8 de mayo: Día de Nuestra Señora de Luján

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Entrañable historia la advocación de Nuestra Señora de Luján. Quiso quedarse con nosotros. Fue así, quiso quedarse con nosotros… Eligió ese lugar de nuestra inmensa geografía, eligió ese momento histórico de la Patria naciente. Desde allí extiende su manto protector a nuestro pueblo que la honra con el título de Patrona de la República Argentina. Su manto, como no podía ser de otra manera lleva los colores de la Bandera nacional. La llamamos Madre de la Esperanza, el pueblo peregrino la visita y
en un diálogo incesante le lleva dolores y agradecimientos porque el milagro de la Virgen es su pueblo.


La historia cuenta que hacia el año 1630, un portugués, de nombre Antonio Faría de Sá, hacendado de Sumampa, pidió a un amigo suyo una imagen de la Concepción de María Santísima para venerarla en la Capilla que construía en su estancia. Al puerto de Buenos aires llegaron dos imágenes de Nuestra Señora, la Purísima Concepción y la Madre de Dios con Jesús dormido entre los brazos. Ambas fueron subidas a una carreta para iniciar su camino hacia Sumampa. A orillas del Río Luján, la comitiva se detuvo
para pasar la noche. Al día siguiente, una mañana de mayo, al proseguir el camino no pudieron mover la carreta. Vinieron en ayuda troperos y peones pero no lograban que la carreta se moviera. Para aliviar el peso descargaron las imágenes y los bueyes pudieron moverse con facilidad.

Para cerciorarse pusieron nuevamente las imágenes en la carreta y volvió a suceder, la carreta no se movía. Entonces fue, cuando un joven negro llamado Manuel- dijo: “Sáquese de la carreta uno de los cajones y observemos si camina”. Así se hizo, pero en vano. “Truéquense los cajones”, replicó. Al cambiar los cajones la carreta se movió sin dificultad. Se entendió como disposición del Cielo que la imagen de la Virgen debía quedarse en aquel paraje, la entregaron a Rosendo, dueño de esas tierras quien le levantó un humilde altar y siguieron con la otra a su destino.


Hacia 1671, Ana de Matos, mujer acaudalada de Buenos Aires, que conocía de cerca el milagro de Luján, hizo construir una Capilla de ladrillos cocidos que se concluyó hacia 1685. Al cuidado del culto fue puesto el Negro Manuel, su fiel servidor.


Dicen las crónicas que Manuel era de “una rara calidez y simplicidad” y que cumplió fielmente el encargo que recibiera de su primitivo amo, “que era de la Virgen y que no tenía otro amo a quien servir que a la Virgen Santísima”. Por su fe en Dios, el negro Manuel con el sebo de las velas que ardían en presencia de la Santa Imagen de María Santísima obraba prodigiosas curaciones en enfermos que de partes diferentes
concurrían a la Capilla, las cumplía sin llamar la atención de nadie, más que de la gente sencilla y devota de la Santa Virgen.


En 1887 la imagen fue coronada canónicamente por el Papa León XIII. El 4 de mayo de 1890, comenzaron las obras de la actual Basílica, sin aportes estatales, con la sola contribución de los fieles, los cimientos se hundieron en la tierra y los nuevos muros empezaron a aflorar y crecer.


María de Luján es Patrona y Celestial Protectora del Pueblo Argentino. En su homilía en Luján el 7 de octubre de 2012 dijo el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, (Papa Francisco) ¡“Aquí en Luján, a cada peregrino se lo recibe y se lo escucha, en ese momento sagrado en el que Jesús nos deja a su Madre para que nos proteja, miramos la cruz y nos aferramos a su compañía, la compañía de la Virgen y la de Jesús.


Nuestros caminos están protegidos por ellos dos. Nuestra fe está en ellos, nuestra fe está aquí, esta es la Casa de la fe de nuestra Patria! Cuánto bien nos hace venir a Luján para aprender a ser buenos hijos, buenos hermanos, que se ocupan por el bien de los otros (…) le pedimos que no nos falte el silencio de la oración y las ganas de peregrinar para ofrecer la vida por los otros. Que ella nos conceda esta gracia”.


(*) Colaboración, Misioneras de la Inmaculada Padre Kolbe.

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