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¿Por qué el país se quedó sin luz?

Ingenieros y docentes de la Facultad de Ingeniería de Olavarría explicaron el histórico apagón que se registró en la Argentina días atrás.


Un desperfecto eléctrico desconectó a todo el país, y por varias horas no hubo energía disponible. Un apagón inédito el Día del Padre. Fue un colapso del Sistema Argentino de Interconexión (SADI) que puso en evidencia errores en las decisiones sobre su funcionamiento, y reveló desaciertos en el plan de acción ante contigencias. Todavía hoy no hay razones oficiales que expliquen qué pasó ese domingo.

En el campo de las posibilidades, a partir de los datos disponibles y del conocimiento sobre el sistema eléctrico, dos docentes de la Facultad de Ingeniería expusieron su mirada acerca del masivo corte, sus consecuencias, y sus repercusiones.


Gustavo Kazlauskas y Carlos Verucchi integran el Departamento de Ingeniería Electromecánica. Ellos, así como otros docentes, advirtieron la trascendencia del apagón y comenzaron a buscar las razones técnicas, pero también las medidas de seguridad y los programas de contingencia.


Kazlauskas explica que “tiene que haber un equilibrio entre lo que se genera y lo que se consume. Cuando se rompe ese equilibrio, hay que tener un plan para restablecer esa desigualdad, caso contrario hay un colapso”.


Argentina tiene aproximadamente 39.000 MW de potencia instalada, y un consumo de 26.000 MW como demanda máxima histórica. Este sistema, a su vez, está conectado con sistemas de países vecinos, y permite el intercambio comercial bidireccional de la energía.


Ese domingo 16 de junio, aparentemente hubo una cadena de eventos que derivaron en el corte total. Según Kazlauskas, “era un día de baja carga, es decir, una demanda de energía totalmente atendible, aproximadamente 12.000 MW. El 15% de la energía aparentemente era aportado por el Complejo Hidroeléctrico Yaciretá, en la provincia de Corrientes, límite con Paraguay. En ese momento, por las condiciones climáticas en esa zona, con abundantes lluvias, supongo que se quiso aprovechar el mayor caudal de agua para generar más electricidad. Hay que tener en cuenta que la generación hidroeléctrica tiene muchos menos costos que la térmica, o nuclear. Entonces, en términos económicos, representaba un ahorro”.


En tanto, añadió Verucchi, desde Yaciretá hasta Buenos Aires, pasando por Salto Grande, hay dos líneas en paralelo de transmisión de alta tensión, aunque una no está operativa desde abril. Es probable que una contingencia meteorológica haya generado un cortocircuito en esa línea, una condición de falla que la sacó de servicio. Al no estar disponible la otra línea, directamente Yaciretá-Salto Grande quedó fuera de servicio”.


Una posible explicación es que sin el aporte de Yaciretá, que en ese momento generaba un porcentaje importante de la energía que el sistema demandaba, se produjo un desequilibrio con el resto de las centrales eléctricas de todo el país. Un desbalance entre lo generado y lo consumido, que complicó la capacidad de reacción operativa para poner en marcha otros generadores, o para despejar cargas.

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Protección y penumbras

El ingeniero Kazlauskas explica que “el efecto inmediato en el voltaje es la alteración de la frecuencia de uso, que debe estar regulada en 50 Hertz. Esas variaciones de la frecuencia tienen consecuencias directas principalmente en el sector industrial, en los motores, los sistemas de control. Entonces, antes estas oscilaciones, y para evitar daños mayores, cuando el sistema de Desconexión Automática de Generadores (DAG), que son protecciones que tienen todos los generadores del país, detectan una baja sustancial en la frecuencia, en cuestión de milisegundos desconecta los generadores. Ese fue el gran apagón”.


“El sistema se autoprotege, porque si se mantienen esas condiciones puede ser perjudicial. Se puede producir severos daños en los generadores y líneas. Esa autoprotección está programada”, subrayó el ingeniero Verucchi. “Lo extraño es que el sistema de protección no actuó rápido desconectando cargas, para equilibrar”, se preguntó.

Los ingenieros entienden que desconectar cargas, es decir, sacar de servicio algunas zonas del país, para lograr un balance entre lo generado y lo consumido, es lo que se hace habitualmente ante este tipo de perturbaciones. Esas zonas aisladas (llamadas técnicamente “islas”) se conectarían cuando se restablezcan las líneas afectadas. En este punto es donde entran en juego las decisiones de gestión y la regulación sobre la energía, para determinar qué prioridades existen para cortar el suministro a una zona y no a otra.


“De todas las explicaciones posibles –sostiene Verucchi- la más coherente que encontré es que se confiaron mucho en usar demasiada energía hidráulica, ya que la altura del agua en las represas lo permitía. Estaban al límite de lo que puede aportar ese corredor de líneas. Es una situación que teóricamente no es recomendable. Se tentaron con usar energía barata que viene de un excedente de recurso, pero técnicamente ese estado de funcionamiento de la red no era recomendable, era muy susceptible a fallas. Tal vez ya se venía haciendo, pero falló ante una eventualidad, como puede ser la caída de un rayo sobre una línea”, graficó.


Echar luz

En estos días, se está elaborando un informe técnico sobre lo sucedido. Aprovechamiento desmedido de un recurso, exceso de confianza ante riesgos técnicos y las prioridades del sistemas de protección bajo la sospecha, pueden ser varios de los sucesos que desencadenaron en el corte masivo de la energía eléctrica. Al mismo tiempo, la lupa está puesta sobre las empresas y organismos con responsabilidades sobre el sistema eléctrico nacional.


El tema sigue debatiéndose en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería. Estudiantes, docentes, becarios e investigadores están al tanto de los datos que surgen para entender por qué el país se quedó sin luz.

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