Cerca de casa: un recorrido que sorprende a pocos kilómetros de Olavarría

A menos de 200 kilómetros de Olavarría, el partido de Saladillo se consolida como una opción ideal para una escapada distinta, donde la gastronomía criolla, la historia y la identidad rural se combinan para ofrecer un verano diferente, sin irse lejos. En pueblos y parajes del distrito, antiguas pulperías y almacenes de ramos generales recuperaron su esencia y hoy reciben visitantes con propuestas que apelan al paladar y a la memoria colectiva.
Lo de Tenca, en Cazón
Uno de los puntos destacados es Lo de Tenca, en el pueblo de Cazón, a unos 15 kilómetros de la ciudad cabecera. Allí, Paola Del Valle y Jorge Lecuima reactivaron un histórico almacén que durante décadas fue punto de encuentro de la comunidad. La propuesta se basa en comidas típicas, picadas, asados, empanadas y postres caseros, en un ambiente que conserva la estética de la vieja pulpería, con manteles a cuadros, objetos antiguos y un clima cálido y familiar. El espacio abrió el 18 de julio con la intención de rescatar la historia del boliche de Orlando Tenca y transformarlo en un atractivo turístico con identidad de pueblo. Actualmente abre sábados, domingos y feriados al mediodía, con capacidad limitada.
El Puntal, en Álvarez de Toledo
Otra parada obligada es El Puntal, ubicado en el paraje Álvarez de Toledo. Este antiguo almacén de ramos generales de 1930 reabrió en 2012 y es sostenido por Viviana Benedetti junto a su familia y amigos. El lugar conserva pisos de madera, mostradores originales y estanterías cargadas de objetos históricos, además de más de 80 libros contables que registran la vida comercial del pueblo desde 1937. Con espacios como la trastienda, el patio con asador y el salón de los remates, que funciona como museo, El Puntal es mucho más que una propuesta gastronómica: es un espacio de memoria e identidad rural.
La Pulpería de Cazón
También en Cazón, la Pulpería de Cazón volvió a abrir sus puertas en septiembre de 2023 gracias al impulso de cinco amigos que compartían el objetivo de preservar la tradición local. Fundada originalmente por el asturiano Otero, hoy ofrece una combinación de gastronomía tradicional, música popular y un entorno rústico. Además, se pueden encontrar libros antiguos de temática gauchesca y productos regionales de distintos puntos del país. El proyecto retoma el espíritu comunitario que sus impulsores ya habían desarrollado en experiencias culturales previas y se presenta como un espacio accesible y de encuentro genuino.
Bar Luna Park, en Polvaredas
En Polvaredas, una localidad de poco más de 300 habitantes, el Bar Luna Park se convirtió en el corazón del pueblo. Sostenido por Marcos y Estefanía, este espacio combina bar, museo y cancha de bochas. Cada objeto expuesto forma parte de un recorrido por la historia local, en un lugar que conserva la mística de cuando el tren pasaba por el pueblo y el bar era escenario de cartas, bochas y largas charlas.
Pulpería El Payador
Otra propuesta destacada es El Payador, una pulpería y restaurante de campo ubicada en la esquina del Acceso Cicaré y La Magnolia. Funciona en una antigua casona restaurada y ofrece gastronomía criolla, música en vivo y un fuerte anclaje en la memoria cultural. Empanadas al disco, carnes, pastas y postres caseros forman parte de una propuesta sencilla, en un amplio patio que cada sábado reúne a artistas locales y nacionales en un ambiente familiar.
La Peña del Oxidado
En el paraje Álvarez de Toledo se encuentra La Peña del Oxidado, un espacio cultural impulsado por Ángel Vicente Tiseira, cuya idea nació en 2016 y se concretó en 2022. Con una propuesta gastronómica moderna, el lugar invita a recorrer fotografías, diseño interior y un amplio patio con fogón, donde se desarrollan actividades culturales, música y presentaciones de artistas locales y regionales. Ubicado a 16 kilómetros de Saladillo, se integra al circuito de turismo rural junto a localidades como Polvaredas, Del Carril y Cazón.
De esta manera, Saladillo propone un viaje distinto y cercano: sabores tradicionales, historias que siguen vivas y espacios donde cada mesa y cada objeto cuentan un fragmento del pasado bonaerense, en una invitación a disfrutar sin apuro del interior de la provincia.