Opinión | Sacala del ángulo


Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (carlosjverucchi@gmail.com)

Desde esta columna nos hemos estado lamentando, desde hace tiempo, del exasperante nivel de frivolización que se observa últimamente en las discusiones políticas en nuestro país. No es algo que se haya dado de manera casual sino el resultado de una estrategia diseñada y llevada a la práctica con fines electorales. Ante la imposibilidad de discutir proyectos de nación o modelos económicos, quienes hasta 2015 fueron oposición ―y gracias a la ventaja que ofrece el control de los medios masivos de comunicación― llevaron la discusión al terreno del chacoteo y la chanza rápida y graciosa, al lugar común despojado de toda justificación, a la salida ingeniosa para descalificar. ¿La argumentación? Bien, gracias.

En las redes sociales se pregonan pretendidas verdades absolutas bajo la forma de frases cortas que buscan ser contundentes. El humor gráfico ―o el meme como dicen ahora―, constituye una herramienta retórica infalible en esas disputas que se dan en twitter o whatsapp. Suelen circular con advertencias preliminares como “vos contala como quieras” pero… Para culminar con un lapidario “tomá, te la clavé en el ángulo”. Nunca un dato estadístico, nunca una referencia a un indicador de los tantos que se utilizan en el mundo para ponderar la marcha de un gobierno. Ni hablar de hacer alusión a concepciones ideológicas o a antecedentes históricos que permitan dar pie a una afirmación. Si se cita a un pensador o a un prócer se lo hace sin tener en cuenta el contexto del cual se extrae la cita o el pensamiento global que dicho pensador haya sostenido a lo largo de su vida. Al punto de encontrarse argumentos a favor de Cambiemos con frases de José Saramago o de Mariano Moreno, defensas del actual modelo de país sostenidas en afirmaciones de Juan José Sebrelli (famoso por sus denuncias a la oligarquía argentina encarnada en la familia Anchorena), aunque este caso la incoherencia arrastre al propio autor, quien días atrás firmó la escueta proclama a favor del gobierno.

El actual presidente, su vice, sus ministros, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires y la mayoría de los miembros más importantes de Cambiemos han mostrado una gran inclinación hacia el arte de la actuación. Han sido capaces de hablar durante horas sin decir nada, han sabido manipular lo simbólico y puntual como si fuera algo trascendente y general, han construido, con la puesta en escena y un histrionismo mal ensayado, la razón de ser de su proyecto político.

Pero toda esa novedosa maquinaria política ―ahora lo sabemos― fue apenas un destello, un golpe de efecto fugaz, pasajero. Las aventuradas tesis historicistas de la vicepresidenta, el pasito de cumbia del presidente o las botas sucias de la gobernadora se volvieron, como un búmeran, en contra de ellos mismos. Ahora desatan la bronca o la risa en quienes alguna vez causaron admiración, provocan espanto y sentimiento de culpa o de arrepentimiento en quienes, en su momento, no pudieron evitar “pisar el palito” y caer en la trampa.

Mucho se habla, sobre todo en tiempos de crisis, de la innecesaria e inconveniente existencia de los políticos. Si algo positivo dejan estos últimos cuatro años es justamente la prueba de lo que puede ocurrir cuando un país queda en manos de funcionarios que menosprecian la política, que no tienen formación política ni militancia de ningún tipo, funcionarios que en lugar de tener un marco teórico que oriente sus decisiones se basan en el marketing o el instinto, o, en algunos casos inclusive, en la vocación personal por incrementar sus fortunas.

Muletillas como el “no vuelven más” son la prueba más flagrante de que ni siguiera se habían tomado el trabajo de repasar la historia argentina del Billiken antes de largarse a salvar a la nación. “Es aquí, es ahora”, otra de las preferidas por el presidente, parece haber sido diseñada por un licenciado en marketing con antecedentes exitosos en la venta de pastas dentales o plantillas para los pies. Mientras tanto seguíamos esperando que llegaran los “brotes verdes” o “el semestre próximo”, con la seguridad de que “lo peor ya pasó” y entonces falta menos para la “pobreza cero”, lamentándonos, al mismo tiempo, por el “PBI que se robaron” y tratando de pasar el mal trago con un buen “combustible espiritual”.

En fin, la farsa no dio para más. Quedó en evidencia porque era insostenible, quedará pendiente ahora la titánica tarea de recuperar la economía, volver a crecer, pagar la deuda y empezar a bajar nuevamente los índices de desigualdad.

Subrepticiamente, esta semana, el principal ideólogo del gobierno ―siempre y cuando el lector me permita dar estatus de ideología al conjunto de consignas huecas que acuñó―, se fue del país. Desde mañana Durán Barba pasará a ser el López Rega del gobierno de Macri. Seguramente buscará nuevos destinos, destinos donde pueda convencer a improvisados oportunistas de que los votantes son simios, y que como tales se los puede hacer votar a quien sea. Al menos por un tiempo. Al menos hasta que se aviven de que han sido estafados.

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