Nuestra Señora del Pilar


Colaboración de las Misioneras de la Inmaculada, Padre Kolbe

La tradición de esta advocación, -como surge de documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza-, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesús, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. El Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión. Mientras oraba, se le apareció María, de pie, encima de un pilar en Zaragoza. Santa María vivía aún “en carne mortal”, por lo que se alude a esta aparición como “la llegada de la Virgen”.

Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal, a diferencia de las otras apariciones, vino cuando todavía vivía en Palestina. Este encuentro es el origen de esta devoción, la advocación de Nuestra Señora del Pilar, símbolo de la hispanidad católica. La Virgen María le dijo a Santiago: «Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda.»

Después de la aparición, el apóstol y sus discípulos comenzaron la construcción del templo que ha sido reconocido como el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad. En su interior permanece la columna con la imagen que los peregrinos españoles y foráneos que visitaban el lugar empezaron, poco a poco, a referirse como “Santa María del Pilar”.

El pilar o columna simboliza la solidez del edificio-iglesia y la firmeza de la columna-confianza en la protección de María. Es símbolo del vínculo que une al cielo y la tierra, «manifestación de la potencia de Dios en el hombre y la potencia del hombre bajo la influencia de Dios.» Es soporte de lo sagrado, soporte de la vida cotidiana. María, la puerta del cielo, la escala de Jacob, ha sido la mujer escogida por Dios para venir a nuestro mundo. En ella la tierra y el cielo se han unido en Jesucristo.

América Latina, evangelizada por misioneros españoles, fue constituida como tal al amparo de la Madre de Dios; y hoy, en tiempos en los que debe renovarse el espíritu evangelizador, continúa desarrollándose en su identidad bajo el auspicio y protección de la Virgen del Pilar. Ella fue protectora de los misioneros que llegaron a tierras americanas para anunciar a Cristo. Por su trascendencia histórica, el arribo de Cristóbal Colón por primera vez al Nuevo Continente, el 12 de octubre de 1492, ha sido señalado como el día de la Virgen del Pilar de Zaragoza, porque tanto el viaje de Colón como la gesta evangelizadora fueron puestos a sus pies, pidiendo su custodia y ofreciéndole sus frutos y en 1984, a las puertas de la celebración del V Centenario de la Evangelización de América, el Papa San Juan Pablo II reconoció a la Virgen del Pilar como “Patrona de la Hispanidad”.

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