Micromenipeas | Intelectuales comprometidos

Como cada sábado el escritor Guillermo Del Zotto recrea un antiguo género satírico en versión microficción.  Hoy: Atravesando el tiempo, el género fantástico y sus grandes autores se imponen a críticas y modas.


“Partamos de la base de que en este mundo nada se entiende”, dicen que dijo Chejov a la hora de reprogramar las bases del cuento moderno. Tirando así paladas de desordenada realidad sobre las formas del relato para que se parezcan más a la vida. Pero sin dejar de crear la más pura (y excelente) ficción.

¿Cómo sería hablar hoy de lo que alguna vez se llamó “literatura de evasión”? Dejando de lado los libros lastimosos que siempre se promocionan en el top ten, en todos los tiempos hubo críticas hacia el desarrollo de la ficción “no comprometida” por más calidad que ella tuviese. Y en realidad el compromiso siempre fue y debería ser con la literatura. Nada menos. En cualquier rincón de intelectuales exiliados que conozcamos, nos enteraremos de que el deseo más ferviente era “hablemos de literatura” o “hablemos de arte, por favor”.

Cuando uno habla de exilio debe remitirse a épocas que no son para extrañar pero sí para respetar. Hoy se consume una “realidad” de tan poca calidad que es una evasión en sí misma. Entonces, cualquier idea que nade como lo pedía Flaubert (estirada desde la punta de los pies a la punta de la cabeza, sin chapotear) es fácil de convertirse en necesaria. Se suma un individualismo que no es todo lo negativo que los gurúes quieren hacer notar, pero que logra que los terrenos del exilio estén ahora en el interior humano.

El género fantástico, con sus cultores más reconocidos, es el que más tempestades ha enfrentado a la hora de definir un compromiso. Tiene la inmensa carga de una estructura de confección que realmente es rigurosa. Muy por encima de la leve sensación que puede llevarse el lector al que le impacta el relato. Y, además, debe ganarse espacio en medio de una batalla de señales que desde un poder invisible hacen de cortina confusa para que pueda llegar a destino. La pelea final: sortear su tiempo y llegar lejos con impecable efecto.

Chejov, sabemos, no es el autor de la revolución rusa (no al menos un integrante del podio). Sin embargo está hoy acá. En un teatro de la calle Corrientes, en un festival de teatro del interior. Maupassant no es el símbolo de la revolución francesa. Pero con “Bola de sebo” tenemos el compendio más conmovedor de la invasión prusiana. Borges, con sus homenajes y des-homenajes, es quien ha dejado el poema más conmovedor acerca de la guerra de Malvinas: “Juan López y John Ward”, que hasta quedaría muy bien narrado por Roger Waters en uno de sus recitales.

A veces lo “fantástico” (y la poesía) son el propio exilio esperando que las recepciones se acomoden. Que el ruido deje de ensordecer. Pensemos sino en otra gran tierra de exiliados y de refugio de exiliados: México. ¿Cuál es legado actual?, la impresionante lista de autores del género fantástico que encabeza Juan Rulfo y sigue con Juan José Arreola, Augusto Monterroso (naturalizado), etc.

Abelardo Castillo es el autor argentino de ficción que quizás más haya abierto la boca sobre este tema. Un humanista creador de obras inmortales en lo fantástico que aclara por ejemplo: “Creo que con Sartre se produjo una gran confusión a partir del momento en que dijo: ´Frente a un chico que se muere de hambre, ´La náusea´ no tiene peso´. A partir de ahí vino la adhesión de la mayoría de los intelectuales al compromiso expresado en la propia obra. En verdad no se trataba de que la literatura, las matemáticas y la música no tuvieran peso, sino que su obra, enfrentada a un niño muerto de hambre, no la tenía. Y detrás de esa afirmación lo que había era una posición ética sobre su propia responsabilidad como escritor y no sobre la literatura en general”. Luego añade: “escribir ficciones es ante todo un acto poético”.

Demostración de que lo importante no es lo que leemos sino lo que hacemos con lo que leemos.

La menipea es un género seriocómico, derivado de los diálogos socráticos y con inicios en la obra de Antisfeno aunque  debe su nombre a uno de sus exponentes: Menipo de Gadara.

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