Viernes Santo

Por: Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.
El Viernes Santo recordamos y revivimos la Pasión del Señor, su crucifixión y muerte .El apóstol San Pedro escribe:“El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados.” (1Pe 2, 24) .
El Papa Francisco define a Jesús clavado en la cruz como la máxima expresión del amor, convirtiendo un instrumento de tortura en un icono de salvación y esperanza. “La cruz no es una derrota, sino el abrazo de Dios a la humanidad sufriente, invitando a ver en ella a los crucificados de hoy Jesús, al extender sus brazos en la cruz, abraza a la humanidad y transforma el dolor en amor y el sepulcro en un nuevo comienzo”.
La cruz, de oro o de plata que muchas veces llevamos al cuello y tenemos en nuestras casas, nos tiene que llevar a la contemplación del misterio. Es para que renovemos nuestra fe y nuestra esperanza ante Jesús de Nazaret reconociendo: qué su entrega no ha sido olvidada ,qué sus pasos, son huellas y están para ser seguidas, qué su condena, sirvió y sirve para que la humanidad no se sienta en soledad y encuentre el sentido de su vida. ¡Cuántos miles de hombres y mujeres aplastados por la depresión y la tristeza, humillados por la violencia y la explotación! ¡Cuántos caídos Señor en nuestra tierra!
Acompañar a Jesús el Viernes Santo nos lleve a ser agradecidos porque Él no huye de la cruz la abraza con amor pensando en cada ser humano por quien se entrega. Por vos, por mí, por los nuestros, por los hermanos esparcidos por el mundo por los que lo conocen y lo aman, por quienes aún niegan de su existencia…
Y no estamos solos en este camino al Calvario, va María caminando muy cerca de Él y al final, lo recibirá en sus brazos muerto, viviendo el momento máximo de su fe y amor, compartiendo el dolor del Redentor. “ Ella, la Madre Dolorosa , la madre amorosa que abraza a toda la humanidad, ya está demostrando plenamente su maternidad espiritual y su papel en el Calvario como fuente de consuelo y amor maternal”. (San Juan Pablo II)
La Madre del Señor —mi madre, tu madre, nuestra madre—la Madre Dolorosa con su Hijo en brazos , renueva su fe y su entrega esperanzadora. ¡Se ha cumplido la obra de nuestra Redención! Ya somos hijos de Dios, porque Jesús ha muerto por nosotros y su muerte nos ha rescatado.