Catalina  y la Medalla Milagrosa


Catalina nació el 2 de mayo de 1806 en Fain-lès-Moutiers, un pueblito de Francia.

Hija del granjero Pierre Labouré y de Madeleine Louise Gontard. Fue la novena de once hijos, falleciendo el 31 de diciembre de 1876. Entró en la congregación de las Hijas de la Caridad, fundada por San Vicente de Paul. Fue admitida el 21 de abril de 1830. Al poco tiempo de ingresar a la congregación se le aparece la Virgen María a quien Ella le pidió que sea su madre al fallecer su mamá.

            La primera aparición fue el18 de Julio de 1830, 23:30 hs. (víspera del día de san Vicente de Paúl) un Ángel en forma de niño la despierta con una muy buena noticia: «María te espera en la Capilla». El ángel la iba iluminando con esa luz que salía de su cuerpo. Cuando llegan dentro de la capilla su Ángel le anuncia que ahí está María. Catalina corre a arrodillarse ante la Virgen María, sentada en el sillón, y apoya las manos en las rodillas de la Madre de Dios. “Allí, pasé algún tiempo, el más feliz de mi vida. Sería imposible decir lo que experimenté…”.   La Santísima Virgen le señaló el altar donde estaba el presbiterio y le dijo: «Ven a los pies de este altar. Aquí, las gracias serán dadas a todos los que las piden con confianza y fervor». La nueva misión de Catalina fue difundir esta promesa de Dios y María al mundo. Además, María le pidió el establecimiento de una Confraternidad de los Hijos e Hijas de María.  

            Catalina vivió una vida normal como novicia de las Hijas de la Caridad hasta el Adviento. El sábado 27 de noviembre de 1830, a las 5:30 de la tarde, se retiró a la capilla con otras hermanas para la meditación de la tarde. Catalina oyó un ruido como de seda… entonces reconoció la señal de Nuestra Señora. Alzando la vista hacia el altar principal, vio a la bella Señora parada sobre un globo grande. La Virgen le mostró una medalla, explicándole cada detalle de la misma, tanto en el anverso como en el reverso, cada detalle que tiene que incorporarse, y dándole una orden directa: “Haz que se acuñe una medalla como te la he enseñado. Todos los que la lleven puesta recibirán grandes gracias”. Originalmente el nombre de la medalla era la medalla de la Inmaculada Concepción, pero, cuando el pueblo obedeció a María, la empezaron a llevar al cuello con verdadera devoción pidiéndole las Gracias que cada persona necesita. Dios por intermedio de María realizó muchísimos milagros por eso popularmente se llamó “La Medalla Milagrosa” como la conocemos en la actualidad. ¿Qué significa tener y llevar consigo la Medalla Milagrosa? De acuerdo con la doctrina de la Iglesia católica, el uso de sacramentales como la Medalla Milagrosa, prepara a los devotos para recibir la gracia divina y los alienta a cooperar con ella. Por lo tanto, la medalla no es un amuleto de la buena suerte, sino que se debe usar con fe y confianza en el poder de la oración y en la protección de la Virgen.

(*) Abel Galzerano, catequista, consagrado  a  la Virgen,  Banfield.

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