“Ser”… en tiempos de Inteligencia Artificial
Escribe Lic. Marcela Blaufuks

Me niego a “no ser” si no me subo a este tiempo…dijo y caminó hacia el auto en busca del celular. Lo había dejado varias horas arrumbado en uno de esos compartimentos, lejos de la luz y los requerimientos. Caminamos juntos, charlamos un rato, mientras se disculpaba me escuchaba con atención. Debíamos escribir juntos la conclusión de un proyecto. Me pidió tiempo, me gusta pensar dijo y varias horas después me envió algunas ideas.
El consumo de tecnología ha roto lo generacional. Las redes y el chat ya no son territorio de los adolescentes. Los algoritmos, los filtros, las pantallas han penetrado profundamente redefiniendo la sociedad. La simulación reemplaza a la experiencia. El chat a disposición nos aprueba, nos aconseja y nos define. Consultamos lo profesional y lo personal. Las estadísticas no mienten. En un mundo cuantificable todo se mide y está a la vista. Huimos del dolor de estudiar, de pensar, de crecer buscando analgésicos digitales en cientos de aplicaciones. Los rostros no expresan cansancio, ni emoción, ni rastros de dolor. Los filtros nos igualan profanando lo auténtico. Navegamos por lo superficial de las cosas y las personas, huyendo de la contemplación. Y contemplar es humano…no se encuentra en un chat. Es ver al otro en su singularidad, es una capacidad que nos determina, es poder mirar, escuchar y sentir sin un dispositivo mediando. La rapidez determina el presente. Y en ese peregrinar nos vamos perdiendo. Inventamos detectores, pero nada nos detiene. El uso de la AI nos atrapa y como pecado hacemos uso y abuso sin medir su impacto. Harari advierte que la humanidad siempre ha sido más hábil para crear herramientas que para emplearlas sabiamente. Es relativamente sencillo modificar el curso de un río, pero mucho más complejo anticipar los efectos de esa intervención en el ecosistema. De forma similar, será más fácil manipular nuestra mente que entender realmente las consecuencias profundas que esto pueda tener en nuestra psicología y en la sociedad. Avanzo en su análisis y descubro un horizonte diferente. La inteligencia artificial no está cerca de igualar y superarnos en aquellas habilidades que considerábamos exclusivamente humanas, sino que también posee talentos que son únicamente propios de las máquinas. Esto significa que la diferencia entre la IA y los trabajadores humanos no se limita a la cantidad de habilidades, sino también al tipo. Dos ejemplos claros de estas capacidades no humanas son la posibilidad de estar permanentemente conectada y de actualizarse. Nosotros, al ser individuos independientes, tenemos dificultades para mantenernos sincronizados y actualizados colectivamente. De hecho, el conflicto y la separación son moneda corriente. El individualismo prima por sobre lo colectivo. Por el contrario, las computadoras pueden integrarse fácilmente en una red común y flexible. Así, cuando pensamos en automatización, no deberíamos comparar lo que puede hacer una sola persona con lo que puede hacer una sola máquina; lo correcto sería comparar lo que puede lograr un grupo de personas con lo que puede lograr una red interconectada de inteligencia artificial.
Cuando hablamos de transformaciones, la IA nos está transformando a la vez que transforma al mundo. Los chips cerebrales y las terapias de intervención abren camino a empresas como Google, Neuralink, Kernel para la fusión. Susan Schneider lo define como transhumanismo, seremos casi inmortales, con características físicas elegidas y una inteligencia extremadamente avanzada. Es optimista en que las tecnologías nos ofrezcan terminar con la escasez de recursos, nos prolonguen la vida y mejoren nuestra vida mental. El tema es cómo llegar desde aquí hasta ahí en medio de la incertidumbre. Parece lejano, pero estamos terminando el año. El 2025, año de los agentes de inteligencia artificial. Durante el año 2025, se ha visibilizado el auge de los agentes de IA, marcando una transición desde el hacer y ejecutar tareas hacia la supervisión y la coordinación. Si nos asombrábamos de los asistentes personales acercándonos la información a medida, estos agentes, Comet de Perplexity integrado en cada búsqueda, Atlas en el chat GPT y Manus el agente de inteligencia artificial de código abierto desarrollado por la empresa Butterfly Effect, con sede legal en Singapur y raíces en China ya ejecutan y organizan multiplicidad de acciones. Disponibles 24 horas redefinen la organización y el modo en que las tareas se distribuyen y ejecutan. Estos agentes de inteligencia artificial no solo permiten una operación constante y sin pausas, sino que además facilitan la coordinación entre distintas áreas, eliminando barreras de tiempo y espacio. Su capacidad para procesar información de manera simultánea y en tiempo real transforma los flujos de trabajo, agiliza la toma de decisiones y posibilita una eficiencia antes impensada. Así, la presencia ininterrumpida de la IA impulsa nuevas formas de colaboración y desafía los límites tradicionales de la productividad humana. Lejos queda la pausa del domingo o las tardecitas para relajar a la vez que corren las fronteras del salario. Otro paisaje son los robots humanoides, ciencia ficción transformada en mercado. Un nicho que define el precio del trabajo. Pero hay luces en este universo y es el potencial. En medicina, por ejemplo, es probable que los beneficios sean inmensos llegando a poblaciones que hoy no reciben asistencia o bajar la mortalidad por accidentes de tránsito al automatizar la circulación. En un mar de incertidumbre lo cierto es que el futuro es hoy y requiere formación. Discutir la educación es volver a encontrar un camino necesario para elegir qué queremos ser. Ese contrato social es urgente y necesario.
Comencé con una postal de la resistencia. Escribo eligiendo mis palabras, mi motivación es despertar el interés por comprender que podemos “SER” si nos comprometemos con nuestro tiempo, si decidimos participar en el debate abriendo posibilidades evitando dejar las decisiones a los algoritmos. Disfruto caminar junto a otros y en ocasiones estar en soledad. Hace tiempo perdí el miedo al silencio y abro lugar a la experiencia. No quiero la anestesia permanente ni la comodidad de la quietud. Elijo entender lo que me ofrece la inteligencia artificial para potenciarnos. Me quedo con Susan y sus palabras, confío que la velocidad no lo es todo, si no establecemos los cálculos aritméticos como métrica, tu cerebro, es mucho más potente que el Summit desde el punto de vista computacional. Es producto de tres mil ochocientos millones de años de evolución (la edad aproximada de vida en nuestro planeta) y ha dedicado su vida al reconocimiento de patrones, al aprendizaje rápido y otros desafíos prácticos de supervivencia. Pueden que las neuronas individuales sean lentas, pero su organización en paralelo es tan tremenda que deja a los sistemas de IA mordiendo el polvo… Y atrapo esta idea “un buen lugar para comenzar es, sencillamente comprender la profundidad del problema.”