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¿Volvemos al pasado?

Escribe: Carlos Paladino.


Las mejores condiciones de vida, la alimentación, los medicamentos; la ciencia en general, podríamos resumir, han realizado prodigios para alargar la vida útil de las personas; lo cual nos otorga la facultad de poder recordar con más claridad los acontecimientos del pasado. La gente de esa época coincide en que la actual situación argentina, es una reinstalación de los convulsionados años soportados en la década del “70” calaron fuerte en la sociedad argentina.

Aquella “grieta”, nunca se cerró definitivamente, sus principios se mantuvieron semiocultos, hasta el presente, en que parecen haber resucitado con raras ínfulas. Los actores son, casi los mismos, estuvieron acovachados en los diversos organigramas del estado, en los medios de difusión, etc.; en el cobijo democrático, seno, desde donde fueron edificando el retorno a la política grande. No están donde están, por haber adulterando la complacencia del pueblo. El voto popular los consagró a ocupar sitiales democráticos, que ellos aprovecharon para pensar un plan tendiente a la reivindicación nostálgica, que los condujera a instalar, nuevamente, en el gobierno y en la sociedad, los viejos ideales. Es decir, la revolución socialista (socialismo según su singular perspectiva). La distancia entre el ayer y el hoy, solo están sujetadas por cierta evolución dictada a través de los años vividos en democracia. La idea socialista pudo haber evolucionado, cosa que no observamos en los actores. Antes para imponer su ideario, se hicieron de recursos que pusieron en peligro la vida social, a fuerza del sacrificio de las suyas. Lucían en la lucha ideológica, un misticismo cristiano, y la épica de las guerras justas, libradas con pasión por guerreros justos. El sentimiento épico y romántico, sin embargo, ha tomado un atajo hacia la peor vertiente capitalista, mucho menos riesgoso. Hoy; los soñadores de aquel proyecto socialista trunco, usan otro tipo de recursos, más pragmáticos y materialistas que; en cambio y, a modo de contrapropuesta, los protegen y les aseguran un buen pasar por el resto de su vida. Una construcción de poder faccioso, elaborado bajo el predicamento del sistema democrático. Una versión remasterizada del sonido socialista, que se actualiza y reactiva convocando a la agrupación kirchnerista La Cámpora, comandada por el hijo mayor de la señora Cristina Kirchner y del señor Néstor Kirchner. Detrás, lo sigue la corte palaciega. La juventud del Partido Justicialista que conocimos, siempre se reconoció como la reserva moral del peronismo, y estuvo expectante, esperando el momento de vindicar a su bien querido partido. Por lo visto, su turno fue postergado por una militancia irreverente; deberán esperar un poco más.

La reserva moral del peronismo está encarnada en La Cámpora, que no es precisamente, la representación republicana de la Juventud del Peronismo. La juventud política bien aprendida piensa en servir a los demás, Alguna otra, piensa en servirse de los ciudadanos, recurriendo a las especulaciones circunstanciales que le pone al alcance de la mano, la camarilla dirigente del partido que los escuda. La Cámpora, nacida a instancias de la señora vicepresidente, no ha parado de crecer, en términos de conquistas, en ningún momento, ni bajo la presión que le opone determinada conducción militante de envergadura, y actora fundamental del viejo movimiento. Muchos de los opositores cambiaron su actitud confrontaría y son incondicionales a Máximo. Ser adicto a Máximo Kirchner es sinónimo de continuismo en el cargo. “Están bastante organizados. Y avanzan” se escuchaba decir en voz baja a funcionarios cercanos al Presidente Alberto Fernández. Claro que; para entender el avance que han protagonizado, hay que comprender que están muy organizados. Disponen de biyuya suficiente para comprar conciencias; la falta de trabajo es un aliado favorable en la coyuntura.  La Cámpora, tal vez encuadrada en el “operativo clamor”, que impulsa a Máximo Kirchner a la candidatura presidencial, es una fuerza dominante que somete a quien esté en su punto de mira.

El ministro de Hábitat, Jorge Ferraresi, reemplazó a María Eugenia Bielsa. Así, ocurrió con Guillermo Nielsen, designado presidente de YPF; fue desplazado por indicación del grupo kirchnerista. Podemos incluir en la lista de avasallados por La Cámpora, al ministro de Economía Guzmán, quien sufre toda clase de impedimentos para acordar soluciones con el FMI y otras cuestiones de menor valía. Cualquier funcionario que responda al Presidente Fernández, es cuestionado, cambiado o reemplazado. Algunas “cositas” más podríamos añadirle al curriculunm vitae de la inmadura asociación. Van, también, por las cajas de las Obras Sociales, luego del éxito obtenido sobre ciertos objetivos afines. De insistir en esta aspiración, nos divertiremos viendo una pelea a todo trapo entre dos colosos impenitentes peronistas, preocupados por conservar los privilegios y la plata no siempre justificadas. Mojar la oreja del sindicalismo argentino, es otro ejemplo, que nos empuja la memoria hacia un pasado que no debiera repetirse. Sin embargo, ahí estamos. Pero, nada superará la jerarquía que se le regaló a La Cámpora para hacerse del control y la administración del rango etario a vacunar, en plena emergencia pandémica. No tienen la culpa del resultado de todos sus actos, pero, es una inconsciencia haberle endilgado una misión tan impresionable a la salud del pueblo. Ser una asociación escogida preferida, supone dotar de facultad arbitraria, para digitar quien debe y quien no debe, ser vacunado.  Ellos, fueron los primeros de la lista. El recuerdo de una juventud seleccionada por sobre los demás; vuelve a la memoria colectiva. Aunque, hay que reconocerlo: la anterior militancia, revoltosa y rebelde, y la actual juegan con la muerte, con armas diferentes.

Lo que escuchamos del gobierno de la señora Cristina Kirchner, no deja de ser un discurso indirecto del “70”. Al tratarse de los mismos actores, quizás la perorata contenga algo de revancha por una puesta en escena fracasada, pero no inconclusa. El proyecto fue interrumpido; no proscripto de una planificación que justificaron con sólidos argumentos. Es cuestión de tomarse el tiempo que sea necesario para estrenar la obra.

No es impensado el discurso kirchnerista. Tampoco brilla en solitario. Está instalado en los autócratas latinoamericanos conocidos, cuyas prioridades pasan por poner a cubierto su sabida inmoralidad y la de los amigos fieles que gobiernan con ellos.  El anti republicanismo le abre las puertas de par en par, a este tipo de absolutismos, no permitidos en las democracias de fuste, que hicieron grande a las naciones.                                                               

El discurso es tan fuerte, que otros partidos políticos argentinos, han debido ceder una parte de coherencia, ante la energía de la proclama temeraria. Esto lo vemos en el énfasis discursivo de la candidata, señora Patricia Bullrich, casualmente, una protagonista fundamental de aquella juventud insurgente. Todos debemos tener la oportunidad de redimirnos por las cosas mal hechas; no obstante, nos preguntamos: ¿la señora Bullrich, se olvidó de su raíz “montonera” y su devoción hacia el líder Juan Perón? Puede ser. No se trata de olvidar, el asunto es no reincidir. A poco de andar, nos volvemos a encontramos con vestigios de una época llena de confusión y horror. ¿No hay otra manera de hacer política? Parece que no. Nosotros, bien gracias. Nuestros días pasan, en la dulce espera de quien nos puede vacunar. Lo demás no importa.                                                                             

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