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La necesaria digitalización de negocios y servicios

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En los tiempos que corren, el proceso de digitalización de prácticamente todos los sectores se ha acelerado de manera drástica. Aunque durante los últimos años ya habíamos visto cómo este proceso se implementaba cada día en más sectores y tipos de empresas, durante los últimos meses se ha intensificado de tal manera que se han llevado a cabo avances que podrían haber tomado años.   

En definitiva, desde las pequeñas a las grandes empresas, pasando por todo tipo de servicios y labores municipales, todos formamos parte, en mayor o menor grado, de este proceso de digitalización que, a todas luces, ya resulta inevitable. Hace prácticamente un año informábamos en En Línea Noticias de la intención de digitalizar recetas y certificados de adultos mayores, pues bien, esta tendencia se ha generalizado y ha abarcado prácticamente a la totalidad de la actividad económica de nuestra región y del mundo.

Los ejemplos son innumerables. Hace tan solo unos días, veíamos cómo se celebraba una charla virtual sobre la gestión de los residuos en Olavarría y, en la actualidad, la realización de comunicados, eventos y encuentros online ha crecido tanto que ya forma parte de todo tipo de empresas y servicios dentro de nuestra comunidad.

Precisamente, debido a estas circunstancias sociolaborales, son muchos los pequeños negocios que se preguntan cómo pueden llevar a cabo esta digitalización y, al menos en parte, hacer que su empresa lleve a la práctica una transformación que, a estas alturas, resulta obligada y necesaria.

A la hora de poner en práctica un proceso de digitalización empresarial, puede resultar muy útil observar diferentes tipos de compañías y sectores que ya han pasado por procesos de este tipo y servirse de aquellos denominadores comunes, de aquellas características que pueden servirnos en nuestro propio proceso.

Un caso evidente de digitalización temprana está constituido por el sector del juego, con ejemplos como PokerStars, donde vemos cómo ese proceso de digitalización no solo se ha producido como una mera consecuencia del avance tecnológico, sino que ha conllevado una implementación de nuevos servicios que han terminado por consolidar al sector del juego en el mundo digital, proporcionando un aumento drástico de los usuarios y convirtiéndolo en un referente del ocio online.

Al igual que ocurre con el sector del juego, hemos visto procesos similares en lo que respecta al ámbito del contenido audiovisual, con plataformas como Netflix, que han posibilitado que prácticamente nos olvidemos de formatos físicos como el DVD o el Blu-ray, puesto que a cambio de un pequeño pago mensual disponemos de una gran cantidad de contenido a la carta; o en el ámbito de la música, con compañías como Spotify, que han relegado los vinilos y los CD al territorio de los coleccionistas.

No cabe duda de que existen sustanciales diferencias entre unas empresas y otras y, por supuesto, no será lo mismo digitalizar una empresa que fundamenta su actividad en bienes intangibles o servicios que hacerlo con una empresa que vende productos físicos en un pequeño barrio, por poner un ejemplo representativo de un conjunto poblacional que, a priori, podría presentar más dificultades a la hora de digitalizarse. Sin embargo, existe un ámbito general que es aplicable prácticamente a cualquier tipo de negocio: la creación de una infraestructura digital que puede estar compuesta por una página web, alguna red social y, si procede, una tienda online.

Cuando una empresa crea una infraestructura digital, las posibilidades de venta aumentan. Esto es algo difícilmente refutable. Incluso si no se habilita una tienda online y el negocio está focalizado en la venta local, permitimos que las personas de la zona que estén interesadas en nuestros productos consulten nuestro stock o conozcan posibles ofertas.

En cualquier caso, cualquier pequeño paso que dé el empresario hacia la digitalización será un paso hacia el futuro. Un futuro que cada día es más presente y que, nos guste o no, ha cambiado la forma que tenemos de entender el mundo y, por supuesto, la economía.

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