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Memorias breves que dicen mucho

Escribe: Carlos Verucchi.


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Por su título ―Memorias de un abismo―, el lector se predispone a incursionar en un texto al estilo de los ensayos filosóficos de Kierkegaard o Emile Ciorán, de una novela de Dostoyevski o de la lúgubre narrativa de Ernesto Sábato.

Su autor, el olavarriense Leo Lovecchio, sin embargo, sorprende con una serie de relatos que, en lugar de arrastrarnos al abismo, nos empujan a una relajada experiencia de amistad. Tal vez haya que buscar el principal mérito del texto recientemente publicado por ediciones del altillo en la capacidad de su autor para ganarse la complicidad del lector. Desde la intimidad de lo cotidiano, desde la repetición incesante de ciertas rutinas diarias, Lovecchio va arrancándole al lector un profundo y genuino sentimiento de amistad. Transitar las páginas finales de Memorias de un abismo es mucho más que terminar un libro, es empezar a despedirse de un amigo. De ahí proviene ese dejo de tristeza que se siente cuando comienza la cuenta regresiva hasta la página final. Dejo de tristeza que también puede ser reproche, ¿por qué negarnos el placer de acompañar al narrador un rato más?

Si hubiera que describir la literatura de Leo Lovecchio brevemente, podríamos asegurar que su principal virtud es la sensibilidad. Sólo con una gran sensibilidad es posible encontrar esos detalles mínimos, aparentemente intrascendentes, que permiten edificar un tono, construir un ambiente, fijar una voz consistente que nos acompaña cadenciosamente a lo largo de todas sus páginas.

Cualquiera que haya intentado escribir alguna vez conoce las dificultades que se presentan al intentar hacer “literatura” a partir de banalidades. ¿Cómo narrar la simple y mecánica rutina de poner a calentar la pava para tomar unos mates en completa soledad? Memorias de un abismo es una larga sucesión de actos simples, en apariencia, con los cuales se completa un universo complejo y profundo.

Leo Lovecchio nos acerca al abismo pero tiene la generosidad de salvarnos. En lugar de inculcar el pesimismo de un Ciorán, cultiva en el lector un optimismo por momentos desbordante. Nos muestra la soledad y la desdicha para que, por contraste, seamos capaces de empalagarnos con el deseo de vivir intensamente. Y muy lejos queda el intento ―no está de más destacarlo― de cualquiera de esas prácticas de autoayuda que están de moda.

A veces buscamos algo que hemos perdido y nos agotamos sin encontrarlo, sabemos que algún día, sin buscarlo, daremos con él. Ese encuentro inesperado es una serendipia. Así es como se denomina la serie de ediciones del altillo que incluye Memorias de un abismo. Nunca mejor definición para el texto de Lovecchio: hallazgo inesperado, encuentro repentino y sorprendente.

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