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No hay quórum para el desarrollo sostenible

Escribe: Luciano Alfieri, Contador Publico y Licenciado en Administración Agropecuaria 


Escribe: Luciano Alfieri.

El pasado 25 de Marzo en la Cámara de Diputados se repitió la historia de la falta de quórum para evitar el debate de una cuestión fundamental que implica cambios en la matriz energética y productiva, así como también la generación de puestos de trabajo y la promoción de economías regionales y el desarrollo territorial.

La ley 26.093 de fomento y regulación de biocombustibles se sancionó en el año 2006, y tiene vigencia hasta el próximo 12 de Mayo, y si bien su prórroga cuenta con media sanción en Cámara de Senadores por medio de una votación unánime, la discusión en diputados se ve postergada por una pulseada entre la industrias -y provincias petroleras- con las grandes empresas productoras de biodiesel y las jurisdicciones a las que pertenecen. Son ejemplo de estas últimas Santa Fé -con una ley provincial con el objetivo de utilizar 100% o en el mayor porcentaje posible biocombustibles en el sector público, agrícola y transporte de pasajeros-  y Córdoba, con una ley propia de promoción y desarrollo para la producción y consumo de biocombustibles y bioenergía, que va aún más allá, propiciando el desarrollo de bioeconomías e incluyendo conceptos de economía circular, economía social, y economía del bien común. Por otro lado, hay un costo fiscal durante quince que ha sido revisado por el estado nacional y que no convence de todo al ejecutivo.

Lo cierto es que después de quince años de vigencia la dirigencia política recordó que es momento de discutir algo tan importante como es el futuro y desarrollo del entramado energético nacional, que es también una cuestión soberana y es a donde se dirigen gran parte de los países del mundo, y a menos de sesenta días del vencimiento de la ley aún no hay certezas para las 54 empresas productoras que generan puestos de trabajo directa o indirectamente, ni para los habitantes que día a día utilizan el producto en sus cortes regulados aún sin ser conscientes de ello.

La oposición no logró el quórum necesario para renovar el plazo hasta el 31 de Diciembre de 2024, pero también tuvo ausentes en sus propias filas. Mientras tanto, el oficialismo se ausentó proponiendo una nueva ley que  beneficiaría a las PyMES del sector, pero que según argumentan en algunas cámaras del sector, también reduciría el corte de biodiesel y bioetanol en los combustibles fósiles, yendo contra las expectativas de reducción de emisión de gases de efecto invernadero del acuerdo de París y afectando a gran parte de la capacidad de producción instalada. Sorprenden estas actitudes a cinco meses de la votación unánime en el senado y a menos de dos meses del vencimiento de la ley.

¿Y por qué la importancia del debate de una ley de biocombustibles? En primer lugar para dar cumplimiento al acuerdo de París, ratificado por Argentina en 2016, en el cual todos los firmantes deberían tomar medidas urgentes para promover un cambio productivo y cultural para reducir el calentamiento global. Los biocombustibles y la bioeconomía en general proponen un balance equilibrado entre las emisiones y la captura de gases de efecto invernadero que afectan al medioambiente, y además diversifican la matriz energética.

Por otro lado, hay que considerar que los mercados del mundo van a imponer barreras a las importaciones de productos/servicios con altas emisiones de carbono, por lo tanto disponer de insumos que favorezcan la ecuación en la emisión de gases de efecto invernadero será una necesidad comercial.

También, y considerando el aspecto productivo, América Latina y el Caribe tienen ventajas sobre otras regiones del mundo en cuanto a disponibilidad de tierras cultivables y biodiversidad, con lo cual el potencial para el desarrollo de nuevos procesos y productos es enorme.

Por último, los biocombustibles (y cualquier otra industria que gestione biomasa) promueve el desarrollo de economías locales por una simple razón: las dificultades en el traslado de la materia prima. Es así que conviene desarrollar industrias en las cercanías a las zonas de producción de biomasa, con mayor aprovechamiento de los recursos y agregado de valor a commodities, consecuentemente aumenta la generación de empleo y el desarrollo y arraigo territorial, generando economías de repetición más que de escala.

El tratamiento de esta prórroga o en su caso una nueva ley debería ser parte de una estrategia de desarrollo, un marco jurídico para promover nuevas industrias alineadas con los objetivos de desarrollo sostenible 2030 de las Naciones Unidas y con el acuerdo de París, una medida impostergable para atenuar las consecuencias del cambio climático. Y, además de ser importante, en algunos casos es inaplazable, ya que es fuente de ingreso para muchas industrias, como es el caso de  la azucarera, que obtiene gran parte de sus recursos con la producción de etanol.  Es necesario un debate, y es urgente.

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