Panorama político bonaerense: El récord que Kicillof teme perder y el libertario que puso primera

El gobernador enfrenta la paritaria más difícil desde que llegó al poder. ¿Por qué y qué implicaciones políticas tiene? Santilli escuchó el disparo de largada de Karina Milei. El peronismo, por ahora empantanado en vetos cruzados.


Por Andrés Lavaselli

Axel Kicillof comenzó a librar una exigente carrera contra el reloj con el objetivo de no resignar un logro que ha convertido en emblema de su gestión: el inicio en tiempo y forma del ciclo lectivo en la provincia, nunca hasta ahora perturbado por paros docentes. Pero no le resultará sencillo: la compleja situación financiera de la provincia está transformado la paritaria con los empleados públicos en la más difícil desde que llegó al poder: Es una particularidad con una deriva política inquietante: la mayoría de las conducciones gremiales involucradas son parte de su proyecto presidencial.

La acumulación de pedidos formales de reapertura de paritarias que se dio en las últimas horas traduce la inquietud de la dirigencia gremial: el gobierno nunca prometió una fecha, pero todos estaban convencidos de que, aunque no hubiese acuerdo, a esta altura estarían al menos sentados en la mesa de negociación. En cambio, “no hay nada, ni charlas informales”, confesó a DIB un líder sindical de larga experiencia. Walter Correa, el ministro de Trabajo, no recibió aun luz verde de su par de Economía, Pablo López, para avanzar con una convocatoria y todo indica que no la tendrá tampoco esta semana.

¿Por qué la demora de una administración que trata entre algodones a los gremios? La estrechez financiera es una respuesta obvia. Pero conviene precisarla: Kicillof ordenó extremar la cautela porque prevé un 2026 particularmente complicado en materia económica para su gestión. Y eso aun habiendo programado el año sin incluir ningún pago de la deuda que le exige a Nación, que sabe que no llegarán. “Las luces de alarma son por la caída del nivel de actividad, que no repunta, y por cómo eso pega en la recaudación”, explican cerca del Gobernador.

Diego Santilli hizo una precisión que hasta ahora el gobierno de Javier Milei había evitado. Dijo que “correspondía” el OK a la ley de financiamiento que “le votamos” al Gobernador. El nosotros inclusivo es interesante, porque el bloque de LLA votó en contra. Pero lo cierto es que el ministro de Interior calculó en USD 1900 millones la habilitación para tomar deuda que dará Luis Caputo. Es un paso esencial porque Kicillof no puede recurrir al mecanismo 2025, cuando vencimientos con recursos corrientes. Aun así, no alcanza para asegurar un acuerdo salarial. Así de complejo es el escenario.

El inicio de las clases está previsto para el 2 de marzo: parece mucho, pero es nada. Aun si hubiese una convocatoria en la segunda quincena de enero (lo que es probable) en el gobierno saben que es difícil cumplir para esa fecha con la doble demanda de “cerrar” la paritaria que se interrumpió el octubre y plantear la primera suba de 2026. El objetivo de máxima es empardar la inflación, pero es casi utópico. En los gremios sospechan que va a ser necesario un decreto. En el gobierno lo traducen: “eso significa que no prevén acuerdo”. Admiten que es factible un paro por primera vez en seis años.

En este contexto, la paritaria es mucho más que la paritaria: es un indicio del tipo de dificultades que enfrentará Kicillof en el último año no electoral al frente del gobierno. Pero contiene una deriva política puntual que conviene seguir. Todos los gremios estatales respaldaron al gobernador en la disputa por el endeudamiento en la Legislatura, al punto de que aceptaron posponer la demanda de aumento hasta que se aprobase esa ley. La mayoría de sus dirigentes respalda además el proyecto presidencial del Gobernador. ¿Cómo gestionarán la tensión si la estrechez salarial se prolonga?

Anotados y vetados

Un mes antes de la fecha clave de la paritaria, el 8 de febrero, se sabrá si la conducción la presidencia del PJ bonaerense dispara o no una nueva batalla entre inflación, y cristinistas. Muchos creen que la noche del 7 de febrero será similar a las del 6 de septiembre, cuando casi estalla todos por los aires en el cierre de listas para la elección legislativa. En las conversaciones de esta semana quedó claro que nadie quiere una elección: es anticlimática y cara. Pero por ahora no salen de los vetos cruzados: unos impugnan que siga Máximo Kirchner, otros que llegue Verónica Magario.

Del otro lado de la grieta, hay novedades. Una semana después -se contó acá- de que Karina Milei habilitara a caminar la provincia a quienes tengan aspiraciones de suceder a Kicillof, Santilli dio un paso al frente. Dedicó tres cuartas partes de los poco más de 100 minutos que duró una nota en un streaming a explicar sus planes para la gobernación y recordó, casi al pasar, que fue la cara del repunte electoral de octubre y que hace cuatro años también sacó 40 puntos. Horas antes, había circulado que Patricia Bullrich también se subía, pero en su entorno le contaron a DIB que su candidato en provincia es «el Colo».

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