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Contar la vida

Escribe: Carlos Verucchi


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

“Contar la vida es hacer que la vida cambie”, afirma Alejandro, personaje protagónico de la nueva novela de Fabricio Lucio. Porque contar la vida no es otra cosa que buscar en el recuerdo aquellos hechos que la memoria ―sabrá dios con qué criterio― ha decidido robarle al olvido. De este modo, contar la vida sería como modelarla a partir del presente. Un presente circunstancial y cambiante. El mismo autor nos deja esa idea “picando” cuando más adelante se pregunta retóricamente: “¿Todo será cuestión de perspectiva?”.

Esta “perlita” hallada en “Desparido”, segunda novela de Lucio publicada recientemente por ediciones del Altillo, es una de las tantas que el lector irá descubriendo a lo largo del texto. Un texto breve, conciso, austero (lacónico para decirlo con la definición que el propio autor incluye como subtítulo), pero desarrollado con gran rigurosidad, con una consistencia narrativa que confirma una apuesta literaria esbozada anteriormente en “Jaque Mate”, su anterior novela.

Tal como afirma Gloria Salas en la contratapa del libro, el autor “…vuelve a conmovernos con un personaje que no ha sido formado para vivir la vida que le toca. No acepta su vida y sus circunstancias. Con un alto grado de inocencia busca a su madre. Indefenso, perdido, sin saber ver lo que le ha sucedido”.

Además de la historia principal, la novela de Lucio va intercalando sus capítulos con una segunda narración en paralelo. Esa narración que corre por el costado le confiere a la novela un carácter misterioso y sumamente perturbador, contribuye acertadamente a construir una realidad de características kafkianas, exaspera al lector, lo arrastra a una especie de pesadilla de la que resulta imposible escapar. Los que mandan, los que dictaminan las pautas con las que se rige la sociedad en la que vivimos, no encuentran otra salida para aquellos que no encajan que profundizar sus diferencias, llevarlas al extremo, cuanto más evidentes sean las diferencias respecto a lo que se considera “normal”, más fácil será cultivar el repudio y el odio.

Orfel Fariña, en el prólogo del libro, define la novela de Lucio con gran acierto cuando afirma: “Desparido es un mosaico de desafíos sensoriales. Cada frase, siempre corta y contundente, crea una provocación. ‘El olor a palo santo sigue invadiendo la habitación’, se lee. Y los sentidos se excitan hasta percibir exactamente ese aroma”.

Desparido es una novela que no va a pasar desapercibida, tiene esa virtud tan apreciada por Roberto Arlt de pegar fuerte y directo a la mandíbula, el lector se ve obligado a tomar parte, a comprometerse, nadie sale airoso de su lectura. Desparido es de esas novelas que no finalizan cuando damos vuelta la última página, nos deja pensando, nos persigue por días, nos hace retomar pasajes, volver sobre frases que quedaron repiqueteando en la memoria, por momentos nos aturde.

Lejos de pretender agotar el tema central de su texto, Lucio, con gran maestría, deja cabos sueltos, puertas abiertas por las que podemos asomarnos si tenemos el coraje suficiente, desafíos que el lector puede llevarse “de deber” para intentar resolver en otro momento.

Para alguien que hace reseñas de libros domingo a domingo en este medio, resulta muy placentero recomendar a un autor local (ya que a pesar de haber nacido en Rauch, Lucio puede considerarse también olavarriense por decisión propia). “Desparido” es, sin lugar a dudas, una excelente novela, sumamente recomendable, otro texto más que ve la luz a través de Ediciones del Altillo. Una novela “local” de alcance “universal”.

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