Dos argumentos frecuentes que me tienen los huevos al plato
Aquellos lectores que me siguen desde hace diez años, domingo a domingo, se sentirán probablemente sorprendidos cuando no consternados por el título obsceno que lleva esta nota.

Lo que ocurre, amigo lector, es que vivimos tiempos en los que para ser escuchados ya no basta con gritar, además es preciso llamar la atención con alguna pantomima, actitud bizarra, vocabulario soez o incluso con alguna payasada (con el perdón de los verdaderos payasos).
Lejos han quedado los tiempos en los que un argumento sólido y riguroso tenía impacto sobre la opinión pública, más lejos aún aquellos otros en los que los medios de comunicación, escritos, radiales o televisivos, ponían esmero en cuidar las formas del lenguaje, las reglas más básicas de la gramática castellana, la conjugación de los verbos, en fin…
Hoy intentaré poner en duda dos conceptos muy escuchados actualmente, tan escuchados que se han vuelto lugares comunes, y como tales, verdades absolutas.
Vamos con el primero:
“La economía del país es como la de tu casa, no podés gastar más de lo que ingresa”. ¿Quién no ha oído alguna vez esa verdad dicha con carácter irrefutable y el tono sobrador de quien se las sabe todas?
En verdad la economía de una nación no es comparable en absoluto a la de un hogar. Justamente ahí radica la diferenciación que hacen los economistas entre micro y macro economía. La economía de una familia, de un quiosco, de un taller mecánico, está regida por una relación básica de debe y haber que un perito mercantil o un contador pueden dominar a voluntad.
La economía del país es tan compleja, tan impredecible, tan caótica, que ni siquiera economistas que han ganado el premio Nobel logran ponerse de acuerdo respecto a qué es lo mejor para cada caso.
Para decirlo en términos más formales, digamos que en el estudio de la macroeconomía conviven varios marcos teóricos. Esto es, existen distintos modelos que pretenden representar el comportamiento de las distintas variables y tratan de predecir la evolución de esos grandes sistemas. Todos son igualmente válidos en algún punto.
Quiero decir, hay países neoliberales que crecen y países en los que el Estado tiene el control de la economía (Brasil, China) que también crecen. Hay países muy endeudados que crecen, y países sin deuda que están estancados. Hay países que son meros exportadores de materia prima y crecen y países altamente industrializados que presentan dificultades para brindar a sus habitantes altos estándares de vida.
Así que no insistan más por favor en esa comparación absurda, si manejar la economía del país fuera tan sencillo como manejar la economía de un hogar, entonces cualquiera podría ser ministro de economía.
Vamos con la segunda:
“Los kirchneristas se robaron un PBI”. Un clásico del folklore nacional. No sólo se lo robaron, sino que lo tienen enterrado en un contenedor en algún lugar secreto de la Patagonia.
Esta afirmación lleva implícitos dos grandes absurdos.
En primer lugar, el Estado no dispone del total del Producto Bruto Interno del país, sino que sólo accede a aproximadamente un 25 o 26 % en carácter de impuestos, retenciones, etc. Si fuera cierto que faltó un PBI completo, significaría que el Estado nacional se mantuvo aproximadamente 4 años sin un peso de presupuesto. Sería un milagro económico merecedor de un Nobel.
En segundo lugar, no todo ese dinero proveniente del Producto Bruto se convierte en papel moneda. La cantidad de billetes que circulan por todo el país más la cantidad de billetes que están guardados en las cajas fuertes de los bancos constituyen lo que se llama base monetaria. La base monetaria en 2025 fue en Argentina de 4,1 % del PBI y se estima que alcanzará un 4,5 % este año. Es decir, juntar en papel moneda un PBI resulta físicamente imposible, guardarlo en un contenedor, sería ciencia ficción, y enterrarlo en la Patagonia, una escena de alguna novela de Philip Dick.
Y ahora me voy a dar un gusto que quisiera compartir con los lectores, sigan las instrucciones: poner un poco de aceite y 50 gramos de manteca en una sartén, cortar una cebolla y dos dientes de ajo y ponerlos a freír, agregar papas cortadas en láminas finas, agregar dos huevos, sal, pimienta al gusto y completar con un puñado de arvejas. Y ya tenemos los huevos al plato. Se recomienda mojar el pan en las yemas y acompañar con un buen tinto.
Hasta la próxima.