros; los subvencionados; los ñoquis que pululan por cientos (¿miles?); los asalariados en estado de huelga permanente, en tanto los trabajadores privados tienen que trabajar para poder comer y darles de comer a los huelguistas; los congresistas que ya entraron en vacaciones en un país en emergencia; ¿seguimos…? La clase vetusta ya trabajó y muchos lo siguen haciendo porque no pueden vivir como ustedes.  Además, si a la falta de inoculación, le agregamos una de las variantes que andan dando vueltas, a una persona mayor (¿vieja?) esa conjunción le puede ser fatal.  Es una grande posibilidad ¿Acaso, la culpa; la responsabilidad o la desfachatez de tal despotismo; arbitrariedad o injusticia, llámese como quiera, ¿corre por exclusiva cuenta de la política ruin y perversa del oficialismo y de los soldados de La Cámpora? Muy cierto, pero, la oposición muy ocupada y entretenida en la campaña legislativa, tampoco pone el grito en el cielo, ni eleva fuerte la voz pidiendo por su salud, Y los viejos, como la pandemia, son responsabilidad de todos.

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Los ciudadanos muy mayores viven en situación de alerta ante el menor estornudo: carraspeo; tos, moco, fiebre; hay quienes se la pasan oliendo, y menudencias afines a los síntomas de la enfermedad. Es razonable: es natural vivir así, tan sólo por la irresponsabilidad de un estamento gubernamental desaprensivo, absolutista, que ha sometido a la gente a cohabitar con la angustia; el desasosiego; la zozobra del miedo. Capricho, tras capricho, por salvar la corrupción en desmedro de la salud social. Tanto “absorber los calcetines” del Señor Vladimir Putin, relevante expresión de la autocracia mundial, para que terminemos pidiéndole por favor que se acuerde de que nuestra señora Cristina Kirchner es su devota admiradora. El señor Putin hizo lo que hace un dictador, no se aferra a ningún compromiso.

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Ciertos datos nos indican que 6 millones de personas (se suponen datos creíbles) aguardan por la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. Debemos esperarlas en un tiempo prudencial. ¿Existe algún registro que indique si hay muertos por no haberse aplicado la segunda dosis? De existir deberíamos conocer esa información.

Tantos años de permitir que un Estado autocrático nos dé de comer y piense por todos, ha convertido al pueblo argentino en una sociedad conformista, resignada, temerosa y con una pasividad rayana en la indiferencia.      

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